Mi ruta personal a la voz de Cornell

Destacado

La primera vez que escuché a Chris Cornell, fue quizás de la misma manera que la mayoría del planeta: “Black Hole Sun” en la radio. La letra absurda apocalíptica y oscura con momentos memorables, mas la combinación del devastador Leslie Speaker (que supongo detonó mi inconsciente colectivo Beatlesco) mas el hard rock coqueteando con el doom metal taladró inmediatamente mi puberta psique, y la surreal balada se convirtió en mi canción favorita de todos los tiempos.

El año era 1994. y no sería sino hasta Diciembre de ese año cuando gracias a una revista, a mis ahorros convertidos en un cassette y en el hipnótico video musical de “Black Hole Sun”, pude empezar a profundizar en el arte de Cornell, Thayil, Cameron y Sheperd.

4365761707_8059d3b386_o

Esta Hit Parader fue mi primer referente visual a varias bandas “nuevas”, como Nine Inch Nails, Marilyn Manson, Korn y Soundgarden. 

Un disco como Superunknown forma carácter. Todos los días una canción diferente es tu favorita y es necesario profundizar en cada corte. Es uno de esos discos que escuchas enteros horas y horas. “Let Me Drown”, “My Wave”, “Superunknown”, “Head Down”, “Spoonman”, “The Day I Tried To Live”, “Like Suicide”, por nombrar sólo algunos temas cuando en realidad quiero nombrarlos todos, envolvieron mi vida por años. ¿Que había dentro de la cabeza de estas cuatro personas como para dar con estas potentes composiciones? ¿Por qué hay tanta belleza y energía en estas canciones decididamente grises?

Particularmente, de ese disco, hoy recuerdo “Limo Wreck”. Musicalmente, la influencia Sabbath es innegable, pero lo que hace Cornell en este track transciende cualquier comparación fácil. Cornell inicia su relato con una calidez envolvente. Es imposible no estar interesado. Poco a poco va subiendo su intensidad, con un control impresionante de su voz, hasta el catártico y explosivo coro de  “And the wreck of you / Is the death of you all!”. 

Meses despues, echándole un ojo a una cinta vieja de VHS que tenía grabada programas viejos de MTV me di cuenta de que yo ya había visto a Soundgarden en la TV, años antes, en este segmento de Beavis & Butt-Head, en uno de esos maravillosos casos en los que retroactivamente reconoces la grandeza y, como un viaje en el tiempo del que no tienes memoria, te sorprendes con algo que ya conocías. “Joder, este Jesucristo del rock de Seattle siempre fue Chris Cornell? “.

Eso hizo que, lógicamente, retrocediese en el tiempo para escuchar a este Cornell joven, vigoroso y atlético con larga cabellera y muñequeras y botas metal. Conseguir los discos fue una tarea titánica. No había internet, ni dinero para comprar discos, ni buenas discotiendas. Yo vivía además en una aldea rural en un estado pequeño (Táchira) de Venezuela. Mis amigos tampoco ayudaban mucho. Soundgarden estaba además en una frontera enrarecida y yo era al parecer su único fanático a cientos de Kms a la redonda. Demasiado oscuro y progresivo para fanáticos de Nirvana, Pearl Jam y Aerosmith, demasiado grunge y melódico para fanáticos de Pantera, Sepultura y Megadeth. Estaba sólo en esta lucha.

Pasaron meses antes de que yo pudiese escuchar la dureza de Ultramega OK y Louder than Love. Alquilé los CD’s en una discotienda maravillosa en Valencia, donde una vez al año pasaba vacaciones con mi familia.

De esos discos, recuerdo como la voz contenida de Cornell, a segundos de explotar sin control en “Hands All Over” me impactó. Era un Cornell casi adolescente, cuya necesidad de transmitir su mensaje excedía el medium. Sobretodo cuando reincide en el coro, justo despues del puente, allí siempre sentí una urgencia genuina, casi impotente, de un alma mucho mas vieja, cuando Cornell grita con eco “Hands all over / words I utter / Change them into what you want to / Like balls of clay”

Badmotorfinger vino gracias a Bieke Leysen, mi hermana de intercambio de Bélgica, la cual tuvo la gentileza de regalarme el CD a mí, su hermano menor venezolano desconocido. Descubrir maravillas como “Rusty Cage”, “Outshined”, “Jesus Christ Pose”, “Somewhere” me hacían sorprenderme aún más de la calidad de esta banda.
Todos hablan de “Slaves & Bulldozers” (con razón) como la mejor muestra de la grandiosidad de la voz de Cornell en este disco, pero, de elegir uno, yo prefiero “Mind Riot”. Esta marcha funebre/de guerra tiene en el frente a un Cornell capaz de motivar a cualquiera con su “Candle’s burning yesterday / Somebody’s best friend died / And I’ve been caught in a mind riot”. No hay evasión, sino un ataque frontal al pesimismo.

En esa misma época descubrí Temple of The Dog. Un disco nacido como tributo a la muerte de su amigo Andrew Wood, Chris Cornell (junto a medio Pearl Jam) dejaría en el imaginario uno de sus momentos mas hermosos como vocalista con “Say Hello 2 Heaven”. “I never wanted to write these words down for you/ With the pages of phrases Of things we’ll never do / So I blow out the candle, and I put you to bed / Since you can´t say to me now / how the dogs broke your bone/ There’s just one thing left to be said/ Say hello to heaven”

Para 1996 yo ya era un completo seguidor de Soundgarden y quizás sólo Nine Inch Nails podía acercársele en mis prioridades melómanas. Prueba de esto, este momento capturado por mi padre en video en el que pruebo el “minicomponente” nuevo de la casa con “Spoonman”. Obviamente, no había mejor prueba de fuego para el aparatico.

 

Cuando vi el CD de Down on The Upside en una discotienda en San Cristóbal, no podía creer que el disco mas reciente de Soundgarden estuviese allí, a mi “alcance”. En esa época sencillamente no tenía dinero, por lo que mandé a grabar el CD con un empleado de la tienda, que hacía el “negocio” por un costo accesible. Embutió todo el disco en un cassette de 60 minutos, y no sería sino años después que descubriría que “Overfloater” y “An Unkind” también formaban parte de ese disco.

Cuando “Pretty Noose” (que hoy además cobra otra oscura connotación) estalló en el pequeño minicomponente, volví a sorprenderme como la primera vez que escuché Superunknown. Esto no era lo que estaba esperando, pero lo inesperado y misterioso era aún mas memorable que mis expectativas. La energía de “Dusty”, la belleza de “Blow Up The Outside World”, la furia de “Never the Machine Forever” (!!), la desesperanza de “Boot Camp”, este disco parecía destinado a gustarme igual o incluso más que Superunknown.

“Ty Cobb”, uno de los temas mas frenéticos del disco, me hizo recordar que Cornell podía seguir siendo un rockstar enfurecido sin perder ni un ápice de misterio. Cornell grita “I got the glass, I got the steel / I got everything / All I need is your head on stake / Hard headed fuck you all! / Just add it on on the hot rod death toll”. Si alguna vez necesito destruir algo o alguien, usaré Ty Cobb” como combustible y luego encararé las consecuencias.

Sin embargo, sería y seguirá siendo “Burden in My Hand” mi canción favorita del disco (y en algunos días, de todos los tiempos). El video lo ví por primera vez en un TV de una fuente de soda famosa (Juventino’s) y me quede pegado en mitad del lugar, hipnotizado. El video lo volvería a ver 4 largos años despues, cuando el incipiente internet de la universidad hizo su trabajo. Un Cornell mesiánico, humilde y empático (un logro increíble en el rock) ordenaba: “Close your eyes and bow your head / I need a little sympathy / ‘Cause fear is strong and love’s for everyone / Who isn’t me”


La independencia y los años universitarios me hicieron fantasear en un futuro no muy lejano en el que pudiese costearme un viaje adonde sea que Soundgarden se acercase a dar un concierto, pero meses después la banda se separaría, destruyendo uno de mis sueños en el proceso.

En 1999, Chris Cornell sacó su primer disco solista, Euphoria Morning (retitulado años despues como Euphoria Mourning lo cual, nuevamente, adquiere hoy otra connotación). Al igual que la mayoría, “Can’t Change Me” nos ilusionó. Y nuevamente, Cornell no fue nada predecible y el resultado fue maravilloso. “Flutter Girl”, “Preaching the End of the World”, “Moonchild”, todas decididamente mas ligeras, orgánicas y melódicas, lograban destacar el protagonismo absoluto de la voz de Cornell.

Pero sería “Follow My Way” la que con su necedad absoluta por subestimarse, ganaría un espacio gigante en mi setlist personal eterno. La vulnerabilidad de Cornell es admirable: “Little one dont be a fool / Im a wreck when I look mighty / In euphoria Im bruised / In confusion next I’m lightning / In complacence I am small / Through oblivion I charge”

La noticia de que Chris Cornell se juntaría con la mayoría de Rage Against the Machine levantó en mí una expectativa sin precedente. Para mí, esa noticia era aún mas interesante que Tapeworm (Maynard James Keenan & Trent Reznor). Cuando finalmente escuché “Cochise” por primera vez en el CineClub de la universidad, rodeado de buenos amigos, celebramos la existencia de Audioslave repitiendo la canción infinitas veces. Chris Cornell estaba bien, con nuevos amigos, haciendo temas explosivos y llenos de energía. El mundo era un poco mejor ahora. El video musical (dirigido por mi favorito Mark Romanek), lleno de fuegos artificiales, encapsulaba perfectamente la celebración necesaria.

Ignorando “Cochise”, “Doesn’t Remind Me” y “Original Fire”, la elección de singles de los tres discos de Audioslave rara vez se alineó con mis gustos. Yo prefería temas como “Somedays”, “Drown Me Slowly”, “Man Or Animal”, “Exploder” y “The Last Remaining Light”.

“What You Are” es probablemente mi tema favorita de Audioslave. Sencillo y necesario. Y  en ese coro glorioso, Cornell es, sencillamente, liberador. “Cause now I’m free from what you want / Now I’m free from what you need / Now I’m free from what you are”

Cornell siguió sacando discos solistas, que por diferentes razones no terminaban de conectar conmigo. Disfruté sin duda Carry On, Songbook y Higher Truth, pero no podía dejar de sentirle un aura de inseguridad que empañaba sus discos.

Y Scream, ese extraño y nefasto disco que sacó producido con Timbaland, creo que dice hoy en su fracaso mucho más de lo que pensamos. Yo siempre he apoyado la experimentación y defiendo muchos cambios radicales de artistas. Pero en este caso, el cambio no parecía responder a algo en lo que Cornell tuviese el control. En esos días Cornell parecía un maniquí sin vida (aún HOY, no puedo linkear el video de “Part Of Me” por esa razón), con ojos vacíos, como cumpliendo ordenes de un conjunto de tipos que no sabían bien que hacer con una leyenda viviente del rock, ahora experimentando con el pop. Yo genuinamente me preocupé por Cornell. “Crisis de la mediana edad” es una salida fácil. Yo sinceramente creo que Cornell no tenía rumbo alguno.

Claro, luego Cornell sacaba el temazo “You Know My Name” para Casino Royale y de repente el mainstream no le lucía tan mal. Yo olvidé, como el resto del mundo, esa llamada de alerta que fue Scream.

La voz de Cornell, por otro lado, me seguía siendo esquiva en vivo. Audioslave se separó en el 2007. Cuando fui a Cuba años después, me tome ESTA foto con la única finalidad de expresar que ese lugar, muy vacío, había albergado varios meses atrás un concierto histórico de Audioslave.

En el 2010, gracias a mi presencia en foros online, supe del concierto secreto/reunión sorpresa de Soundgarden y obtuve invitación para el show, con una entrada de precio prácticamente simbólico. Sin visa, ni dinero y a miles de Kms de distancia, observé con tristeza la página web con los tickets disponibles para ese show de Nude Dragons, el anagrama que usaron para despistar.

Pero Soundgarden finalmente regresaría y lo haría con King Animal, un discazo que mostraba lo intacto que se mantenían los cuatro de Seattle. Con una luz mas positiva que de costumbre, temas como “Been Away Too Long”, “Non-State Actor”, “By Crooked Steps”, “Bones Of Birds” y “Black Saturday” se convirtieron rápidamente en indispensables.

Pero de todas las canciones de King Animal, la que no pude sacarme de la cabeza nunca (mucho menos hoy) fue “Halfway There”. Aparentemente una canción simplona, esta fue la primera vez que detecté en la voz mas vieja y quebrada de Cornell, la necesidad de mirar hacia atrás con nostalgia. “And how far is halfway there? / I Didn’t see you on the trail now / But “almost” become “good enough” / Should a good life be so hard won? / Is that what our dreams have become?”

Finalmente, en el 2014, cumplí mi sueño de ver a Soundgarden en vivo. Era el cierre del Lollapalloza Chile 2014 y Arcade Fire no terminaba de callarse con su “Wake Up” eterno. Esa espera de 20 minutos fueron las 2 horas mas largas de mi vida.

Y finalmente sucedió. A ratos descalzo y gritando, disfruté de dos horas y media inolvidables y 21 canciones perfectas. Un chulito bien marcado en la lista de vida. Uno que tenía 20 años pendiente.

Cornell, hace menos de 20 horas, cantó su última canción: “In My Time Of Dying” de Led Zeppelin. Horas después, lo han encontrado muerto en la habitación de su hotel. Aparentemente se suicidó, ahorcándose.

Por supuesto, su sorpresiva muerte y todas sus implicaciones las he sentido profundamente, como la de un familiar querido.

¿Ilógico? No. Así funciona el arte. Tengo más de 20 años escuchándolo retar al abismo. Lo escuché envejecer, mientras yo mismo soltaba algunas canas. Su vulnerabilidad me ha hecho sentir mi propia mortalidad. ¿Estaré yo “Halfway there”? o cómo Cornell, ¿estaré muchísimo mas cerca del final de lo que espero?

Cornell es mi íntimo amigo desconocido, uno de los poquísimos que tengo. Y sé que como yo, hay miles que morirán profundamente agradecidos por haberlo escuchado.

 

“No Ballot Box Selfies”

“No Ballot Box Selfies” (No Selfies en las urnas de votación).

Eso fue lo primero que vi en la TV, hoy 8 de Noviembre, dia de las elecciones en Estados Unidos.

Todo comenzó con Justin Timberlake. Faranduleó y colgó en Instagram un selfie del momento de su voto.

screenshot-2016-11-08-15-14-10

Minutos despues, NBC, CBS y quien sabe que otra cadena de TV, estaban haciendo un recuento de cuales estados permitían o no el “Ballot Box Selfie”.

Syyyyyymbolism?

En los últimos días he conversado con algunos viejos amigos, conocidos y ex-blogueros de diferentes tendencias políticas acerca de las elecciones en Estados Unidos. De todas esas interacciones, me ha quedado claro que a ese puñado muy diverso le interesa mi opinión al respecto.

Entiendo que les interesa no por mi inexistente autoridad intelectual. Soy un carajo de 35 años que aún no tiene la mas puta idea de como lograr mis -probablemente irreales- metas y he cometido el “error” de no tener nunca una lealtad política incondicional que me ayude a tener conexiones y estabilidad. Por ende, mis opiniones, aunque siempre tendiendo a la izquierda, rondan el area gris y tibia y son demasiado chavistas para los opositores y demasiado blandengues y sospechosas para el chavismo. Soy una especie de paria, que además vive en supuesta contradicción y condena moral por estar viviendo en uno de los países mas imperialistas del mundo.

El interés, evidentemente, tiene que ver con un asunto geográfico. Tengo un año viviendo en Chicago y aunque me quedan pocas semanas en este país, estaré sin duda en el antes, durante y después de este hostil, superficial y falaz proceso electoral. Soy una especie de outsider que al parecer puede dar una radiografía coloquial y un poco mas fresca de lo que sucede.

Por supuesto, los decepcionaré ligeramente. No tengo ningún tipo de interés en hacer análisis, pegar estadísticas o hacer predicciones políticas. Por eso tampoco esperaré a que declaren al(a) ganador(a) para agregar un párrafo extra.

La verdad es, tengo meses haciendo puro escapismo. Es la única manera de conseguir felicidad estos días.

Y es que, sinceramente, ¿quieren saber como respiré “el aire” electoral en este país? Pues a través de la manera mas “gringa” y disponible posible: la TV y las redes sociales.

Inicié este “Election Day” haciendo lo que mejor sé hacer: procrastinando. Sabiendo que Snapchat iba a reducir las elecciones a un puñado de filtros vergonzosos, me enfilé al fantasma con fondo amarillo.

Snapchat, por supuesto, no decepcionó y la pena ajena estuvo garantizada:

 

En la calle, la gente tiene semanas deseando que esto termine ya. Quiere sencillamente conocer el nombre del siguiente presidente/presidenta para saber si debe odiar, apoyar o ignorar a la nueva figura en el poder. Como quien pregunta si finalmente los Cubs ganaron la Serie Mundial o fueron esos malditos Indios de Cleveland.

La enorme mayoría de la gente que he conocido que ronda mi edad de vaina saben que Trump y Hillary se están peleando el puesto, y eso porque ha sido una de las elecciones mas sensacionalistas y mediatizadas de los últimos años, gracias a una estrella billonaria de la Reality TV y una de las figuras mas sobresalientes del Status Quo mundial.

Pero hasta allí. Muchos de ellos no tienen el mas mínimo interés en ir a votar. Y no me refiero al voto consciente de abstención. No. Simplemente, el votar es un plan aburrido que no tiene nada que ver con ellos. Es esa invitación al Baby Shower de una prima segunda a la que tienes 20 años sin ver.

Es por eso que ya ni recuerdan a cual republicano fue el que venció Obama en las últimas elecciones o como estuvieron los debates presidenciales. Mucho menos tienen presente cosas como los taxes de Trump o los e-mails de Hillary.

La apatía del “average joe” joven impresiona. La política es una cosa lejana, allá, que no los involucra de ninguna manera. Es una ignorancia estructural que NADA tiene que ver con bajos coeficientes intelectuales. No. Es que no sólo no se sienten involucrados de ninguna manera, sino que no desean en absoluto ser involucrados. La desconexión del poder con su cotidianidad es total. A ratos uno no sabe si están completamente perdidos o por el contrario, están clarísimos de su situación. Supongo depende del nivel de idealismo del día.

Para los que están un poco mas involucrados, el mondongo Mccarthiano es una maravilla. Para muchos simpatizantes de Trump, Hillary es una corrupta y falsa hippie comunista mata bebes. Para muchos simpatizantes de Hillary, Trump es una figura populista similar a Chávez que además es amigo de Putin, por ende: rojo peligroso.

Lo que ya sabemos. Con Trump se teme una oleada interna de racismo, misoginia y clasismo mucho más institucionalizada y oficial. Con Hillary, expansionismo sangriento y corrupto.

4791335_6f298a08f396aabf87f2af5da6efd4e2

Nasty Woman vs. Bad Hombre. Alien Vs Depredador. Muerte o Suicidio. Giant Douche Vs Turd Sandwich.

Para mi, la diferencia entre un candidato y otro es que, con Trump, estaremos mas cerca del Presidente Dwayne Elizondo Mountain Dew Herbert Camacho (Idiocracy) y con Hillary estaremos mas cerca de… bueno, nuevas Guerras Mundiales.

Trump es un bully frente a las cámaras. Hillary es un bully detrás de las cámaras. Ambos han demostrado ser aún mas grotescos cuando creen que no los están capturando (“grab em by the pussy” / “we came, we saw, he die”).

Pero, como sabemos, ha sido Trump quien ha marcado el tono.

Los animadores de los Late Night no pudieron superar la comicidad de la realidad. Hacia el final, ya los chistes de Trevor Noah, Stephen Colbert y Seth Meyers lucían débiles y poco contundentes comparados con la monstruosidad de falacia que es Trump (Hillary, repito, es Status Quo. A ella nada). A Larry Wilmore, quizás el host mas político de todos, le cancelaron su “Nightly Show” hace meses (Demasiados “black issues” pa los ratings de Comedy Central, al parecer). Jimmy Fallon, James Corden y Jimmy Kimmel son básicamente carajitos tocando xilófono con celebridades. Del montón, creo que sólo John Oliver y SOBRETODO Samantha Bee destacaron, gracias a su furia e indignación rampante.

source

Y es que Trump, como sabemos, fue ese chiste absurdo que, sin dejar de serlo, se hizo realidad. John Oliver se arrepintió públicamente por haber bromeado hace meses acerca de que el estaba dispuesto a pagar para que Trump lanzara su candidatura en aras del humor.

South Park, que hace meses inició su temporada asesinando a Donald Trump y colocando en ese rol al profesor Garrison, ha tenido que hacer malabares absurdos (y fallidos en algunos casos) para seguir girando sus tramas en torno al millonario, básicamente transformando a Garrison en Trump.

screenshot-2016-11-08-15-36-31

Lo mismo SNL. Donde la elección de “freelancear” a Bernie Sanders con Larry David en vez de darle el rol a alguien recurrente del cast, les dio resultado, con Trump la cosa sigue siendo complicada. Cambiaron a Darrel Hammond por Alec Baldwin y de ganar Trump, finalmente tendrán que darle el rol a alguien del cast.

Y aunque la apuesta de SNL es claramente “all in” con Hillary, explotando a Kate McKinnon para mover adelante su agenda claramente demócrata, en el último programa pre-elecciones, SNL cambió el tono y empezó a “pedir cacao”, apelando a la reconciliación y la unidad. Quizás anticipando un escenario mas cerrado, donde la brecha ganadora de Hillary ya no es tan contundente.

screenshot-2016-11-08-15-39-10

El miedo a Trump es real. Ha logrado movilizar a entertainers insospechados, que mas pesimistas que nunca se han lanzado a la tarea de hacer públicas sus opiniones.

Hoy me sorprendí al leer a la leyenda hardcore de la lucha Mick Foley (Mankind, Cactus Jack) haciendo una movida que, mínimo, debe catalogarse como valiente. Hablándole a todos esos “hombres blancos” fanáticos de la WWE (que sí, son mayoritariamente conservadores), les ha rogado que no voten por Donald Trump. Aguante los mensajes de odio en Facebook.

screenshot-2016-11-08-15-17-35

Al final, la industria lo que está es asumiendo la tendencia actual. Hay publicidades de ofertas especiales por el “Election Day”.

Ana Navarro, la republicana latina adoradora de Reagan que odia a Trump es la estrella emergente de este proceso. Navarro es una crowdpleaser absoluta cuyas contradicciones son adoradas por todos los productores de los programas en los que ha aparecido, con tal de que recuerde con la voz mas alta posible, cuan racista es Donald Trump. Y no oculta en absoluto cuanto le gusta hacer dinero con cada invitación. Ya la veo en The View o como candidata presidencial en cuatro años.

Hasta Marilyn Manson ha vuelto brevemente al foco arrancando hojas de una biblia y decapitando a Donald Trump al mejor estilo de ISIS. Todo, acompañado de la declaración de que no va a votar por nadie, ya que no hay mayor diferencia entre la mierda de perro y la de gato. Por supuesto, su disco nuevo, “Say10” sale en pocas semanas.

screenshot-2016-11-08-15-31-11

Los activistas (ñangaras) con los que he conversado, están básicamente esperando que esto termine. La agenda es seguir trabajando por los derechos civiles, como el movimiento “Black Lives Matters”. Lo harán con Hillary aprovechando el yunque a la izquierda de Bernie Sanders o lo harán con Donald Trump, cuyo antagonismo sin duda será mucho más movilizador.

Pero sí, ignorando a los seguidores mas fanáticos de lado y lado, aquí no hay mayor esperanza. Sólo la posibilidad de un “menos malo” que logrará mantener a flote el país ante la amenaza horrible y apocalíptica que representa el contrincante.

Por ahí está rodando una intervención a lo “They Live” de la portada mas reciente de Time Magazine:

tumblr_og6vzay2h41qfzcnbo1_500

Es una creativa adaptación, sin duda. Pero a mi me parece mas pesimista y aterradora la portada original:

image002

Las elecciones como tendencia están terminando. Y con esa tendencia muriendo, una nueva se percibe en el horizonte, dispuesta a aprovechar el Thanksgiving y las navidades. Una que promete ser aún mas viral, tratando de seguirle el paso al “Harlem Shake” y al “Ice Bucket Challenge”.

Me refiero a el “Mannequin challenge” (el reto del maniquí) donde las personas se quedan paralizadas mientras la cámara graba y graba todo alrededor.

Me disculpan el simbolismo barato, pero es que coño, estaba allí impelable.

MVP: Mi pana Kenneth.

You're fucking out!

You’re fucking out!

Yo no veo series de televisión.

Eso es una mentira. Si las veo, pero no religiosamente. Soy de los que aún tienen que reconocer (afortunadamente) que la televisión está dando cabida a experiencias narrativas más satisfactorias que aquellas que ocurren en el cine (lamentablemente).

Ese largo alcance que tiene el lenguaje televisivo terminó siendo una bendición para la experimentación dramática. Pero bueno todos vimos (o estamos por ver) LOST, Breaking Bad, Sons of Anarchy… ya saben a que me refiero. Todos, conscientes o no, estamos disfrutando más de la televisión que del cine.

Creo que esa intimidad de la televisión es, además, otro de sus fuertes. De hecho me hace recordar de una u otra manera esa relación que establece uno con un libro cuando lo lee. Mientras que la experiencia de ir al cine (no tanto ver películas en casa) está más en el apartado de experiencia social y colectiva, ver una serie de televisión es como tirar con alguien sabiendo que en algún momento ya no lo harás más.

Quizás pasa que en medio de esas jornadas de fornicio te das cuenta que esa compañera(o) es un mal polvo, así que sin más dices adiós y dejas la serie por la mitad. Te ha decepcionado. Hay otras que son básicamente una enfermedad, no puedes sino pensar en la próxima vez en que se empiernarán. Incluso cuando estás ante el último polvo (el capítulo final) no haces sino pensar en lo satisfactorio que ha sido todo ese tiempo al frente de la pantalla viendo que coño pasa con esos personajes a los que conoces tan bien como tus amigos, familiares o parejas.

No sé si se debe a mi romanticismo rancio, pero siempre, consciente o no, termino sublimando cosas que no deberían ser sublimadas (o mejor dicho que normalmente no se hace). Cuando aquí se escribió sobre James Gandolfini-Tony Soprano, más allá de ser un genial obituario para un actor que (hasta donde yo sé) Greg-whory no conoció, por momentos sentí que le hablaba a un amigo, de la ficción, pero un amigo al fin.

Bajando pantaletas desde 2009

Bajando pantaletas desde 2009

Es cierto, para muchos ver series es un pasatiempo, para otros, nosotros los intensos, es otra cosa. Comencé a escribir esto mientras espero que el capítulo final de Eastbound and Down esté en torrent para poder bajarlo y reirme como nunca. Ignoro si es una broma cruel del destino pero últimamente navego en aguas igual de turbias a las que recorría cuando comencé a ver la serie, hace ya cuatro años.

Quizás no parezca tanto tiempo pero la experiencia me ha confirmado que la vida cambia con cada respiro. A veces cambia tanto, tantas veces, que regresa a momentos que uno cree ya superados. Olvidados.

Pero bueno, esto en teoría es sobre Kenny y no sobre mí. Aunque creo que hay algo de mi en ese personaje. Ahí radica, creo yo, su atractivo. En su humanidad que lucha por salir en cada episodio. Y la crueldad de sus comentarios, el inmenso monstruo de ego con el que tiene que cargar, y el dolor de no lograr lo que quiere (o no poder mantenerlo) se magnifican tras la ingenuidad que parece enceguecerlo el 99% de sus días.

Capítulo tras capítulo, Kenny hace exactamente lo contrario a lo esperado o a lo lógicamente correcto para alcanzar lo que quiere. Es básicamente una gran y empinada cuesta desde el primer momento. Todo te indica que fracasará. ¿cómo no seguir a un carajo así? No importa lo horrible persona que sea, muy en el fondo, queremos verlo triunfar. Aunque todo no sea más que una distracción para la lucha real, que es, naturalmente, contra si mismo.

Recuerdo que estaba en Malasia, al otro lado del maldito mundo, en un país engañosamente amigable, recién separado y con un exámen interminable de las decisiones que me habían llevado hasta allá. Recuerdo que lo único que hacía era maldecir desde las elecciones más pequeñas hasta las más importantes. Todo indicaba que seguir mis instintos me había llevado a un lugar desagradable. Para cuando todo esto pasaba por mi cabeza no había ni siquiera llegado la hora del almuerzo.

Por lo menos no perdí el ímpetu de ver películas, el único mál hábito del que no me arrepentí ni me arrepentiré jamás. En jornadas interminables de mi trabajo de primate el youtube era mi mejor amigo.

Un día como cualquier otro esto se me cruzó:

Y reí.

Recordé como reir. Que intenso está esto, pero no hay otra manera de decirlo. No, mi vida no mejoró milagrosamente de la noche a la mañana porque vi un capítulo de Eastbound and Down. Pero negar que este bastardo puso su granito de arena sería una omisión sacrílega. El arte, después de todo, tiene el poder de transformar. That’s right, I just called Eastbound and Down art.

Díganme si esos 62 segundos no son sublimes. Apenas un minuto y ya pensaba: “¿Quién coño es este tipo? Quisiera invitarle una cerveza”. Y aunque las posibilidades físicas de tal encuentro son inexistentes, básicamente Kenny se convirtió en mi pana por el resto de mi estadía en la capital de la federación malaya.

Si, este es ese tipo de textos que buscan, inutilmente, rendir tributo a personaje ficticio. Y no es que no haya hecho algo como esto en otras ocasiones, ocurre todo el tiempo. Porque es imposible tener un pana como Kenny Powers y no presentárselo a tus otros amigos en este plano. En algunas ocasiones ya lo conocían, entonces no queda más que reirnos al unísono de las locuras, los excesos y el dolor de La Llama Blanca. En otras también es un descubrimiento para ellos, y como yo, también vino a alegrales la vida por unos segundos. Eso es lo mejor que no aspira a nada más. Se contenta con unos pocos segundos de nuestra atención.

Les reto a ignorar el pathos en esta mierda:

En unos minutos veré el último capítulo (espero que esta vez sea cierto y no como el coitus interruptus de la 3era. temporada) de Eastboud and Down. Es aquí donde le digo a todos los que leen esto que vayan y la vean, que es buena, que divierte, blah, blah, blah…

Tu desconocido (si hay alguien a parte de nosotros los autores leyendo este blog) hazte un favor y busca a Kenny.

Si no lo haces… you’ll be out. Fucking out.

pd. Prometo algún día escribir sobre el alter-ego de Kenny: el gran Danny McBride. Mientras los dejó con el genial Freddie King…(espero que alguno de mis amigos tenga la decencia de colocar esta canción en mi funeral)

Andanzas de LosDiosMíoMen: Recoge tu gallo muerto

Pocos planes urbanos se han basado en tanta crueldad animal simpática.

“Epa, te buscan dos mechúos” le informaron a Juanito a muy tempranas horas de esa mañana. Era lo primero que había que hacer: violar la intimidad de Juanito, entrando en su habitación y obligándolo a despertarse y asear su sucia humanidad. Mientras lo hacía a regañadientes, Albinson y yo revisamos sus cosas buscando secretos asquerosos y fotos de mujeres desnudas prometedoras. Nos topamos en cambio con buenos libros y mejores películas. Decepción.

Nos enfilamos a buscar a Eugenio, quizás el mas descontextualizado del asunto. Con los cuatro a bordo, y con Eagles of Death Metal de fondo musical, empezamos la búsqueda de “la gallera de El Silencio”.

Albinson empezó a desplegar su magistral técnica periodística basada en gritar hacia indigentes trasnochados y escandilados, por direcciones. Todo esto desde la comodidad del carro y anteponiendo siempre el título de “maestro”.

“Maestro, ¿la gallera?”

“¿Gallera?” – respondió uno.

“Maestro, ¿la gallera?”

 “¿Ah?” – respondió otro, mientras doblaba su cartón-cama y olía su mano, la cual segundos antes había rascado sus nalgas.

Cuando le dijimos a Albinson que quizás ese no era el mejor “target” para buscar información, replicó con “seguro ellos saben”SEGURO ELLOS SABEN. Un indigente promedio lo que ha hecho es tomar decisiones equivocadas en su vida reciente, pero según Albinson, SEGURO ELLOS SABEN.

Albinson decidió entonces llamar a alguna persona con nombre extranjero (¿”Hans”?), para verificar la existencia de una gallera en pleno centro de Caracas. Por supuesto, no recibió respuesta alguna.

Lancé entonces una idea revolucionaria: ¿Que tal si nos bajamos del carro, caminamos hacia alguna taguara y preguntamos?. Mi estrategia seguía el mismo patrón pseudo-clasista de Albinson, pero de seguro tendría mejores resultados. Primera taguara, primer balbuceador alcohólico. Dimos con el sitio.

Es 24 de julio, fecha patria. Simbólicamente, hay peleas de gallos ese día. Mucho envite y azar. Cartas amarillentas, mezcladas con billetes. Pocillo e locos moviendo dados, mezcladas con billetes. Botellas de cerveza, mezcladas con billetes. Diversión. Entiendo el alcoholismo y la drogadicción, una vez mas.

En el minicoliseo la regla es simple: 20 minutos, dos gallos y cientos de gritos, buches de cerveza y dinero apostado.

La primera pelea es entre un gallo blanco llamado “Gallino” y un gallo negro llamado “Santa Ciara”. Gallino dominó fácilmente la acción. Fue doblegando a Santa Ciara en cada picotazo. Ya al minuto 10, sabíamos que había ganado la pelea. El gallo negro, derrotado, con la cabeza ensangrentada y abierta, pasaba mas tiempo en el piso que picoteando. Gallino incluso pisoteó varias veces el cuerpo de Santa Ciara, claramente superado y humillado.

Sin embargo, los gritos apostadores no cesaban: “Ese no LO pierde” “la mitad a que no LO pierde” “Si LO pierde”. No entiendo. Era obvio que el gallo negro ya había perdido. ¿Que mas querían? Infiero entonces lo mas macabro: La pelea es a muerte y si un gallo NO LOGRA MATAR AL OTRO, NO GANA.

La realidad, sin embargo, es ligeramente diferente y me sorprende gratamente. Los 20 minutos han pasado y el gallo triunfador es sacado del ring. En el piso, yace inmóvil el gallo negro, derrotado. ¿Está muerto? No creo. Pero ciertamente, se mueve muy poco. Uno de los hombres agarra entonces otro gallo marrón y se lo acerca al casi-cadáver de Santa Ciara. Silencio. Suspenso. El gallo marrón pica. El gallo negro reacciona violentamente, poniéndose en pie y atacando por un segundo, antes de desplomarse nuevamente. El público estalla en celebración. Yo mismo grito un visceral “¡nojoda!” mientras agito el puño. El gallo negro, aún después de haber recibido una soberana paliza casi mortal, no ha perdido “el valor”. Y ese es el climax de la pelea. Es lo mas celebrado. El corazón. El valor del vapuleado. Todo tiene mas sentido ahora. No exagero.

A Santa Ciara se lo llevan. Necesito saber su destino. “no chico, ese gallo se va a recuperar rapidito. Se recupera y lo ponemos como semental, a poner crías. Es un buen animal, con valor”.

Como buen andino del demonio, Albinson logra con una facilidad envidiable que nos brinden cervezas a todos. Saboreando el gratis licor, me alegro por el destino sexual del gallo Santa Ciara. Lo imagino con lentes oscuros y rodeado de muchas pollitas. Un Clint Eastwood feliz, en el ocaso de su vida. Creo que hasta eructé y me rasqué la barriga con esa imagen mental.

La siguiente pelea me aburre. Uno de los gallos huye al conflicto y trata desesperadamente de escapar. Algo alcoholizado y frustrado por la poca violencia de ese combate, grito algo como “saquen a esa gallina de allí, píntenla de rosado, najada”, logrando que la gente se ría y celebre mi chiste machista. Entiendo entonces que ya cumplí mi misión aquí y es hora de irme.

Me voy pensando un poco en el derecho de esos animales a una vida digna y eso. Interrumpo mis cavilaciones junto en el momento en que me da hambre. Nos ponemos de acuerdo y par de horas después, engullimos con fruición chorizo, morcilla, vacío y una colita de cuadril. Todo con chimichurri y sazón uruguaya.

Sí, tengo sangre en mi mente y ahora en mis manos y en mis dientes. Pero no me ladillen, Santa Ciara vive feliz, con sus pollitas, sus lentes oscuros y sus cicatrices de guerra.

Y sí, si hay lentes oscuros para gallos.

Destino Cambodia: Cerveza y saltamontes.

Agua.

Agua.

Y entonces me di cuenta, a donde quiera que mirase sólo había agua. Era una sensación similar a la que tuve los días anteriores cuando entendí que lo único que me rodeaba era jungla.

Así como pedalear 4 horas por las carreteras de Siem Reap y entender que lo único que te rodean son campos de arroz. Y mierda de vaca. Y arroz.

La experiencia ciertamente es nueva. No el pedalear. Eso ha sido mi terapia por los últimos 5 meses. He pedaleado dos veces al día, todos los días desde mi casa hasta el trabajo y viceversa. Era eso o tirarme por la ventana. Pero hoy no soy ese, hoy no estoy ahí.

Hoy estoy pedaleando en una carretera a las 4 de la tarde.

Diminutos

Diminutos

Quizás esto también es parte de mi terapia. Quizás a veces uno necesita sentirse realmente diminuto. Como un grano de arroz. En un campo inmenso en medio de Cambodia. Y de repente todo parece tan relativo. Todo es tan pequeño, tan diminuto.

El final del trayecto no lo decido yo. Lo decide el maldito cansancio. En este país del coño, el sol brilla y te tumba. No hay kioskos a la vista. Olvida la Coca-Cola. Gracias a Buda existe una cerveza local. Orgullo del pueblo de Cambodia.

-Angkor Beer, is it really cold?, le pregunto al pana que me atiende.

-Yes sir, very cold.

‘Tráeme una. Rápido.’, le digo. Se ríe. ‘Otro turista loco’, estoy seguro debe pensar. Extrañamente no me siento como turista. Esta es mi terapia. Es una excentricidad casual y del azar. Me toca enfrentar mi neurosis en un bar de hamacas en medio de un campo de arroz. Pienso en el desprendimiento, en el desamor y en las malditas hamacas del bar. ¡Un puto bar de hamacas!. ‘Esta es la mejor idea del mundo’, pienso. Hago notas mentales: ‘Abrir un bar de hamacas en algún momento de mi vida’.

Cerveza

Cerveza, the last cup of sorrow

Un olor agradable llama mi atención. Pienso ‘coño en esta vaina no venden nada para picar’. Le pregunto al mesonero:

-What’s that smell?

-Fried Grasshoppers sir, you want?

-Just another beer. Thank you.

Voy a dejar a las proteínas fuera de esta terapia (por ahora). Cue ‘The Last Cup of Sorrow’.

17 de Septiembre de 2010. Siem Reap, Cambodia

¡Adiós Tony!

Hace unas horas me enteré de la muerte de James Gandolfini, ese formidable actor que le dio vida a Tony Soprano, personaje icónico de la cultura moderna. Sin embargo, la empatía o el “duelo” que me embargó me dejó perplejo. Esa tristeza por un “piazo de actor” que murió sin tener ni idea de mi existencia, desafiaba mi lógica. Hasta ridículo me sentí cuando empecé a explorar ese sentimiento. Incluso hice algún chiste idiota sobre el juego de fútbol entre Italia y Japón y la muerte de Gandolfini. Mecanismo de defensa.

No creo en ídolos y desde siempre he tenido gravísimos problemas con la autoridad. No me considero seguidor de nadie y hasta a los mas respetados seres humanos les busco por igual su luz y su sombra, para intentar, de hecho, humanizarlos en su justa medida.

Poco a poco fui entendiendo que mi relación con The Sopranos es mas fuerte de lo que había hecho consciente. Creo que no ha habido otra serie de TV, película ni personaje que me hayan brindado tanta compañía, camaradería y herramientas en diferentes etapas de mi vida.

Como adolescente que se respete, tuve serios problemas de comunicación con mi padre.  La relación llegó rápidamente a niveles insoportables y tuve que rápidamente buscar jamás volver a depender económicamente de él y bajarlo del pedestal de padre con una bazuca. Durante esos jodidos años de búsquedas, fracasos económicos, sentimentales y profesionales, siempre me refugié en la ficción. Y Tony Soprano y sus dos familias, desde 1999, fue una de las constantes en mi vida.

Ahora lo veo un poco mas claro. Tony, canalizado por Gandolfini, Chase y el escritor/director de turno por episodio, fue un modelo a seguir. Su seguridad y liderazgo aplastante siempre fue irresistible. Su misoginia natural, un elemento de entretenimiento. Su sociopatía latente, una herramienta. Sus buenas intenciones devenidas en crimenes violentos, el mecanismo de defensa perfecto. Y todo, por supuesto, una gigantesca alarma de lo que NO se debe hacer. Un desglose de los mitos de la masculinidad. Lo que realmente significa querer ser y proyectar ser el macho alfa. Los sacrificios y los riesgos de la mentira como atajo para tomar las riendas de la vida. La doble vida que te llevará irremediablemente a tener ataques de pánico y buscar desesperadamente ayuda con un psiquiatra. Creo pude tomar perfectamente lo que necesitaba de Tony Soprano, porque, al igual que él con la Doctora Melfi, tuve una práctica enorme de argumentación, actuación y estrategias sociales con un psiquiatra, mi padre.

Tony trascendía en el plano real. En una oportunidad Albinson Linares, hermano del alma y amigo incondicional, fue a visitarme justo en el momento en que HBO estaba estrenando un capítulo de The Sopranos que no tendría pronta repetición.  Recuerdo haberle informado tajantemente a Albinson que antes de salir a planificar la maravillosa ingesta de licor de turno, vería el capítulo. Primero Tony, luego mis amigos reales.

Paralelamente, The Sopranos entraba en mi configuración tambien como producto cultural. Yo apenas empezaba a avisorar lo que quería hacer con mi vida profesional y tuve la enorme suerte de haber tenido la mejor serie de TV de todos los tiempos como influencia técnica. Personajes bien escritos, dirigidos e interpretados que crecieron durante 8 años.

Pasaron los años y empecé a tener mayores libertades y problemas de adulto joven. Tony seguía allí, ya no siendo una figura paternal, sino lentamente convirtiéndose en un aliado lúdico. Mi escape de la realidad era realmente una terapia maravillosa. Durante una época solía salir del trabajo, comprar un sanduche italiano en subway (si, italiano), regresar a mi mini-habitación de recién llegado a la capital y cenar viendo par de episodios de The Sopranos en DVD. Y era la gloria. Quedaba repuesto y listo para salir nuevamente a la calle a entretenerme o a trabajar.

Cuando The Sopranos terminó con ese corte a negro abrupto en el 2007, tuve las repeticiones, mis DVDs y la esperanza lejana (que realmente no era prioridad) de que en algún futuro distante Tony Soprano/David Chase /James Gandolfini nos contarán un epilogo. La muerte de Gandolfini ha eliminado de raíz esa posibilidad. Y es ahora que entiendo que, de alguna manera, ya vi todo lo que podía ver de la vida de Tony Soprano. Entendí entonces el sentimiento.

Hay un verdadero duelo cultural por un amigo ficticio, un modelo a seguir y huir. Un adulto que envejeció y que quiso domar la vida a punta de pistola. Y que, ahora, con su contraparte real en otro plano existencial, ha trascendido a status de leyenda.

Así que, en agradecimiento por esta ficticia pero muy concreta y larga amistad, sólo me resta despedirte, con nostalgia y respeto.

¡Adiós Gandolfini! ¡Adiós Tony! que William S. Burroughs te reciba en el mas allá recitándote “Seven Souls”, esa maravillosa pieza que deja en evidencia la huella imborrable de tu presencia en la vida de otros.

Lollapalooza Chile 2013, Día 2

Despertamos tarde, después de unas pocas horas de sueño maravilloso y restaurador. Tras par de sanduches caseros baratos y la TV chilena mostrando mas a Bachelet que a Piñera, nos enfilamos nuevamente al metro para llegar al Parque O’Higgins.

Llegamos justo cuando Keane empezó su set. Decidimos entonces pasar un momento hippie-picnic, con mi manta ganadora. Fue uno de los momentos más bonitos del festival que incluso inmortalicé en un video cursi que tengo en mi flickr. Sonaron todas mis favoritas, incluyendo “Everybody’s changing” y “Is it any wonder?”. Recordaré por siempre a un muchacho en silla de ruedas que se agitó y emocionó como nunca cantando “Somewhere only we know”. Cerraron la tanda con “Crystal Ball” y nos pusimos de pie.

Aquí nuestro grupo empezó a separarse, teníamos diferentes prioridades. Nathaly y yo nos enfilamos a ver a Mike Patton en uno de sus proyectos más duros y experimentales, Tomahawk. Esta banda es un trabuco conformado por el baterista John Stanier (Helmet y Battles), el guitarrista Duane Denison (The Jesus Lizard), el bajista Trevor Dunn y por supuesto, Mike Patton (Faith No More, Mr. Bungle). Arrancaron el set con “Mayday”, “God Hates a Coward”, “Flashbacks” y la reciente “Oddfellows”. Patton, a diferencia de su persona como frontman en Faith No More, está siempre en el mismo lugar, atado a la responsabilidad maravillosa del teclado, que muchas veces es también un instrumento para distorsionar y modificar su versátil voz. Siguieron “101 North”, “Birdsong”, “Rape this Day”, “I.O.U” y “Capt. Midnight” y el ensamble estaba bien compacto. Lo que hace Stanier en la batería es admirable. “White hats /  Black Hats”, “Point and Click”, “South Paw”, “Totem” y “Laredo” para convencernos de que la organización del festival había puesto demasiado temprano a estos carajos. Que potencia y cuanta estridencia controlada maravillosa. Cerraron el set con dos covers: “How low can a punk get” de Bad Brains (guiño/espaldarazo de Patton perfectamente planificado, pues las leyendas del hardcore punk estaban a punto de iniciar su set) y “Just One More” de George Jones.

Llegamos al Playstation Stage justo a tiempo para las últimas canciones de Foals, a los cuales siempre había subestimado. Nuestro buen amigo Vemeko si los vió en pleno. En vivo son un trabuco intenso, pero divertido. Cerraron con “Spanish Sahara”, “Red Socks Pugie”, “Inhaler” y “Two Steps, twice”.

Luego vendría la razón por la que estábamos en ese escenario, en ese momento: Bad Brains. Rara vez se puede disfrutar de una banda legendaria con la facilidad y el acceso con la que los vimos. La estoicidad de H.R. como voz principal es impactante. Ya no es el desesperado y enloquecido de hace unos 30 años. Enfundando en un traje deportivo verde ADIDAS, guantes negros, dreads legendarios y una toalla blanca encima, HR lucía perfectamente como un mendigo demente, con atisbos de suerte y sabiduría. Empezaron su set con esas canciones hardcore punk de minuto y medio frenéticas y muy duras como “Attitude”, “Right Brigade”, “Sailin’ on” y “The Regulator”. H.R. seguía en su soliloquio desquiciado mientras su hermano Earl Hudson, junto a Dr Know y Darryl Jenifer descargaban la metralla y literalmente alborotaban el polvo en el público. Con “Jah Love”, “Give Thanks and Praises” y “Universal Peace”, Bad Brains bajó un pelo las revoluciones y empezaron a introducir sus temas más reggae, como “I luv i Jah”. Otros 4 temas más y cerraron genialmente la tanda con “Pay to cum” y la impelable “I against I”.

Ver a A Perfect Circle en vivo es una experiencia a ratos surreal. Tener al frente a una banda tan inestable en su formación y existencia, que pareciera sólo existir fugazmente sólo cuando han grabado sus 3 discos de estudio (¡en 14 años!), es medio mágico. Empezaron con el cover “Annihilation” de Crucifix, maravilloso tema que he escuchado hasta el cansancio porque además es el primerísimo primer tema de mi ipod desde hace casi 10 años. Mientras el legendario Maynard James Keenan desplegaba su gran voz y se condenaba a una mini tarima personal, hundida en un rincón, Howerdel, al frente del escenario, se relajaba sentado en el piso con una franela desgastada, tocando un pianito mínimo, cual Schroeder de Charlie Brown. Seguidamente, la oscurísima (pero pertinente, hemos fracasado como humanos) versión de “Imagine” de John Lennon y ahora si el James Iha (Smashing Pumpkins), Jeff Friedl y Matt McJunkins se acoplaban al ensamble. No está ya Lenchantin, ni Twiggy Ramirez ni Josh Freese. No son pérdidas irreparables. Siguieron “Weak and Powerless”, “The Hollow” y el cover de Depeche Mode, “People are people”. Maynard, con su eterno complejo de enano, se limitaba a pisotear con fuerza, agacharse, mover el micrófono y bambolearse, pero nunca bajó de su tarima personal. Luego vino la versión que NO me gusta de “3 Libras” (El Mix All Main Courses) y “The Noose”. Con “Blue”, la tarde empezó a caer hermosamente. Siguieron “By and Down” y una de mis favoritas, “Rose”. Con “The Package”, el momentum creado fue increible. Cuando explotó la canción, explotamos todos. Billy Howerdel se desplazó con gracia por todo el escenario con su guitarra, como chequeando todas las estaciones musicales, incluyendo el público. Luego procedó a gritar repetidas veces el Go back to sleep! del mantra maldito de “Counting bodies like sheep to the rythm of the war drum”. El fin se sentía cerca cuando tocaron “Passive”, de las mejores del set. Luego vino el cover de “When the levee breaks” como intro a la maravilla de “The Outsider”, donde nos volvimos locos todos. Fue el cierre. APC no hace encore. No nos cantaron “Judith”. Howerdel salió del escenario, muy agradecido y casi pidiendo disculpas. Maynard James Keenan ni volteó a vernos. Tomamos lo que pudimos y salimos satisfechos.

Corrimos al Playstation Stage a ver Los Tres, a quienes les sacrifiqué la primera media hora para poder ver el set completo de A Perfect Circle. El buen Vemeko si logró verlos desde el principio, por los que disfrutó de una ráfaga de clásicos uno tras otro: “Sudapara”, “La espada y la pared”, “La Torre de Babel”, “Hojas de té”, “Tírate”, “Déjate caer” y “un amor violento”. Ya era de noche y para llegar al escenario tuvimos que sortear un oscurísimo bosque lleno de árboles y humanos viendo hacia la luz. Llegamos cuando sonaba “La vida que yo he pasado” y Los Tres, héroes chilenos (Vemeko dixit), asumían un set más inclinado a la cueca. Así sonaron “El Arrepentido”, “Lagrimas Negras” y “Quien es la que viene allí”. Tumbados en la manta sobre la grama, tomamos el red bull chileno de turno mientras escuchamos “La Primera Vez” y “He barrido el sol”. Los Tres cerraron ese escenario con el cover de Buddy Richard “Tu Cariño se me va”.

Nathaly y yo vimos el reloj y sabíamos que teníamos tiempo. Nos tragamos OTRO de esos Red Bull chilenos cuyo nombre olvidé y prácticamente corrimos realmente drogados al LG Optimus Stage (una especie de Poliedro que está entre los dos grandes escenarios del Parque) para ver algo de esa leyenda del rap llamada NAS (entre mis top 5 de todos los tiempos). Llegamos justo a tiempo para verlo corear “Hate me now” con un infierno digital de fondo en las visuales y un público rebotando enardecido. Fue un medley de casi una hora donde aglutinó unas 20 canciones, que cerró con “One Mic”, con Phil Collins sampleado, como es el deber ser.

Salimos de la cúpula, a ver lo último del festival. Una hermosa fiesta electrónica a la vez colorida, pixelada y con muchas sombras. Al fondo, deadmau5 desplegaba su “Ghosts N’ Stuff” y el remix de “Killing in the Name” de Rage Against the Machine. Nos conseguimos finalmente a los amigos que habían sido molidos y escupidos el día anterior por la masa de Queens of the Stone Age. Siguieron sonando “Tetris”, “Closer”, “Raise your Weapon”, “The Veldt”, mientras nos alejabamos y compartíamos historias, como sobrevivientes de guerra. Franelas nuevas, stickers y más del Red Bull chileno. Deadmau5 terminó con “Strobe” y ya nosotros estábamos listos para, reunidos todos otra vez, ver a The Black Keys.

El dúo mas famoso del rock actual (con 4 músicos extras para el tour), ahora en su etapa de afeitadas correctas y cortes de cabello de estilistas, no comieron coba y empezaron su set con la canción más sobreutilizada en los trailers de películas de los últimos dos años: “Howlin’ for you”. Le siguieron “Next Girl”, “Run Right Back”, “Same Old Thing”, “Dead and Gone” y la maravillosa “Gold on the ceiling”. Nathaly se escapó una media hora para ir a la fiesta loca que tenía montada Steve Aoki mientras el resto veíamos como, tras esta primera tanda, Patrick Carney y Dan Auerbach mandaron a descansar a los otros músicos y tocaron “Thickfreakness”, “Girl is on my mind” y “Your Touch” (¡maravillosa!) old-school style, sólo el dúo dinámico maravilloso. La banda regresó completa para “Little Black Submarines”, “Money Maker” y una de mis predilectas, “Strange Times”. Carney y Auerbach, esos atípicos rockstars, siguieron tocando sin parar un tema tras otro. Así sonaron “Sinister Kid”, “Nova Baby”, “Ten Cent Pistol”, “She’s Long Gone” y “Tighten Up”. Cuando tocaron la aclamadísima por todos “Lonely Boy” empezamos a despedirnos del festival. Nos enfilamos lentamente a la salida mientras sonaba “Everlasting Light”. Habíamos salido ilesos gracias al amor por la música, la camaradería y los Red Bull chilenos esos. Los créditos de la película fueron con “I Got Mine”. Cero lágrimas, mucha alegría.

Así terminó nuestro Lollapalooza Chile 2013. Nuestro. Con ese sentido de pertenencia que trasciende el costo del ticket y los pasajes. El sentido de pertenencia de una experiencia única que se adapta a múltiples gustos. Y es que haciendo el balance general, nuestro amigo Eugenio Scalise nos comentó como una amiga de él había vivido un Lollapalooza maravilloso completamente diferente al nuestro. Ella vio bandas que nosotros ignoramos, boicoteamos o sacrificamos como Of Monsters and Men, Franz Ferdinand, Puscifer, Russian Red, Crystal Castles y Protistas. Casi no coincidimos en nada, pero al final todos nos fuimos felices y con chulitos importantes nuevos en nuestras listas de vida.

Playa Sinatra

sinatra

Para mi querido Jerome, claro está

Luego de los sucesos acaecidos en Ciudad de Toituna, necesité de un largo descanso. Desconectarme de las redes de la intriga y el poder era necesario para preservar el delicado equilibrio de mi psique maltrecha. Necesitaba unas vacaciones para curarme de otras vacaciones, me repetía con sorna mientras vagaba por todo el país sin un destino fijo.

Erré por inhóspitos desiertos, montañas y playas hasta que decidí parar en la isla, quería leer un poco y disfrutar de las comodidades de cierta civilización. Mientras me afeitaban con esmero y la loción me sellaba los poros con exquisito ardor se me ocurrió revisar el correo electrónico. Después de diez meses algo habrá, me dije con cierta alegría. Embutido en ropa térmica, con un cubalibre en la mano y un puro en la otra, sentía que cierto equilibrio volvía a mi existencia. La ausencia, el corte de la avalancha informativa con la que he atormentado mi cerebro desde que cumplí 13, había surtido el efecto deseado. Volví a sentir la curiosidad animal, el escozor neuronal por enterarme de ciertas cosas, por saber más. Como todo junkie, los adictos a la información necesitan de un shot diario constante.

Mientras fui periodista en mi peores épocas, que vistas en retrospectiva son consideradas por mis colegas como mis “tiempos de gloria”, necesitaba de catorce shots diarios que consistían básicamente en leer, enterarme, hacer mis notas y sugerir trabajos para los demás. Dormía sólo cuatro horas por jornada, justo las mismas en las que el espectro multimedia-radioeléctrico parecía bajar de intensidad. Sin embargo había alarmas conectadas para que me despertasen por si algún suceso o catástrofe acontecía. Por ello fui el primero en enterarse de la previsiones contra el maremoto que aisló a Caracas para siempre y de la epidemia bacteriológica salida del agua recalentada de los perreros de Plaza Venezuela que diezmó al 20 % de la población.

Ahora todo ello parece que hubiese sucedido hace un millón de años; pocos lo recuerdan y yo lucho por olvidarlo. Pero al sentarme frente al monitor y acceder al ciberespacio un breve escalofrío me recorrió desde las corvas hasta las yemas de los dedos: Sabía a lo que me enfrentaba, debía entrar y salir lo más rápido posible.

Tenía catorce mil mensajes sin revisar, por lo que estallé en carcajadas. Haciendo un descarte rápido me quedé con 550 que eran los que me interesaban. Mis pagos de editores, la ausencia a cuatro congresos en los que era invitado especial, niños que querían hacer sus tesis entrevistándome, en fin, lo de siempre. Hasta que conseguí un mail de Carlos.

Sólo ver su nombre me hizo sonreír. Siempre estaba asociado a rumbas pantagruélicas y aventuras raras pero, sobre todo, a una hermandad indestructible que editores, mujeres ni jefes pudieron disolver jamás. En su estilo escueto y directo, el que sólo empleaba conmigo y que nunca aparecía en sus libros escribió:

“Epa marico. Mira yo no sé que te pasa chamo, de verdad. Andas perdido como alma que lleva el diablo no contestas mails, no contestas el cel. Francamente. Miles estarían escribiendo el libro sobre lo que pasó en Ciudad de Toituna chamo, ¡por el amor de Dios!. En fin si lees esto a tiempo quiero que me acompañes a la boda de la hija de Franca. Sí me invitaron y no puedo decirle que no, además sabes que esa jeva fue importante para mi y no quiero emborracharme y terminar llevándome a la suegra de la boda jejeje. A decir verdad estoy como viejo para eso. ¡Plis llámame! la vaina es el 14 de septiembre en la isla, salgo de Caracas el 13 porfa… ¡don´t let me down bro!

C”.

Sigue leyendo

Lollapalooza Chile 2013, Día 1. Otro título sería pretencioso.

Estuvimos en Chile una semana y los dos únicos días donde hubo un solazo inclemente y veraniego fueron los del Lollapalooza. Eso marcó el precedente de cuan buen organizado (y con cuanta suerte contaron los organizadores) estaría el festival.

Acostumbrados como estamos los venezolanos a las largas y desesperanzadoras colas, la entrada para el Lollapalooza fue un paseo hermoso. Justo al salir de la estación del metro, divisamos la característica entrada con el nombre del festival abombado.

El timing fue exacto. Casi justo en el momento en el que me pusieron el brazalete electrónico multicolor del festival, empezó su set la Banda Conmoción en el Coca-Cola Stage (uno de los dos escenarios principales). Estos carajos fueron elegidos para abrir el festival por una razón muy sencilla: saben armar una fiesta que suena a “Latinoamérica” por todos lados. No conocía nada de la banda pero quedé con ganas de bajarme su discografía. Aún no lo hago.

Lo primero que hice fue visitar el stand de Playstation. Pillé par de demos, nos tomamos unas fotos memorables con par de sackboys (encarnados, supongo, por enanos, porque si no eso sería abuso y crueldad infantil) y listo.

Mientras Conmoción seguía animando a un verguero de gente, vimos una cola que iba hacia una choza tiki y, como venezolanos, empezamos a hacerla. “Seguro están regalando algo” fue lo que golosamente pensamos. Y teníamos la mitad de la razón. La mitad que NO nos beneficia, por supuesto. Algo de un código en el teléfono celular (que no teníamos) bla bla, algo de Twistos, un sombrero espantoso. En fin, pagamos caro nuestra hambruna y deseos idiotas de cola. Sin embargo, no nos fuimos lisos. Al final de la cola, un juego de tiro al blanco con unas cosas de esas de Badminton nos daban una segunda oportunidad de salir triunfantes. Di en el blanco y me gané una manta gigante temática del Lollapalooza -que resultó ser de lo más útil para el resto del Festival- y una sonrisa y un beso de Nathaly. Con el puño en alto, todo un ganador, me enfilé a ver a Carla Morrison en el Playstation Stage. Viva yo.

El Parque O’Higgins es muy grande, pero su diseño y el del Lollapalooza lograron que se viese caminable y nunca eterno. La cuenta que saqué fue sencilla. Entre una tarima y otra, a pata, 5 minutos. Claro, si te tocaba caminar de un extremo al otro, es probable que se te fuesen dos canciones en ello. Igual, una gran distribución para un festival tan grande.

A Carla Morrison siempre la miré con condescendencia. Era la “cute” “nueva” Natalia Lafourcade. Empezó su set con “me encanta”, “compartir” y “Me puede” y ya a la cuarta canción (“Pajarito del amor”, cuya versión en estudio es de hecho con Natalia Lafourcade), se había ganado mi nada importante respeto. Sí, sin duda tiene ese elemento “cute”, pero el vozarrón infatigable de la mexicana es de admirar. Cayeron “Dejenme llorar”, “Eres tu”, “hasta la piel” y la voz de Morrison seguía dura e imponente. Fue un set breve que balanceó su cd laureado por el grammy y sus EP. Terminó con y “lágrimas” y “Yo sigo aquí”.

Pasamos por Gepe (Claro Stage, el otro escenario principal) y lamenté no haber visto el set desde el inicio. Otro rumbón folklórico y poderoso, que sobre todas las cosas, sonaba genuino y lleno de calidad. La característica guitarra invertida de 5 cuerdas de Daniel Riveros (nombre original de Gepe) llenó de personalidad una presentación rarísima y cautivante. Escuchamos “Libre”, “Un día ayer”, “Por la ventana” y “Bomba Chaya” . Gepe, sentado a la batería, rodeado de bailarinas con faldas pequeñas, sombreros típicos y grandes hombreras, cerró con la maravillosa “Alfabeto”, canción que se quedó por siempre tallada en mis recuerdos del Festival. Altiplano melancólico y dinámico. Buen tipo, Gepe.

El sol empezó a pegar duro con Chancho en Piedra. Fueron los primero rockstars del Festival, con una fanaticada grande y fiel que llenó el Coca-Cola Stage. Llegaron con diferentes disfraces, desde Lalo disfrazado de Spock hasta Toño ungido como el nuevo papa latinoamericano. Iniciaron su funk-rock con “Buenos días a todos” y de allí en adelante fue una fiesta chilena llena de chistes y estribillos privados. Si bien tocaron par de éxitos (como “Volantín” o “Discojapi”), el set dio la impresión de estar dirigido al fanático hardcore. “Ska del peral”, “Funky tu madre” y seguían apareciendo los cochinitos alcancías amarillas entre el público. Es un símbolo de la banda. Cerraron con “Chancho” y aunque me quedé sin escuchar “Almacén”, me fui feliz.

Llegó el momento de flojear un poco (el día se iba a poner duro en par de horas), por lo que decidimos lanzar la manta que me gané con mis increíbles talentos de tiro al blanco y nos tumbamos a escuchar a Hot Chip un rato y cumplir con la primera cuota electro del Festival. Sonaron “One Life Stand”, “Over and Over”, “Ready for the floor” y hasta un cover de “Irresistible Bitch” de Prince metido en “Night & Day”. Nos fuimos cuando empezaron su último tema, “I feel better”. No conecté con la fiesta brillante y muy blanca de Hot Chip, pero al menos pude probar la manta un rato.

Llegamos perfecto para el rock sureño de Alabama Shakes. Poca gente para una banda tan talentosa (probablemente poco conocida), mejor para nosotros. Sonaron de una vez “Hang Loose” y “Hold On” y Brittany Howard empezó a llevarnos a la iglesia. Tocaron entero su disco debut (y único hasta el momento) “Boys & Girls” y nuestras expresiones de “joder, que arrecha esta mujer” empezaron a repetirse. Empezaron su encore con “Gospel Song” (Brittany sabe perfectamente quien es y que transmite). Buen ensamble de guitarra electrica, bateria, teclados y Brittany, que con y sin guitarra lo es casi todo en Alabama Shakes. Cerraron con “Heat Lightning” y quedamos más que satisfechos. Sin embargo, paradójicamente, el hambre nos pegó.

Tras una cola (nuevamente, percibida no tan infernal gracias a nuestra cotidianidad venezolana donde se hace cola hasta 30 minutos antes para entrar a un avión, teniendo puestos apartados), par de completos (la versión chilena de los perrocalientes. Yo pedí uno con chimichurri y otro Atómico), más el Red Bull que no era Red Bull pero igual era igual de estimulante de turno, nos fuimos para el sector infantil de Lollapalooza (Kidzapalooza) para ver a los genios idiotas de Sinergia y su inédito “show familiar”.

Debo admitir que desconocía cuán querida era Sinergia para los chilenos. Pensábamos que seríamos unos infiltrados en ese público lleno de padres, madres, representantes y niños cuando la realidad fue que el lugar se quedó corto para la cantidad de… personas-sin-niños que fueron a ver la banda. En 10 minutos, el sitio se llenó de gente que se desvío para el sector infantil a ver a Sinergia. El set musical fue breve porque  alternaba con una narración oral de un cuento infantil que denominaron “Cantata de Alfonso y Marina”. Sin embargo, cuando empezaron con “Todos me deben plata”, la cosa se prendió y el coreo  y las risas fueron masivas. Siguieron “Mujer Robusta”, “Sopaipillas con mostaza”, “Día del Queso” (versión familiar de “dia del sexo”), “Amor Alternativo”, “Chacalín” y “Mi Señora”. Corrimos a ver a Kaiser Chiefs justo cuando se despedían con “Te Enojai por Todo” y “Marina”. Me quedaron debiendo mi favorita, “Hágalo Bien” que además pudo haberse insertado sin problema alguno en la cantata. Eso, no lo hicieron bien.

El setlist de Kaiser Chiefs fue perfecto. No dejaron ninguna de mis predilectas por fuera y el show fue frenético, enérgico y muy bien llevado. Empezaron con “Never miss a beat”, everything is average nowadays”, “Kinda girl you are”, “Na na na na naa” y “Little Shocks”, una tras otra, casi sin parar. Ricky Wilson, más raquítico, demacrado y payaso que nunca, se comió el escenario. Corrió por todos lados con “Living Underground”, “Everyday i love you less and less”, “Good Days and Bad Days” para recuperar algo de aire con “Modern Way”. Tras “Heat Dies Down” vino “The Angry Mob”, tema en el que Wilson experimentó largo rato con la cámara/grúa en mitad del público, concretando un momento memorable del show. Tras “You’ve got the nerve” vino la favorita del público “Ruby” (que si bien siempre me ha gustado, no puedo dejar de comparar musicalmente con ese techno-reggae-tropical de finales de los 80 criollo). Con “I Predict a Riot”, Wilson, la humanización de la cocaína (sea o no consumidor) hizo su característica escalada alta por los andamios de las luces. Cerraron con una versión extendida de “Oh My God”, perfectamente diseñada para que personas como yo gritaran el coro efusivamente hasta el cansancio.

Con The Hives (que estaban en la otra tarima principal) hicimos un pequeño sacrificio, en aras de tener buenos puestos para la siguiente banda. Sin embargo, eso no nos excluyó de disfrutar a la distancia de estos Kinks en esteroides, que dejaron de caer uno tras otro temazos como “Main Offender”, “Walk Idiot Walk”, “Die!, All right”, “Hate to say i told you so” para cerrar con “Tick Tick Boom”. Genios del riff, estos suecos.

Cuando Josh Homme salió a la tarima, nos vió con una expresión de cuidado y respeto, como quien mira a un dragón a punto de despertar. Los Queens of the Stone Age iniciaron su bestialidad de concierto con “(…)Millionaire” y la destrucción vino adelantada. De esos momentos en los que somos una masa de gente y no hay control sobre nuestra propia humanidad. Homme no comió coba y contraatacó inmediatamente con “No One Knows”, “First it Giveth”, “Sick Sick Sick” y “Monster of the Parasol”. En este punto ya varias personas de nuestro grupo sufrieron lesiones y agresiones (nuestro buen amigo Albinson nos aseguró que un chileno deliberadamente empezó a darle coñazos en su estómago, cosa que nunca le creeré) y otros sencillamente fueron devorados por la locura, para luego ser escupidos en alguna otra parte del Lollapalooza (a par de ellos no los volveríamos a ver sino hasta el día siguiente). En “Little Sister”, Homme nos presentó a una “humilde persona que probablemente no conocíamos, pero que era una gran persona y músico”. Con nuestra condescendencia, vino otra sorpresa: Eddie Vedder de Pearl Jam se unió a los coros y al cowbell (¡como le dio a ese cencerro!). Sonaron “Make it with chu”, la nueva “My God is the sun”, “hangin tree”, “Burn the witch” y “a song for the deaf” y las reinas sonaban más compactas y duras que nunca. En “The Lost Art of Keeping a Secret” volví a repasar la gran calidad de los músicos de esta alineación: en la segunda guitarra, el gran Troy Van Leeuwen (Orgy, A Perfect Circle, Eagles of Death Metal), en los teclados, Dean Fertita (The Raconteurs, The Dead Weather) quien vino a reemplazar a la recordada Natasha Shneider (murió de cancer en el 2008) ; Michael Shuman en el bajo y el gran Jon Theodore (The Mars Volta, One Day as a Lion, Giraffe Tonge Orchestra) en la batería. el cielo se puso naranja mientras llegaba la noche mientras sonaba “Better Living Through Chemistry” y “Do it Again” . Al fondo, ya con la noche en pleno, prendieron las luces de una rueda de parque de diversiones. Una bonita vista. Nos fuimos alejando de Homme y cia con la explosión de “Go with the Flow” para agarrar buenos lugares para el último toque del día. Cerraron su set con “A Song for the dead”, en un concierto memorable que nunca olvidaré.

Ya el cansancio empezaba a apoderarse de nosotros, cuando la voz legendaria de Eddie Vedder empezó a cantar “Release”, lo cual además sentenció lo que esperábamos: iba a ser un gran setlist y Pearl Jam no venía a ser condescendientes con nosotros. Con el motor emocional ya encendido, arrancaron el dinámico con “Go”, “Even Flow”, “Do the Evolution” y “Corduroy”. Ademas de ver una banda legendaria, yo tenía mi propia celebración extra personal: Estaba viendo a ¼ de Soundgarden en la figura de Matt Cameron. Mi fanatismo, encarnado en mi franela gris del “King Animal” así lo certificó. Siguieron “Amongst the Waves”, “Why Go”, “Severed Hand” (bestialidad de canción), “Not For You” (gran sorpresa), “Got Some” y “Just Breathe” y ya el viaje a Chile se había pagado. Empezó a correr un viento nocturno reconfortante y sabroso mientras sonaron “Once”, “Unthought Known”, “Daughter” y “Elderly Woman…”. Me impresionó como el fantasma de Roskilde (festival danés donde en el 2000, en pleno toque de la banda, una avalancha humana acabó con la vida de decenas de seguidores) sigue muy presente en Eddie. Algo asustado y nervioso, pidió al público dar tres pasos hacia atrás. Cumplimos la petición. Justo después, un Eddie Vedder mas aliviado enarbolaba una botella, brindaba por nosotros y exclamaba en español accidentado: “El vino aquí es más rico que la chucha”. Cerraron la tanda con “Porch” pero todos sabíamos que el encore vendría y sería extenso.

Pearl Jam regresó a la tarima con un anuncio: era el cumpleaños de Mike McCready y había que celebrarlo. Tras cantarle el cumpleaños y embadurnar de torta al gran guitarrista, siguieron con “Present Tense”, “Animal”, “Given to Fly”, “Jeremy” y “Black”. Luego procedieron a subir a la tarima a Juan Pablo, un fan chileno guitarrista, que tuvo el honor de elegir un tema y tocarlo con ellos. La opción fue “Sonic Reducer”, el cover de Dead Boys que está en el Ten Club Holiday single del 92 y en el “Live at the Garden” (Sí, que intenso y rebuscado el Juan Pablo).

La indispensable “Alive” y todos cantamos hasta volver a perder la voz, junto a la banda. Perry Farrell y Josh Homme se montaron para el clásico cover de Neil Young “Rockin’ in the Free World” para un final épico con fuegos artificiales. Sin embargo, Pearl Jam tendría, como siempre, una canción más: Con “Yellow Ledbetter” la despedida fue memorable e irreversible. Un chulito más a mi lista de vida de “cosas por hacer”.

Así culminaba un gran primer dia de festival e iniciaba la ligera pesadilla del retorno al apart-hotel. Una larguísima procesión de miles de personas saliendo por un embudo, confrontación con los carabineros (policías) que trancaron el metro antes de tiempo, la imposibilidad de agarrar autobus o taxi nos obligaron a, con los pies destruidos, empezar una caminata de 40 cuadras (no es exageración) en plena medianoche de Santiago. Fue doloroso y fatigante, pero parte de la experiencia. Llegar al sitio y pegarnos una buena ducha fue la gloria. Caímos como piedras, prestos a recuperar energías y lanzarnos al segundo y último día del festival.

¿Un blog nuevo en pleno 2013?

¿Que carajos hacemos creando un blog? ¿”Quejesto”, el 2005?

El asunto es que no concibo esto como “un blog”. No al menos como ese item que nos dio entrada a ese pequeño movimiento de la “criollosfera”, el cual, sin saberlo, fue una positiva moda. Nada que criticar o villanizar de esa buena época. Creo que fue el germen para entender la red de muchas otras maneras. Había mucha sed de información y creatividad, claro, pero paralelo, una nueva jungla social a las que nos encantaba pertenecer.

Esto nació al revés. Buenos amigos (algunos, de hecho, conocidos gracias a la criollosfera) que tras periódicas reunas, botellas de ron, cantos a capela, viajes, partidos de fútbol y basket, habanos, parrillas, cine-foros caimanes, conciertos y hasta tatuajes, decidimos hedonistamente crear un espacio donde pudiésemos decantar y compartir nuestros gustos y tambien ejercitar la escritura.

El periodismo, o para no castrarlo, el oficio de escribir en los medios en este país, es cada vez mas una payasada enorme. Una torre de egos no asumida de ediciones, censuras, autocensuras, intereses, manipulaciones y entubamientos. Y todo, bajo la peor de todas las fachadas y falacias: la objetividad y el “equilibrio”. Sin duda hay excepciones, pero son pocas y cada vez menos.

De allí a juntarnos por este lado. Estos espacios permiten abrazar y fornicar fortísimo a la subjetividad, única posibilidad de escritos honestos y genuinos. Una subjetividad que intente siempre buscar otros puntos de vistas para modificar y reafirmar nuestra versión del mundo.

Eso y que, claro, hay TANTAS pequeñas maravillas en el mundo, que uno quiere compartirlas con la mayor cantidad de personas posibles.

Podremos desaparecer en cualquier momento, porque no tenemos jefes. Así que aprovechen/desaprovechen lo poco que haya, mientras haya.

Esto fue una mera excusa para crear un post personal de bienvenida. Espero haya sido -al menos- dentro de lo mediocre, aceptable. Al final, todo explota y mueren. Dios Mío, Man.