“No Ballot Box Selfies”

“No Ballot Box Selfies” (No Selfies en las urnas de votación).

Eso fue lo primero que vi en la TV, hoy 8 de Noviembre, dia de las elecciones en Estados Unidos.

Todo comenzó con Justin Timberlake. Faranduleó y colgó en Instagram un selfie del momento de su voto.

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Minutos despues, NBC, CBS y quien sabe que otra cadena de TV, estaban haciendo un recuento de cuales estados permitían o no el “Ballot Box Selfie”.

Syyyyyymbolism?

En los últimos días he conversado con algunos viejos amigos, conocidos y ex-blogueros de diferentes tendencias políticas acerca de las elecciones en Estados Unidos. De todas esas interacciones, me ha quedado claro que a ese puñado muy diverso le interesa mi opinión al respecto.

Entiendo que les interesa no por mi inexistente autoridad intelectual. Soy un carajo de 35 años que aún no tiene la mas puta idea de como lograr mis -probablemente irreales- metas y he cometido el “error” de no tener nunca una lealtad política incondicional que me ayude a tener conexiones y estabilidad. Por ende, mis opiniones, aunque siempre tendiendo a la izquierda, rondan el area gris y tibia y son demasiado chavistas para los opositores y demasiado blandengues y sospechosas para el chavismo. Soy una especie de paria, que además vive en supuesta contradicción y condena moral por estar viviendo en uno de los países mas imperialistas del mundo.

El interés, evidentemente, tiene que ver con un asunto geográfico. Tengo un año viviendo en Chicago y aunque me quedan pocas semanas en este país, estaré sin duda en el antes, durante y después de este hostil, superficial y falaz proceso electoral. Soy una especie de outsider que al parecer puede dar una radiografía coloquial y un poco mas fresca de lo que sucede.

Por supuesto, los decepcionaré ligeramente. No tengo ningún tipo de interés en hacer análisis, pegar estadísticas o hacer predicciones políticas. Por eso tampoco esperaré a que declaren al(a) ganador(a) para agregar un párrafo extra.

La verdad es, tengo meses haciendo puro escapismo. Es la única manera de conseguir felicidad estos días.

Y es que, sinceramente, ¿quieren saber como respiré “el aire” electoral en este país? Pues a través de la manera mas “gringa” y disponible posible: la TV y las redes sociales.

Inicié este “Election Day” haciendo lo que mejor sé hacer: procrastinando. Sabiendo que Snapchat iba a reducir las elecciones a un puñado de filtros vergonzosos, me enfilé al fantasma con fondo amarillo.

Snapchat, por supuesto, no decepcionó y la pena ajena estuvo garantizada:

 

En la calle, la gente tiene semanas deseando que esto termine ya. Quiere sencillamente conocer el nombre del siguiente presidente/presidenta para saber si debe odiar, apoyar o ignorar a la nueva figura en el poder. Como quien pregunta si finalmente los Cubs ganaron la Serie Mundial o fueron esos malditos Indios de Cleveland.

La enorme mayoría de la gente que he conocido que ronda mi edad de vaina saben que Trump y Hillary se están peleando el puesto, y eso porque ha sido una de las elecciones mas sensacionalistas y mediatizadas de los últimos años, gracias a una estrella billonaria de la Reality TV y una de las figuras mas sobresalientes del Status Quo mundial.

Pero hasta allí. Muchos de ellos no tienen el mas mínimo interés en ir a votar. Y no me refiero al voto consciente de abstención. No. Simplemente, el votar es un plan aburrido que no tiene nada que ver con ellos. Es esa invitación al Baby Shower de una prima segunda a la que tienes 20 años sin ver.

Es por eso que ya ni recuerdan a cual republicano fue el que venció Obama en las últimas elecciones o como estuvieron los debates presidenciales. Mucho menos tienen presente cosas como los taxes de Trump o los e-mails de Hillary.

La apatía del “average joe” joven impresiona. La política es una cosa lejana, allá, que no los involucra de ninguna manera. Es una ignorancia estructural que NADA tiene que ver con bajos coeficientes intelectuales. No. Es que no sólo no se sienten involucrados de ninguna manera, sino que no desean en absoluto ser involucrados. La desconexión del poder con su cotidianidad es total. A ratos uno no sabe si están completamente perdidos o por el contrario, están clarísimos de su situación. Supongo depende del nivel de idealismo del día.

Para los que están un poco mas involucrados, el mondongo Mccarthiano es una maravilla. Para muchos simpatizantes de Trump, Hillary es una corrupta y falsa hippie comunista mata bebes. Para muchos simpatizantes de Hillary, Trump es una figura populista similar a Chávez que además es amigo de Putin, por ende: rojo peligroso.

Lo que ya sabemos. Con Trump se teme una oleada interna de racismo, misoginia y clasismo mucho más institucionalizada y oficial. Con Hillary, expansionismo sangriento y corrupto.

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Nasty Woman vs. Bad Hombre. Alien Vs Depredador. Muerte o Suicidio. Giant Douche Vs Turd Sandwich.

Para mi, la diferencia entre un candidato y otro es que, con Trump, estaremos mas cerca del Presidente Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho (Idiocracy) y con Hillary estaremos mas cerca de… bueno, nuevas Guerras Mundiales.

Trump es un bully frente a las cámaras. Hillary es un bully detrás de las cámaras. Ambos han demostrado ser aún mas grotescos cuando creen que no los están capturando (“grab em by the pussy” / “we came, we saw, he die”).

Pero, como sabemos, ha sido Trump quien ha marcado el tono.

Los animadores de los Late Night no pudieron superar la comicidad de la realidad. Hacia el final, ya los chistes de Trevor Noah, Stephen Colbert y Seth Meyers lucían débiles y poco contundentes comparados con la monstruosidad de falacia que es Trump (Hillary, repito, es Status Quo. A ella nada). A Larry Wilmore, quizás el host mas político de todos, le cancelaron su “Nightly Show” hace meses (Demasiados “black issues” pa los ratings de Comedy Central, al parecer). Jimmy Fallon, James Corden y Jimmy Kimmel son básicamente carajitos tocando xilófono con celebridades. Del montón, creo que sólo John Oliver y SOBRETODO Samantha Bee destacaron, gracias a su furia e indignación rampante.

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Y es que Trump, como sabemos, fue ese chiste absurdo que, sin dejar de serlo, se hizo realidad. John Oliver se arrepintió públicamente por haber bromeado hace meses acerca de que el estaba dispuesto a pagar para que Trump lanzara su candidatura en aras del humor.

South Park, que hace meses inició su temporada asesinando a Donald Trump y colocando en ese rol al profesor Garrison, ha tenido que hacer malabares absurdos (y fallidos en algunos casos) para seguir girando sus tramas en torno al millonario, básicamente transformando a Garrison en Trump.

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Lo mismo SNL. Donde la elección de “freelancear” a Bernie Sanders con Larry David en vez de darle el rol a alguien recurrente del cast, les dio resultado, con Trump la cosa sigue siendo complicada. Cambiaron a Darrel Hammond por Alec Baldwin y de ganar Trump, finalmente tendrán que darle el rol a alguien del cast.

Y aunque la apuesta de SNL es claramente “all in” con Hillary, explotando a Kate McKinnon para mover adelante su agenda claramente demócrata, en el último programa pre-elecciones, SNL cambió el tono y empezó a “pedir cacao”, apelando a la reconciliación y la unidad. Quizás anticipando un escenario mas cerrado, donde la brecha ganadora de Hillary ya no es tan contundente.

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El miedo a Trump es real. Ha logrado movilizar a entertainers insospechados, que mas pesimistas que nunca se han lanzado a la tarea de hacer públicas sus opiniones.

Hoy me sorprendí al leer a la leyenda hardcore de la lucha Mick Foley (Mankind, Cactus Jack) haciendo una movida que, mínimo, debe catalogarse como valiente. Hablándole a todos esos “hombres blancos” fanáticos de la WWE (que sí, son mayoritariamente conservadores), les ha rogado que no voten por Donald Trump. Aguante los mensajes de odio en Facebook.

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Al final, la industria lo que está es asumiendo la tendencia actual. Hay publicidades de ofertas especiales por el “Election Day”.

Ana Navarro, la republicana latina adoradora de Reagan que odia a Trump es la estrella emergente de este proceso. Navarro es una crowdpleaser absoluta cuyas contradicciones son adoradas por todos los productores de los programas en los que ha aparecido, con tal de que recuerde con la voz mas alta posible, cuan racista es Donald Trump. Y no oculta en absoluto cuanto le gusta hacer dinero con cada invitación. Ya la veo en The View o como candidata presidencial en cuatro años.

Hasta Marilyn Manson ha vuelto brevemente al foco arrancando hojas de una biblia y decapitando a Donald Trump al mejor estilo de ISIS. Todo, acompañado de la declaración de que no va a votar por nadie, ya que no hay mayor diferencia entre la mierda de perro y la de gato. Por supuesto, su disco nuevo, “Say10” sale en pocas semanas.

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Los activistas (ñangaras) con los que he conversado, están básicamente esperando que esto termine. La agenda es seguir trabajando por los derechos civiles, como el movimiento “Black Lives Matters”. Lo harán con Hillary aprovechando el yunque a la izquierda de Bernie Sanders o lo harán con Donald Trump, cuyo antagonismo sin duda será mucho más movilizador.

Pero sí, ignorando a los seguidores mas fanáticos de lado y lado, aquí no hay mayor esperanza. Sólo la posibilidad de un “menos malo” que logrará mantener a flote el país ante la amenaza horrible y apocalíptica que representa el contrincante.

Por ahí está rodando una intervención a lo “They Live” de la portada mas reciente de Time Magazine:

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Es una creativa adaptación, sin duda. Pero a mi me parece mas pesimista y aterradora la portada original:

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Las elecciones como tendencia están terminando. Y con esa tendencia muriendo, una nueva se percibe en el horizonte, dispuesta a aprovechar el Thanksgiving y las navidades. Una que promete ser aún mas viral, tratando de seguirle el paso al “Harlem Shake” y al “Ice Bucket Challenge”.

Me refiero a el “Mannequin challenge” (el reto del maniquí) donde las personas se quedan paralizadas mientras la cámara graba y graba todo alrededor.

Me disculpan el simbolismo barato, pero es que coño, estaba allí impelable.

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