Lunar Park: En el nombre del Padre

Hijo del padre.

Hijo del padre.

Finalmente pude terminar Lunar Park. Por una u otra razón siempre lo empezaba con ímpetu y lo abandonaba con desgano.

Parte de eso, creo yo, tiene que ver con el hecho de que su primer capítulo es, así lo creo ciegamente, lo mejor que yo he leído de Bret Easton Ellis.  Ese primer capítulo, donde cronológicamente hace un recuento de su vida como escritor hasta ese punto, es sinceramente el texto más vertiginoso y enérgico que he leído de el.

Luego de ese comienzo parece demorar, con toda intención, en llegar a los objetivos. Y aunque Ellis no es ajeno a escribir textos largos (American Psycho, Glamourama) Lunar Park se propone contar una historia de la manera más tradicional posible. Algo inequívocamente novedoso viniendo de Ellis, cuyas obras anteriores parecen ser siempre estudios de carácter.

Pues esta vez le gané al tedio y terminé un gran libro con una gran historia, muy ambiciosa (sobre todo en la forma en que está escrita). No diría que es su mejor libro pero  tampoco es su peor obra. Lo que no tiene duda es la madurez innegable que demuestra.

Creo que el gran defecto de Lunar Park, y al mismo tiempo, irónicamente, su gran virtud, es recordarnos que la obra maestra de Ellis seguirá siendo American Psycho. De hecho no sé si fue su intención pero Lunar Park parece un gran epílogo de esa otra novela.

Constantemente la referencia directa o indirecta, ya sea citando literalmente pasajes o sencillamente imitando su escritura, a American Psycho te saca un poco de la historia de Lunar Park.

Y en términos de definir al personaje principal de Lunar Park, el Bret Easton Ellis de la ficción, logra su cometido. Pero en la tarea de construir su indentidad, su alma, termina siempre por deberle gran parte del trabajo al catálogo de atrocidades de Patrick Bateman.

Sin embargo cerca del final del relato vuelve a llenarse el texto de una energía demoníaca. Los últimos tres capítulos del libro son eso que los gringos llaman unos page turner, un texto que realmente engancha.

Y tal como en American Pyscho, la presencia del padre y la paternidad (fallida en este caso) en Lunar Park es uno de los temas importantes de la novela, cuidado si no el principal.

Bret Easton Ellis, el escritor, ha dicho en varias oportunidades que su padre fue la inspiración para Patrick Bateman. Las interpretaciones de esa revelación pudieran ser infinitas, yo prefiero pensar (o rescatar) de la figura de Bateman esa desconexión que parece tener con su entorno. Y viéndolo de esa manera es un reproche potente de un hijo a ese padre ausente.

lunar parkSiempre he pensado que American Psycho es un texto lleno de rabia. El ‘monstruo’ que termina siendo Bateman, para mi, es el miedo de Ellis a la figura de su padre. Miedo a no poder conectar con el, miedo a nunca entenderlo.

Si American Psycho era el miedo a su padre, Lunar Park entonces tiene que ser el miedo de Ellis a terminar siendo como su padre. En varios momentos de la novela, aunque no explícitamente, el Ellis literario está aterrado de terminar siendo la copia exacta de su padre. La copia exacta de esa paternidad ausente que vivió.

Y esa rabia que se manifestaba en American Psycho vuelve a Lunar Park en forma de fantasma. Por eso tiene sentido que Ellis escriba ésta como una típica historia de misterio sobrenatural.

Y aunque ese miedo de ser su padre se percibe durante todo el texto es increíble comprobar que existe una cierta resignación y entrega a esa verdad. Al final, tal y como lo plantea Ellis, el escritor, es imposible no ser un poco como nuestros padres.

Así entonces Ellis, el literario convertido un poco en su padre, se despide del hijo que el escritor no tiene pero que fácilmente puede ser el mismo hace 30 años. Y aunque parece ser un final triste ciertamente es de lo más optimista que he leído de Bret Easton Ellis.

Por eso la novela aunque parece tardarse más de lo necesario y parece tener varios pasajes de sobra, cierra de manera contundente.