El Superman vigente de Snyder

Superman, ese héroe creado a finales de los 30, encarnación del Macartismo de la década de los 50 y poster boy del sueño americano y su imperialismo asumido, no pertenece a ésta época. Es un héroe anacrónico, y sus versiones cinematográficas siempre han reiterado esta obsoleta visión.

Con esta gran predisposición, y un mundo alabando a Marvel, Zack Snyder y David S. Goyer han logrado un Hombre de Acero creíble en pleno 2013. Lo primero que han hecho es volar (o mejor, posponer) a Lex Luthor (que como introducción a la mitología Superman, siempre ha sido recurrente su caricaturización y poca amenaza física) y el foco recurrente en la dualidad exagerada de Clark Kent/Superman. Snyder ha logrado contarnos el nacimiento y crecimiento de Kal-El, sin necesidad de apurar las escenas ni mostrar a Clark Kent adulto a la media hora. Flashbacks bien llevados, pertinentes cuya naturaleza ayudan a entender al personaje.  No hay Clark Kent gafo y vulnerable, sobreactuando torpeza y debilidad. Hay mas bien una lucha genuina por ser “el hombre mas grande” y mucho control de ira. Lo compro.

Las actuaciones y presencias físicas son acertadas. Henry Cavill es un buen Kal-El, y sobretodo un gran Clark Kent. La actitud humilde “white fences” de Kevin Costner (Jonathan Kent) y Diane Lane (Martha Kent) funciona, así como la dignidad y grandeza de Russell Crowe (Jor-El) y Ayelet Zurer (Lara Lor-Van). Snyder no puede dejar el paternalismo de lado (tema recurrente en Superman) y le da prioridad emocional a las escenas de Kevin Costner, el cual cumple la tarea de gran manera. Russell Crowe, por otro lado, logra que queramos ver una precuela enfocada en Jor-El, cosa que la cabeza flotante de Marlon Brando jamás pudo. Sin embargo, el casting de verdad se luce con Michael Shannon (General Zod) y su mano derecha Faoura-Ul, encarnada por Antje Traue (la cual mas que grandes líneas, tiene una amenazante y demoledora presencia en las secuencias de acción). La siempre perturbadora puesta en escena de Shannon es una gran amenaza creíble. El punto flojo es Amy Adams, quien no logra convencerme del todo como Lois Lane. No dejo de ver a Adams y su carita de perplejidad eterna, al acecho del Oscar. Aún teniendo posibilidad de escapar de eso (el guión le da mas oportunidades que zancadillas), no hace sino agregarle demasiado elemento “damisela en aprietos” a una Lane que debió haber sido aún más independiente. En cuanto a los personajes secundarios, lo mas flojo de la película es Perry White (Lawrence Fishburne) y sus colegas periodistas, que no logran representar con contundencia al ciudadano “de a pie”. Es mas bien el sector militar (con Harry Lennix, Richard Schiff, Christopher Meloni y Christina Wren), quienes, aun siendo foco de algunas críticas, logran empatía, conexión y cierta relevancia.

Ésta, obviamente, NO ES una película de diálogos. Los personajes recitan sus líneas con la dignidad característica de la mitología, y funciona. Por supuesto que hay líneas idiotas y acciones innecesarias para forzar par de momentos cursis. Pero por lo general, Snyder logra que nos olvidemos de ellas con facilidad, no dándoles tanta importancia.

El diseño de arte es uno de los puntos fuertes de la película. En segundos, nos comemos rápidamente el cuento de Krypton y entramos fácil en ese mundo moribundo. El vestuario, asunto delicado en películas de superhéroe, pasa la prueba con honores, igualando en grandiosidad y presencia los trajes de Superman, Jor-El y General Zod y sus esbirros.

La acción esta bien distribuida y cuando está presente, es brutal. No “burutal” como muletilla mascachicle fácil, sino realmente brutal. Es potente, contundente y sin descanso. El nivel de destrucción y ensañamiento roza lo épico y Snyder, sorprendentemente, no se regodea en las cámaras lentas efectistas, sino que, al contrario, deja que el poder alienigena choque constantemente con nuestra física de humanos, encadenando una escalada de violencia demoledora.

El score de Hans Zimmer espanta las trompetas épicas de John Williams a punta de coñazos, percusiones y sonidos mas orgánicos. No era tarea fácil, pero Zimmer logra reemplazar a la historia con una personalidad aplastante. Sí, hay una fuerte apuesta por la contundencia rítmica, pero tambien hay momentos sutiles e íntimos que cuadran perfectamente con la mitologia Superman. Snyder, además, nos introduce par de decisiones sonoras agradables en su selección musical. Hay empatía hacia un Clark Kent trabajando en su diáspora mientras suena “Seasons” de Chris Cornell.

Lo criticable en Man Of Steel, es que no tomó mayores riesgos. Supongo que el relativo fracaso de Sucker Punch (sobretodo con la crítica) le puso una tijera enorme a los testículos de Snyder, quien decidió no radicalizar mucho sus propuestas (una lástima, Sucker Punch es una obra maestra, el tiempo nos dará la razón y ere erita cara de papita). Había escuchado par de rumores que llamaron mi atención acerca de cambios interesantes y estructurales en la mitología, pero no es cierto. La trama termina siendo tradicional y comercial, por sus deseos evidentes de competir con Marvel y sus franquicias establecidas (Sí, si hay una referencia al universo Batman en la película). Sí, hay una reivindicación del ciudadano estadounidense, quien es separado de la actitud administrativa y militar de quienes los gobiernan o vigilan. Hay una dualidad mostrada del cristianismo gringo conservador (“Dios me hizo esto” / “Tu eres Dios”) e incluso par de críticas sutiles y tibias a los conceptos errados de patriotismo. Todas son, repito, muy sútiles y tibias, pero se magnifican cuando entendemos lo jodido que es romper el marco de un Blockbuster, además de Superman.

A primera vista, dudo que éste sea un clásico, pero sin duda es el inicio de algo mas grande. Snyder ha logrado algo que personalmente me parecía poco probable: una película interesante y pertinente de Superman en pleno 2013.

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