Mi ruta personal a la voz de Cornell

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La primera vez que escuché a Chris Cornell, fue quizás de la misma manera que la mayoría del planeta: “Black Hole Sun” en la radio. La letra absurda apocalíptica y oscura con momentos memorables, mas la combinación del devastador Leslie Speaker (que supongo detonó mi inconsciente colectivo Beatlesco) mas el hard rock coqueteando con el doom metal taladró inmediatamente mi puberta psique, y la surreal balada se convirtió en mi canción favorita de todos los tiempos.

El año era 1994. y no sería sino hasta Diciembre de ese año cuando gracias a una revista, a mis ahorros convertidos en un cassette y en el hipnótico video musical de “Black Hole Sun”, pude empezar a profundizar en el arte de Cornell, Thayil, Cameron y Sheperd.

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Esta Hit Parader fue mi primer referente visual a varias bandas “nuevas”, como Nine Inch Nails, Marilyn Manson, Korn y Soundgarden. 

Un disco como Superunknown forma carácter. Todos los días una canción diferente es tu favorita y es necesario profundizar en cada corte. Es uno de esos discos que escuchas enteros horas y horas. “Let Me Drown”, “My Wave”, “Superunknown”, “Head Down”, “Spoonman”, “The Day I Tried To Live”, “Like Suicide”, por nombrar sólo algunos temas cuando en realidad quiero nombrarlos todos, envolvieron mi vida por años. ¿Que había dentro de la cabeza de estas cuatro personas como para dar con estas potentes composiciones? ¿Por qué hay tanta belleza y energía en estas canciones decididamente grises?

Particularmente, de ese disco, hoy recuerdo “Limo Wreck”. Musicalmente, la influencia Sabbath es innegable, pero lo que hace Cornell en este track transciende cualquier comparación fácil. Cornell inicia su relato con una calidez envolvente. Es imposible no estar interesado. Poco a poco va subiendo su intensidad, con un control impresionante de su voz, hasta el catártico y explosivo coro de  “And the wreck of you / Is the death of you all!”. 

Meses despues, echándole un ojo a una cinta vieja de VHS que tenía grabada programas viejos de MTV me di cuenta de que yo ya había visto a Soundgarden en la TV, años antes, en este segmento de Beavis & Butt-Head, en uno de esos maravillosos casos en los que retroactivamente reconoces la grandeza y, como un viaje en el tiempo del que no tienes memoria, te sorprendes con algo que ya conocías. “Joder, este Jesucristo del rock de Seattle siempre fue Chris Cornell? “.

Eso hizo que, lógicamente, retrocediese en el tiempo para escuchar a este Cornell joven, vigoroso y atlético con larga cabellera y muñequeras y botas metal. Conseguir los discos fue una tarea titánica. No había internet, ni dinero para comprar discos, ni buenas discotiendas. Yo vivía además en una aldea rural en un estado pequeño (Táchira) de Venezuela. Mis amigos tampoco ayudaban mucho. Soundgarden estaba además en una frontera enrarecida y yo era al parecer su único fanático a cientos de Kms a la redonda. Demasiado oscuro y progresivo para fanáticos de Nirvana, Pearl Jam y Aerosmith, demasiado grunge y melódico para fanáticos de Pantera, Sepultura y Megadeth. Estaba sólo en esta lucha.

Pasaron meses antes de que yo pudiese escuchar la dureza de Ultramega OK y Louder than Love. Alquilé los CD’s en una discotienda maravillosa en Valencia, donde una vez al año pasaba vacaciones con mi familia.

De esos discos, recuerdo como la voz contenida de Cornell, a segundos de explotar sin control en “Hands All Over” me impactó. Era un Cornell casi adolescente, cuya necesidad de transmitir su mensaje excedía el medium. Sobretodo cuando reincide en el coro, justo despues del puente, allí siempre sentí una urgencia genuina, casi impotente, de un alma mucho mas vieja, cuando Cornell grita con eco “Hands all over / words I utter / Change them into what you want to / Like balls of clay”

Badmotorfinger vino gracias a Bieke Leysen, mi hermana de intercambio de Bélgica, la cual tuvo la gentileza de regalarme el CD a mí, su hermano menor venezolano desconocido. Descubrir maravillas como “Rusty Cage”, “Outshined”, “Jesus Christ Pose”, “Somewhere” me hacían sorprenderme aún más de la calidad de esta banda.
Todos hablan de “Slaves & Bulldozers” (con razón) como la mejor muestra de la grandiosidad de la voz de Cornell en este disco, pero, de elegir uno, yo prefiero “Mind Riot”. Esta marcha funebre/de guerra tiene en el frente a un Cornell capaz de motivar a cualquiera con su “Candle’s burning yesterday / Somebody’s best friend died / And I’ve been caught in a mind riot”. No hay evasión, sino un ataque frontal al pesimismo.

En esa misma época descubrí Temple of The Dog. Un disco nacido como tributo a la muerte de su amigo Andrew Wood, Chris Cornell (junto a medio Pearl Jam) dejaría en el imaginario uno de sus momentos mas hermosos como vocalista con “Say Hello 2 Heaven”. “I never wanted to write these words down for you/ With the pages of phrases Of things we’ll never do / So I blow out the candle, and I put you to bed / Since you can´t say to me now / how the dogs broke your bone/ There’s just one thing left to be said/ Say hello to heaven”

Para 1996 yo ya era un completo seguidor de Soundgarden y quizás sólo Nine Inch Nails podía acercársele en mis prioridades melómanas. Prueba de esto, este momento capturado por mi padre en video en el que pruebo el “minicomponente” nuevo de la casa con “Spoonman”. Obviamente, no había mejor prueba de fuego para el aparatico.

 

Cuando vi el CD de Down on The Upside en una discotienda en San Cristóbal, no podía creer que el disco mas reciente de Soundgarden estuviese allí, a mi “alcance”. En esa época sencillamente no tenía dinero, por lo que mandé a grabar el CD con un empleado de la tienda, que hacía el “negocio” por un costo accesible. Embutió todo el disco en un cassette de 60 minutos, y no sería sino años después que descubriría que “Overfloater” y “An Unkind” también formaban parte de ese disco.

Cuando “Pretty Noose” (que hoy además cobra otra oscura connotación) estalló en el pequeño minicomponente, volví a sorprenderme como la primera vez que escuché Superunknown. Esto no era lo que estaba esperando, pero lo inesperado y misterioso era aún mas memorable que mis expectativas. La energía de “Dusty”, la belleza de “Blow Up The Outside World”, la furia de “Never the Machine Forever” (!!), la desesperanza de “Boot Camp”, este disco parecía destinado a gustarme igual o incluso más que Superunknown.

“Ty Cobb”, uno de los temas mas frenéticos del disco, me hizo recordar que Cornell podía seguir siendo un rockstar enfurecido sin perder ni un ápice de misterio. Cornell grita “I got the glass, I got the steel / I got everything / All I need is your head on stake / Hard headed fuck you all! / Just add it on on the hot rod death toll”. Si alguna vez necesito destruir algo o alguien, usaré Ty Cobb” como combustible y luego encararé las consecuencias.

Sin embargo, sería y seguirá siendo “Burden in My Hand” mi canción favorita del disco (y en algunos días, de todos los tiempos). El video lo ví por primera vez en un TV de una fuente de soda famosa (Juventino’s) y me quede pegado en mitad del lugar, hipnotizado. El video lo volvería a ver 4 largos años despues, cuando el incipiente internet de la universidad hizo su trabajo. Un Cornell mesiánico, humilde y empático (un logro increíble en el rock) ordenaba: “Close your eyes and bow your head / I need a little sympathy / ‘Cause fear is strong and love’s for everyone / Who isn’t me”


La independencia y los años universitarios me hicieron fantasear en un futuro no muy lejano en el que pudiese costearme un viaje adonde sea que Soundgarden se acercase a dar un concierto, pero meses después la banda se separaría, destruyendo uno de mis sueños en el proceso.

En 1999, Chris Cornell sacó su primer disco solista, Euphoria Morning (retitulado años despues como Euphoria Mourning lo cual, nuevamente, adquiere hoy otra connotación). Al igual que la mayoría, “Can’t Change Me” nos ilusionó. Y nuevamente, Cornell no fue nada predecible y el resultado fue maravilloso. “Flutter Girl”, “Preaching the End of the World”, “Moonchild”, todas decididamente mas ligeras, orgánicas y melódicas, lograban destacar el protagonismo absoluto de la voz de Cornell.

Pero sería “Follow My Way” la que con su necedad absoluta por subestimarse, ganaría un espacio gigante en mi setlist personal eterno. La vulnerabilidad de Cornell es admirable: “Little one dont be a fool / Im a wreck when I look mighty / In euphoria Im bruised / In confusion next I’m lightning / In complacence I am small / Through oblivion I charge”

La noticia de que Chris Cornell se juntaría con la mayoría de Rage Against the Machine levantó en mí una expectativa sin precedente. Para mí, esa noticia era aún mas interesante que Tapeworm (Maynard James Keenan & Trent Reznor). Cuando finalmente escuché “Cochise” por primera vez en el CineClub de la universidad, rodeado de buenos amigos, celebramos la existencia de Audioslave repitiendo la canción infinitas veces. Chris Cornell estaba bien, con nuevos amigos, haciendo temas explosivos y llenos de energía. El mundo era un poco mejor ahora. El video musical (dirigido por mi favorito Mark Romanek), lleno de fuegos artificiales, encapsulaba perfectamente la celebración necesaria.

Ignorando “Cochise”, “Doesn’t Remind Me” y “Original Fire”, la elección de singles de los tres discos de Audioslave rara vez se alineó con mis gustos. Yo prefería temas como “Somedays”, “Drown Me Slowly”, “Man Or Animal”, “Exploder” y “The Last Remaining Light”.

“What You Are” es probablemente mi tema favorita de Audioslave. Sencillo y necesario. Y  en ese coro glorioso, Cornell es, sencillamente, liberador. “Cause now I’m free from what you want / Now I’m free from what you need / Now I’m free from what you are”

Cornell siguió sacando discos solistas, que por diferentes razones no terminaban de conectar conmigo. Disfruté sin duda Carry On, Songbook y Higher Truth, pero no podía dejar de sentirle un aura de inseguridad que empañaba sus discos.

Y Scream, ese extraño y nefasto disco que sacó producido con Timbaland, creo que dice hoy en su fracaso mucho más de lo que pensamos. Yo siempre he apoyado la experimentación y defiendo muchos cambios radicales de artistas. Pero en este caso, el cambio no parecía responder a algo en lo que Cornell tuviese el control. En esos días Cornell parecía un maniquí sin vida (aún HOY, no puedo linkear el video de “Part Of Me” por esa razón), con ojos vacíos, como cumpliendo ordenes de un conjunto de tipos que no sabían bien que hacer con una leyenda viviente del rock, ahora experimentando con el pop. Yo genuinamente me preocupé por Cornell. “Crisis de la mediana edad” es una salida fácil. Yo sinceramente creo que Cornell no tenía rumbo alguno.

Claro, luego Cornell sacaba el temazo “You Know My Name” para Casino Royale y de repente el mainstream no le lucía tan mal. Yo olvidé, como el resto del mundo, esa llamada de alerta que fue Scream.

La voz de Cornell, por otro lado, me seguía siendo esquiva en vivo. Audioslave se separó en el 2007. Cuando fui a Cuba años después, me tome ESTA foto con la única finalidad de expresar que ese lugar, muy vacío, había albergado varios meses atrás un concierto histórico de Audioslave.

En el 2010, gracias a mi presencia en foros online, supe del concierto secreto/reunión sorpresa de Soundgarden y obtuve invitación para el show, con una entrada de precio prácticamente simbólico. Sin visa, ni dinero y a miles de Kms de distancia, observé con tristeza la página web con los tickets disponibles para ese show de Nude Dragons, el anagrama que usaron para despistar.

Pero Soundgarden finalmente regresaría y lo haría con King Animal, un discazo que mostraba lo intacto que se mantenían los cuatro de Seattle. Con una luz mas positiva que de costumbre, temas como “Been Away Too Long”, “Non-State Actor”, “By Crooked Steps”, “Bones Of Birds” y “Black Saturday” se convirtieron rápidamente en indispensables.

Pero de todas las canciones de King Animal, la que no pude sacarme de la cabeza nunca (mucho menos hoy) fue “Halfway There”. Aparentemente una canción simplona, esta fue la primera vez que detecté en la voz mas vieja y quebrada de Cornell, la necesidad de mirar hacia atrás con nostalgia. “And how far is halfway there? / I Didn’t see you on the trail now / But “almost” become “good enough” / Should a good life be so hard won? / Is that what our dreams have become?”

Finalmente, en el 2014, cumplí mi sueño de ver a Soundgarden en vivo. Era el cierre del Lollapalloza Chile 2014 y Arcade Fire no terminaba de callarse con su “Wake Up” eterno. Esa espera de 20 minutos fueron las 2 horas mas largas de mi vida.

Y finalmente sucedió. A ratos descalzo y gritando, disfruté de dos horas y media inolvidables y 21 canciones perfectas. Un chulito bien marcado en la lista de vida. Uno que tenía 20 años pendiente.

Cornell, hace menos de 20 horas, cantó su última canción: “In My Time Of Dying” de Led Zeppelin. Horas después, lo han encontrado muerto en la habitación de su hotel. Aparentemente se suicidó, ahorcándose.

Por supuesto, su sorpresiva muerte y todas sus implicaciones las he sentido profundamente, como la de un familiar querido.

¿Ilógico? No. Así funciona el arte. Tengo más de 20 años escuchándolo retar al abismo. Lo escuché envejecer, mientras yo mismo soltaba algunas canas. Su vulnerabilidad me ha hecho sentir mi propia mortalidad. ¿Estaré yo “Halfway there”? o cómo Cornell, ¿estaré muchísimo mas cerca del final de lo que espero?

Cornell es mi íntimo amigo desconocido, uno de los poquísimos que tengo. Y sé que como yo, hay miles que morirán profundamente agradecidos por haberlo escuchado.