Spring Breakers: Pussy Riots consumistas

Lo primero que respeté de Spring Breakers es la trampa descarada. Se vende como un film ligero y divertido de hermosas niñitas en bikinis, fornicando y drogándose, cuando en realidad se concentra en la reiteración clásica del entumecimiento de la droga recreativa, la nula personalidad buscando referentes y el sexo nauseabundo de barranco. Si de algo no se le puede acusar a Harmony Korine, es de desconocer el poder de la ficción y de la narrativa meta. Spring Breakers, para el espectador común que desconoce Kids y el estilo de Korine, esta película es una trampa necesaria para describir otra trampa.

Además de las tetas rebotando repletas de licor (que sí las hay), Spring Breakers se concentra también en el vomito del piso o los restos de la piedra no consumida. Todos los aspectos del hedonismo consumista de nuestros tiempos. Nos deja “debiendo” mas sexo. Es plenamente intencional.

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La historia de cuatro adolescentes con unas obsesivas ganas de salirse del patrón y “ver algo diferente”. La tragedia de estar convencido de que las vacaciones primaverales gringas no son ya costumbres consumadas, clichés rentables y sendo negocio, desde hace décadas. Harmony Korine aprovecha esta premisa desde el mismo casting, aprovechando el deseo de las “niñitas Disney” Vanessa Hudgens, Ashley Benson y Selena Gomez de salirse del patrón y mostrar su lado mas salvaje y “adulto”. Al trío se une la esposa del director, Rachel Korine, quien logra mezclarse muy bien con sus menores co-protagonistas.

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Las cuatro protagonistas destacan. Sin embargo, Candy (Vanessa Hudgens) y su reiterativa pantomima de pistolita suicida se lleva los máximos honores. Su burla a la sordomuda calenturienta, su sonrisa borracha, su violencia desatada, su sexualidad explosiva, siempre en control. Es la generación que fantasea con Die Antwoord, fiesteros explotadores de la miseria y la piedra sexy. Mucha culpa blanca inconsciente. Lo cool es ser pobre, del ghetto, de las calles, del crimen ilegal, siempre y cuando se sea millonario. La paradoja. La universidad y la vida profesional planificada es una espantosa cotidianidad irreversible, salirse del patrón es necesario, así sea a través del coqueteo con la muerte por aparentes estupideces superficiales. Lo mas divertido, excitante y revelador siempre será violar la ley impunemente. “Seeing all this money makes my pussy wet” sentencia Candy.

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Lo de Alien (James Franco) es un caso quizás único. El hip-hop mas como actitud gangsta que como lucha social. Una caricatura exagerada del blanco que por todos los medios quiere ser identificado como el rey del blinblineo que empieza siendo inverosímil y progresivamente va obteniendo corazón y credibilidad. Alien degusta con su pene y sus dientes platinados a casi todas las niñitas deliciosas vacacionistas, es millonario y tiene cientos de juguetes adultos (ametralladoras, Kool-aid azul, nunchacos y shorts de todos los colores) pero no deja de ser uno de los personajes mas patéticos del cine reciente. Un esclavo de sus pulsaciones simples y de los “role models” mala conducta impuestos allí por su rentabilidad.

La escalada de violencia es necesaria y surreal. Inverosímil a ratos, lo cual la potencia. Son las Pussy Riots consumistas gringas. La lucha equivocada radicalizada. Son las hormonas desatadas y el sexo peligroso como eufemismo del amor. El efectismo mas peligroso, siempre y cuando seamos protagonistas de una historia divertida e intensa. “Pretendamos que estamos en un videojuego. Como si estuviésemos en una puta película. No le tengas miedo a nada”.

Aún desde la superficie mas tonta, casi todos queremos ser poesia

Aún desde la superficie mas terrible, la aspiración a poesía es válida

Esto contrasta a ratos con la adorable vuelta a la infancia de los personajes principales. Momentos románticos, entre pase y pase. Esta generación no creció con Madonna. La chica material de los 80 se queda corta. La nueva diosa pop del consumo es Britney Spears, desde niña Disney hasta su desquiciada calvicie y maternidad irresponsable.

Visualmente, aquí resuenan los colores nocturnos de Enter The Void , la fiesta peligrosa de Irreversible y la pistolita de agua sexy de The Runaways y todo es gracias a la fotografía de Benoit Debie. Es la apología nihilista del 2013, por lo que es multicolor y llena de horas mágicas. La belleza de la rumba dura nocturna y el romanticismo de la playa. El gonzo de las cámaras en mano está algo presente, pero enormemente magnificado por el cristal artístico.

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La música está muy bien diseñada. Vamos del dubstep farandulero de Skrillex a los momentos tensos y nocturnos electrónicos de Cliff Martinez (reconocido recientemente por su gran trabajo en Drive), todo flanqueado con el hip-hop de Gucci Mane, Waka Flocka Flame, Nicki Minaj, Rick Ross, Dangeruss (inspiración del personaje de Alien) y el mismo James Franco. Sobretodo Skrillex acierta con una versión instrumental orquestal de su archireconocido Scary Monsters and Nice Sprites rebautizada como Scary Monsters on Strings (got it? cuerdas, hilo, bikini).

A ratos se regodea mucho en su condición “artsy”. Mucha abulia, melancolía y nostalgia. Cual película de exploración de Gonzalez Iñarritu. A fin de cuentas quien edita es Douglas Crise (Babel). Mas allá de dialogos y one-liners, es una película que balbucea entre línea de coca y buche de licor. Funciona.

“Es la Trainspotting de nuestros tiempos”. Sonamos ancianos. Spring Breakers nos deja en evidencia. Hay algo allí para nosotros, pero este film le pertenece más a los gloriosos irresponsables, a los que aún están por entrar en la adultez maldita. Los que aún no solo quieren, sino activamente buscan por todos los medios vacacionar eternamente con el trabajo de otro. Esperemos que la aprecien lúdicamente, se droguen hasta el entumecimiento y el sudor, pongan el blu-ray de ésta película y exploten Noisia, Skrillex o Borgore a todo volumen.

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