Mi ruta personal a la voz de Cornell

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La primera vez que escuché a Chris Cornell, fue quizás de la misma manera que la mayoría del planeta: “Black Hole Sun” en la radio. La letra absurda apocalíptica y oscura con momentos memorables, mas la combinación del devastador Leslie Speaker (que supongo detonó mi inconsciente colectivo Beatlesco) mas el hard rock coqueteando con el doom metal taladró inmediatamente mi puberta psique, y la surreal balada se convirtió en mi canción favorita de todos los tiempos.

El año era 1994. y no sería sino hasta Diciembre de ese año cuando gracias a una revista, a mis ahorros convertidos en un cassette y en el hipnótico video musical de “Black Hole Sun”, pude empezar a profundizar en el arte de Cornell, Thayil, Cameron y Sheperd.

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Esta Hit Parader fue mi primer referente visual a varias bandas “nuevas”, como Nine Inch Nails, Marilyn Manson, Korn y Soundgarden. 

Un disco como Superunknown forma carácter. Todos los días una canción diferente es tu favorita y es necesario profundizar en cada corte. Es uno de esos discos que escuchas enteros horas y horas. “Let Me Drown”, “My Wave”, “Superunknown”, “Head Down”, “Spoonman”, “The Day I Tried To Live”, “Like Suicide”, por nombrar sólo algunos temas cuando en realidad quiero nombrarlos todos, envolvieron mi vida por años. ¿Que había dentro de la cabeza de estas cuatro personas como para dar con estas potentes composiciones? ¿Por qué hay tanta belleza y energía en estas canciones decididamente grises?

Particularmente, de ese disco, hoy recuerdo “Limo Wreck”. Musicalmente, la influencia Sabbath es innegable, pero lo que hace Cornell en este track transciende cualquier comparación fácil. Cornell inicia su relato con una calidez envolvente. Es imposible no estar interesado. Poco a poco va subiendo su intensidad, con un control impresionante de su voz, hasta el catártico y explosivo coro de  “And the wreck of you / Is the death of you all!”. 

Meses despues, echándole un ojo a una cinta vieja de VHS que tenía grabada programas viejos de MTV me di cuenta de que yo ya había visto a Soundgarden en la TV, años antes, en este segmento de Beavis & Butt-Head, en uno de esos maravillosos casos en los que retroactivamente reconoces la grandeza y, como un viaje en el tiempo del que no tienes memoria, te sorprendes con algo que ya conocías. “Joder, este Jesucristo del rock de Seattle siempre fue Chris Cornell? “.

Eso hizo que, lógicamente, retrocediese en el tiempo para escuchar a este Cornell joven, vigoroso y atlético con larga cabellera y muñequeras y botas metal. Conseguir los discos fue una tarea titánica. No había internet, ni dinero para comprar discos, ni buenas discotiendas. Yo vivía además en una aldea rural en un estado pequeño (Táchira) de Venezuela. Mis amigos tampoco ayudaban mucho. Soundgarden estaba además en una frontera enrarecida y yo era al parecer su único fanático a cientos de Kms a la redonda. Demasiado oscuro y progresivo para fanáticos de Nirvana, Pearl Jam y Aerosmith, demasiado grunge y melódico para fanáticos de Pantera, Sepultura y Megadeth. Estaba sólo en esta lucha.

Pasaron meses antes de que yo pudiese escuchar la dureza de Ultramega OK y Louder than Love. Alquilé los CD’s en una discotienda maravillosa en Valencia, donde una vez al año pasaba vacaciones con mi familia.

De esos discos, recuerdo como la voz contenida de Cornell, a segundos de explotar sin control en “Hands All Over” me impactó. Era un Cornell casi adolescente, cuya necesidad de transmitir su mensaje excedía el medium. Sobretodo cuando reincide en el coro, justo despues del puente, allí siempre sentí una urgencia genuina, casi impotente, de un alma mucho mas vieja, cuando Cornell grita con eco “Hands all over / words I utter / Change them into what you want to / Like balls of clay”

Badmotorfinger vino gracias a Bieke Leysen, mi hermana de intercambio de Bélgica, la cual tuvo la gentileza de regalarme el CD a mí, su hermano menor venezolano desconocido. Descubrir maravillas como “Rusty Cage”, “Outshined”, “Jesus Christ Pose”, “Somewhere” me hacían sorprenderme aún más de la calidad de esta banda.
Todos hablan de “Slaves & Bulldozers” (con razón) como la mejor muestra de la grandiosidad de la voz de Cornell en este disco, pero, de elegir uno, yo prefiero “Mind Riot”. Esta marcha funebre/de guerra tiene en el frente a un Cornell capaz de motivar a cualquiera con su “Candle’s burning yesterday / Somebody’s best friend died / And I’ve been caught in a mind riot”. No hay evasión, sino un ataque frontal al pesimismo.

En esa misma época descubrí Temple of The Dog. Un disco nacido como tributo a la muerte de su amigo Andrew Wood, Chris Cornell (junto a medio Pearl Jam) dejaría en el imaginario uno de sus momentos mas hermosos como vocalista con “Say Hello 2 Heaven”. “I never wanted to write these words down for you/ With the pages of phrases Of things we’ll never do / So I blow out the candle, and I put you to bed / Since you can´t say to me now / how the dogs broke your bone/ There’s just one thing left to be said/ Say hello to heaven”

Para 1996 yo ya era un completo seguidor de Soundgarden y quizás sólo Nine Inch Nails podía acercársele en mis prioridades melómanas. Prueba de esto, este momento capturado por mi padre en video en el que pruebo el “minicomponente” nuevo de la casa con “Spoonman”. Obviamente, no había mejor prueba de fuego para el aparatico.

 

Cuando vi el CD de Down on The Upside en una discotienda en San Cristóbal, no podía creer que el disco mas reciente de Soundgarden estuviese allí, a mi “alcance”. En esa época sencillamente no tenía dinero, por lo que mandé a grabar el CD con un empleado de la tienda, que hacía el “negocio” por un costo accesible. Embutió todo el disco en un cassette de 60 minutos, y no sería sino años después que descubriría que “Overfloater” y “An Unkind” también formaban parte de ese disco.

Cuando “Pretty Noose” (que hoy además cobra otra oscura connotación) estalló en el pequeño minicomponente, volví a sorprenderme como la primera vez que escuché Superunknown. Esto no era lo que estaba esperando, pero lo inesperado y misterioso era aún mas memorable que mis expectativas. La energía de “Dusty”, la belleza de “Blow Up The Outside World”, la furia de “Never the Machine Forever” (!!), la desesperanza de “Boot Camp”, este disco parecía destinado a gustarme igual o incluso más que Superunknown.

“Ty Cobb”, uno de los temas mas frenéticos del disco, me hizo recordar que Cornell podía seguir siendo un rockstar enfurecido sin perder ni un ápice de misterio. Cornell grita “I got the glass, I got the steel / I got everything / All I need is your head on stake / Hard headed fuck you all! / Just add it on on the hot rod death toll”. Si alguna vez necesito destruir algo o alguien, usaré Ty Cobb” como combustible y luego encararé las consecuencias.

Sin embargo, sería y seguirá siendo “Burden in My Hand” mi canción favorita del disco (y en algunos días, de todos los tiempos). El video lo ví por primera vez en un TV de una fuente de soda famosa (Juventino’s) y me quede pegado en mitad del lugar, hipnotizado. El video lo volvería a ver 4 largos años despues, cuando el incipiente internet de la universidad hizo su trabajo. Un Cornell mesiánico, humilde y empático (un logro increíble en el rock) ordenaba: “Close your eyes and bow your head / I need a little sympathy / ‘Cause fear is strong and love’s for everyone / Who isn’t me”


La independencia y los años universitarios me hicieron fantasear en un futuro no muy lejano en el que pudiese costearme un viaje adonde sea que Soundgarden se acercase a dar un concierto, pero meses después la banda se separaría, destruyendo uno de mis sueños en el proceso.

En 1999, Chris Cornell sacó su primer disco solista, Euphoria Morning (retitulado años despues como Euphoria Mourning lo cual, nuevamente, adquiere hoy otra connotación). Al igual que la mayoría, “Can’t Change Me” nos ilusionó. Y nuevamente, Cornell no fue nada predecible y el resultado fue maravilloso. “Flutter Girl”, “Preaching the End of the World”, “Moonchild”, todas decididamente mas ligeras, orgánicas y melódicas, lograban destacar el protagonismo absoluto de la voz de Cornell.

Pero sería “Follow My Way” la que con su necedad absoluta por subestimarse, ganaría un espacio gigante en mi setlist personal eterno. La vulnerabilidad de Cornell es admirable: “Little one dont be a fool / Im a wreck when I look mighty / In euphoria Im bruised / In confusion next I’m lightning / In complacence I am small / Through oblivion I charge”

La noticia de que Chris Cornell se juntaría con la mayoría de Rage Against the Machine levantó en mí una expectativa sin precedente. Para mí, esa noticia era aún mas interesante que Tapeworm (Maynard James Keenan & Trent Reznor). Cuando finalmente escuché “Cochise” por primera vez en el CineClub de la universidad, rodeado de buenos amigos, celebramos la existencia de Audioslave repitiendo la canción infinitas veces. Chris Cornell estaba bien, con nuevos amigos, haciendo temas explosivos y llenos de energía. El mundo era un poco mejor ahora. El video musical (dirigido por mi favorito Mark Romanek), lleno de fuegos artificiales, encapsulaba perfectamente la celebración necesaria.

Ignorando “Cochise”, “Doesn’t Remind Me” y “Original Fire”, la elección de singles de los tres discos de Audioslave rara vez se alineó con mis gustos. Yo prefería temas como “Somedays”, “Drown Me Slowly”, “Man Or Animal”, “Exploder” y “The Last Remaining Light”.

“What You Are” es probablemente mi tema favorita de Audioslave. Sencillo y necesario. Y  en ese coro glorioso, Cornell es, sencillamente, liberador. “Cause now I’m free from what you want / Now I’m free from what you need / Now I’m free from what you are”

Cornell siguió sacando discos solistas, que por diferentes razones no terminaban de conectar conmigo. Disfruté sin duda Carry On, Songbook y Higher Truth, pero no podía dejar de sentirle un aura de inseguridad que empañaba sus discos.

Y Scream, ese extraño y nefasto disco que sacó producido con Timbaland, creo que dice hoy en su fracaso mucho más de lo que pensamos. Yo siempre he apoyado la experimentación y defiendo muchos cambios radicales de artistas. Pero en este caso, el cambio no parecía responder a algo en lo que Cornell tuviese el control. En esos días Cornell parecía un maniquí sin vida (aún HOY, no puedo linkear el video de “Part Of Me” por esa razón), con ojos vacíos, como cumpliendo ordenes de un conjunto de tipos que no sabían bien que hacer con una leyenda viviente del rock, ahora experimentando con el pop. Yo genuinamente me preocupé por Cornell. “Crisis de la mediana edad” es una salida fácil. Yo sinceramente creo que Cornell no tenía rumbo alguno.

Claro, luego Cornell sacaba el temazo “You Know My Name” para Casino Royale y de repente el mainstream no le lucía tan mal. Yo olvidé, como el resto del mundo, esa llamada de alerta que fue Scream.

La voz de Cornell, por otro lado, me seguía siendo esquiva en vivo. Audioslave se separó en el 2007. Cuando fui a Cuba años después, me tome ESTA foto con la única finalidad de expresar que ese lugar, muy vacío, había albergado varios meses atrás un concierto histórico de Audioslave.

En el 2010, gracias a mi presencia en foros online, supe del concierto secreto/reunión sorpresa de Soundgarden y obtuve invitación para el show, con una entrada de precio prácticamente simbólico. Sin visa, ni dinero y a miles de Kms de distancia, observé con tristeza la página web con los tickets disponibles para ese show de Nude Dragons, el anagrama que usaron para despistar.

Pero Soundgarden finalmente regresaría y lo haría con King Animal, un discazo que mostraba lo intacto que se mantenían los cuatro de Seattle. Con una luz mas positiva que de costumbre, temas como “Been Away Too Long”, “Non-State Actor”, “By Crooked Steps”, “Bones Of Birds” y “Black Saturday” se convirtieron rápidamente en indispensables.

Pero de todas las canciones de King Animal, la que no pude sacarme de la cabeza nunca (mucho menos hoy) fue “Halfway There”. Aparentemente una canción simplona, esta fue la primera vez que detecté en la voz mas vieja y quebrada de Cornell, la necesidad de mirar hacia atrás con nostalgia. “And how far is halfway there? / I Didn’t see you on the trail now / But “almost” become “good enough” / Should a good life be so hard won? / Is that what our dreams have become?”

Finalmente, en el 2014, cumplí mi sueño de ver a Soundgarden en vivo. Era el cierre del Lollapalloza Chile 2014 y Arcade Fire no terminaba de callarse con su “Wake Up” eterno. Esa espera de 20 minutos fueron las 2 horas mas largas de mi vida.

Y finalmente sucedió. A ratos descalzo y gritando, disfruté de dos horas y media inolvidables y 21 canciones perfectas. Un chulito bien marcado en la lista de vida. Uno que tenía 20 años pendiente.

Cornell, hace menos de 20 horas, cantó su última canción: “In My Time Of Dying” de Led Zeppelin. Horas después, lo han encontrado muerto en la habitación de su hotel. Aparentemente se suicidó, ahorcándose.

Por supuesto, su sorpresiva muerte y todas sus implicaciones las he sentido profundamente, como la de un familiar querido.

¿Ilógico? No. Así funciona el arte. Tengo más de 20 años escuchándolo retar al abismo. Lo escuché envejecer, mientras yo mismo soltaba algunas canas. Su vulnerabilidad me ha hecho sentir mi propia mortalidad. ¿Estaré yo “Halfway there”? o cómo Cornell, ¿estaré muchísimo mas cerca del final de lo que espero?

Cornell es mi íntimo amigo desconocido, uno de los poquísimos que tengo. Y sé que como yo, hay miles que morirán profundamente agradecidos por haberlo escuchado.

 

10 años sin Elliott Smith

Elliott Smith durante la gira de XO

Elliott Smith durante la gira de XO (Foto: Alexis Scherl @ Flickr)

Hace 10 años, Elliott Smith acabó con su vida de una forma muy valiente: dos puñaladas en el pecho. Aunque hubo cabos sueltos en la investigación policial posterior a su muerte, el suicidio siempre fue una posibilidad para este cantautor desesperado de la escena independiente norteamericana que durante años luchó contra la depresión, el alcoholismo y la drogadicción.

En From a Basement on the Hill -su disco póstumo- incluyó “King’s Crossing“, quizás su canción más directa con respecto al suicidio, que ya interpretaba en vivo desde finales de 1999 y que incluye la lapidaria frase:

I can’t prepare for death any more than I already have

En esa misma canción, Smith también cita otro aspecto que lo atormentaba: la fama y el lidiar con una compañía discográfica “grande” (¿síndrome Kurt Cobain?):

Frustrated fireworks inside your head are going to stand and deliver talk instead. The method acting that pays my bills keeps the fat man feeding in Beverly Hills.

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Dos años antes de la muerte de Elliott Smith, el director Wes Anderson usó una canción desesperada de Elliott Smith (“Needle in the Hay“) para musicalizar una secuencia de The Royal Tenenbaums (2001) donde uno de los protagonistas intenta suicidarse.

Richie Tenenbaum: “I’m going to kill myself tomorrow”

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En los seis discos oficiales y el inmenso catálogo de material inédito de Elliott Smith son muchas las canciones depresivas que podríamos enumerar. Además de las ya citadas se tiene el grito de ayuda de “Between the bars” (Either/Or), la incapacidad de establecer una relación estable por la adicción a las drogas descrita en “Twilight” (From a Basement on the Hill), el abuso que sufrió durante su infancia y cómo lo marcó toda la vida (“Division Day” -single 1996- y el inédito “Abused“), la bipolar “Pretty (Ugly Before)“, la devastadora “Pitseleh” (XO), entre muchas otras. Por supuesto, no todo es triste en el catálogo de Elliott Smith, como se puede constatar en “Say yes” (Either/Or), su canción más optimista. Incluso hubo espacio para la burla con “Suicide Machine” (inédita de las grabaciones de From a Basement…), dedicada a los que lo catalogaban como un compositor para suicidas.

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En 1997, Elliott Smith se dio a conocer a una audiencia más amplia cuando “Miss Misery” (Good Will Hunting) fue nominada como mejor canción original en los premios Oscar de ese año. La canción fue interpretada en vivo en la ceremonia de entrega del premio y por supuesto, no ganó; sin embargo, Smith firmó con DreamWorks Records para grabar XO.

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Otro aspecto a destacar de las composiciones de Elliott Smith son las armonías vocales que comienzan a aparecer en XO (1998) y que acentúa en Figure 8 (2000), mostrando su influencia y gusto por The Beatles. El mejor ejemplo de esto es “I didn’t understand” (XO) que es una clara respuesta/tributo a “Because” de The Beatles (que también versionó y fue incluida en el soundtrack de American Beauty).

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La mejor forma de recordar a Elliott Smith en estos diez años de su desaparición, es escuchando su música. Acá un playlist con algunos temas representativos.

Su música continúa influenciando, colocándolo en un sitial de músicos suicidas de culto como Nick Drake, Ian Curtis, Mark Linkous (Sparklehorse), Jeff Buckley, Vic Chesnutt, Kurt Cobain, entre otros.

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Algunos enlaces de material de lectura, audio y video indispensables:

Los 70 años que James Douglas Morrison nunca cumplió

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“¿Sabes que existimos? /Has olvidado las llaves del reino/ ¿Has nacido y estás vivo?/ Reinventemos a los dioses, a los mitos seculares”. 

Jim Morrison, “An American Prayer”, 1970.

Era un mediodía abrasador el de ese sábado 03 de julio de 1971. En la calma chicha de una Caracas que recién se acostumbraba a la visión saudita del mundo, Iván Loscher escuchaba distraído alguna canción desde la cabina de Radio Capital. De pronto, el periodista de guardia entró presuroso con un trozo de papel en la mano: “El tipo me mira y dice que se murió un cantante en Francia. Cuando leo el cable me doy cuenta de que acababa de encontrarse el cadáver de Jim Morrison. Por supuesto que a todos nos tomó por sorpresa. “The End” acá la pusimos de noche por aquello de quererse coger a la madre. No los recuerdo como influencia en bandas venezolanas”, recuerda el locutor.

De haber sobrevivido a una existencia marcada por la explosiva mezcla de drogas, sexo, música y poesía James Douglas Morrison cumpliría 70 años de edad el próximo 08 de diciembre. Él nunca quiso que fuese así. Sigue leyendo

Lollapalooza Chile 2013, Día 2

Despertamos tarde, después de unas pocas horas de sueño maravilloso y restaurador. Tras par de sanduches caseros baratos y la TV chilena mostrando mas a Bachelet que a Piñera, nos enfilamos nuevamente al metro para llegar al Parque O’Higgins.

Llegamos justo cuando Keane empezó su set. Decidimos entonces pasar un momento hippie-picnic, con mi manta ganadora. Fue uno de los momentos más bonitos del festival que incluso inmortalicé en un video cursi que tengo en mi flickr. Sonaron todas mis favoritas, incluyendo “Everybody’s changing” y “Is it any wonder?”. Recordaré por siempre a un muchacho en silla de ruedas que se agitó y emocionó como nunca cantando “Somewhere only we know”. Cerraron la tanda con “Crystal Ball” y nos pusimos de pie.

Aquí nuestro grupo empezó a separarse, teníamos diferentes prioridades. Nathaly y yo nos enfilamos a ver a Mike Patton en uno de sus proyectos más duros y experimentales, Tomahawk. Esta banda es un trabuco conformado por el baterista John Stanier (Helmet y Battles), el guitarrista Duane Denison (The Jesus Lizard), el bajista Trevor Dunn y por supuesto, Mike Patton (Faith No More, Mr. Bungle). Arrancaron el set con “Mayday”, “God Hates a Coward”, “Flashbacks” y la reciente “Oddfellows”. Patton, a diferencia de su persona como frontman en Faith No More, está siempre en el mismo lugar, atado a la responsabilidad maravillosa del teclado, que muchas veces es también un instrumento para distorsionar y modificar su versátil voz. Siguieron “101 North”, “Birdsong”, “Rape this Day”, “I.O.U” y “Capt. Midnight” y el ensamble estaba bien compacto. Lo que hace Stanier en la batería es admirable. “White hats /  Black Hats”, “Point and Click”, “South Paw”, “Totem” y “Laredo” para convencernos de que la organización del festival había puesto demasiado temprano a estos carajos. Que potencia y cuanta estridencia controlada maravillosa. Cerraron el set con dos covers: “How low can a punk get” de Bad Brains (guiño/espaldarazo de Patton perfectamente planificado, pues las leyendas del hardcore punk estaban a punto de iniciar su set) y “Just One More” de George Jones.

Llegamos al Playstation Stage justo a tiempo para las últimas canciones de Foals, a los cuales siempre había subestimado. Nuestro buen amigo Vemeko si los vió en pleno. En vivo son un trabuco intenso, pero divertido. Cerraron con “Spanish Sahara”, “Red Socks Pugie”, “Inhaler” y “Two Steps, twice”.

Luego vendría la razón por la que estábamos en ese escenario, en ese momento: Bad Brains. Rara vez se puede disfrutar de una banda legendaria con la facilidad y el acceso con la que los vimos. La estoicidad de H.R. como voz principal es impactante. Ya no es el desesperado y enloquecido de hace unos 30 años. Enfundando en un traje deportivo verde ADIDAS, guantes negros, dreads legendarios y una toalla blanca encima, HR lucía perfectamente como un mendigo demente, con atisbos de suerte y sabiduría. Empezaron su set con esas canciones hardcore punk de minuto y medio frenéticas y muy duras como “Attitude”, “Right Brigade”, “Sailin’ on” y “The Regulator”. H.R. seguía en su soliloquio desquiciado mientras su hermano Earl Hudson, junto a Dr Know y Darryl Jenifer descargaban la metralla y literalmente alborotaban el polvo en el público. Con “Jah Love”, “Give Thanks and Praises” y “Universal Peace”, Bad Brains bajó un pelo las revoluciones y empezaron a introducir sus temas más reggae, como “I luv i Jah”. Otros 4 temas más y cerraron genialmente la tanda con “Pay to cum” y la impelable “I against I”.

Ver a A Perfect Circle en vivo es una experiencia a ratos surreal. Tener al frente a una banda tan inestable en su formación y existencia, que pareciera sólo existir fugazmente sólo cuando han grabado sus 3 discos de estudio (¡en 14 años!), es medio mágico. Empezaron con el cover “Annihilation” de Crucifix, maravilloso tema que he escuchado hasta el cansancio porque además es el primerísimo primer tema de mi ipod desde hace casi 10 años. Mientras el legendario Maynard James Keenan desplegaba su gran voz y se condenaba a una mini tarima personal, hundida en un rincón, Howerdel, al frente del escenario, se relajaba sentado en el piso con una franela desgastada, tocando un pianito mínimo, cual Schroeder de Charlie Brown. Seguidamente, la oscurísima (pero pertinente, hemos fracasado como humanos) versión de “Imagine” de John Lennon y ahora si el James Iha (Smashing Pumpkins), Jeff Friedl y Matt McJunkins se acoplaban al ensamble. No está ya Lenchantin, ni Twiggy Ramirez ni Josh Freese. No son pérdidas irreparables. Siguieron “Weak and Powerless”, “The Hollow” y el cover de Depeche Mode, “People are people”. Maynard, con su eterno complejo de enano, se limitaba a pisotear con fuerza, agacharse, mover el micrófono y bambolearse, pero nunca bajó de su tarima personal. Luego vino la versión que NO me gusta de “3 Libras” (El Mix All Main Courses) y “The Noose”. Con “Blue”, la tarde empezó a caer hermosamente. Siguieron “By and Down” y una de mis favoritas, “Rose”. Con “The Package”, el momentum creado fue increible. Cuando explotó la canción, explotamos todos. Billy Howerdel se desplazó con gracia por todo el escenario con su guitarra, como chequeando todas las estaciones musicales, incluyendo el público. Luego procedó a gritar repetidas veces el Go back to sleep! del mantra maldito de “Counting bodies like sheep to the rythm of the war drum”. El fin se sentía cerca cuando tocaron “Passive”, de las mejores del set. Luego vino el cover de “When the levee breaks” como intro a la maravilla de “The Outsider”, donde nos volvimos locos todos. Fue el cierre. APC no hace encore. No nos cantaron “Judith”. Howerdel salió del escenario, muy agradecido y casi pidiendo disculpas. Maynard James Keenan ni volteó a vernos. Tomamos lo que pudimos y salimos satisfechos.

Corrimos al Playstation Stage a ver Los Tres, a quienes les sacrifiqué la primera media hora para poder ver el set completo de A Perfect Circle. El buen Vemeko si logró verlos desde el principio, por los que disfrutó de una ráfaga de clásicos uno tras otro: “Sudapara”, “La espada y la pared”, “La Torre de Babel”, “Hojas de té”, “Tírate”, “Déjate caer” y “un amor violento”. Ya era de noche y para llegar al escenario tuvimos que sortear un oscurísimo bosque lleno de árboles y humanos viendo hacia la luz. Llegamos cuando sonaba “La vida que yo he pasado” y Los Tres, héroes chilenos (Vemeko dixit), asumían un set más inclinado a la cueca. Así sonaron “El Arrepentido”, “Lagrimas Negras” y “Quien es la que viene allí”. Tumbados en la manta sobre la grama, tomamos el red bull chileno de turno mientras escuchamos “La Primera Vez” y “He barrido el sol”. Los Tres cerraron ese escenario con el cover de Buddy Richard “Tu Cariño se me va”.

Nathaly y yo vimos el reloj y sabíamos que teníamos tiempo. Nos tragamos OTRO de esos Red Bull chilenos cuyo nombre olvidé y prácticamente corrimos realmente drogados al LG Optimus Stage (una especie de Poliedro que está entre los dos grandes escenarios del Parque) para ver algo de esa leyenda del rap llamada NAS (entre mis top 5 de todos los tiempos). Llegamos justo a tiempo para verlo corear “Hate me now” con un infierno digital de fondo en las visuales y un público rebotando enardecido. Fue un medley de casi una hora donde aglutinó unas 20 canciones, que cerró con “One Mic”, con Phil Collins sampleado, como es el deber ser.

Salimos de la cúpula, a ver lo último del festival. Una hermosa fiesta electrónica a la vez colorida, pixelada y con muchas sombras. Al fondo, deadmau5 desplegaba su “Ghosts N’ Stuff” y el remix de “Killing in the Name” de Rage Against the Machine. Nos conseguimos finalmente a los amigos que habían sido molidos y escupidos el día anterior por la masa de Queens of the Stone Age. Siguieron sonando “Tetris”, “Closer”, “Raise your Weapon”, “The Veldt”, mientras nos alejabamos y compartíamos historias, como sobrevivientes de guerra. Franelas nuevas, stickers y más del Red Bull chileno. Deadmau5 terminó con “Strobe” y ya nosotros estábamos listos para, reunidos todos otra vez, ver a The Black Keys.

El dúo mas famoso del rock actual (con 4 músicos extras para el tour), ahora en su etapa de afeitadas correctas y cortes de cabello de estilistas, no comieron coba y empezaron su set con la canción más sobreutilizada en los trailers de películas de los últimos dos años: “Howlin’ for you”. Le siguieron “Next Girl”, “Run Right Back”, “Same Old Thing”, “Dead and Gone” y la maravillosa “Gold on the ceiling”. Nathaly se escapó una media hora para ir a la fiesta loca que tenía montada Steve Aoki mientras el resto veíamos como, tras esta primera tanda, Patrick Carney y Dan Auerbach mandaron a descansar a los otros músicos y tocaron “Thickfreakness”, “Girl is on my mind” y “Your Touch” (¡maravillosa!) old-school style, sólo el dúo dinámico maravilloso. La banda regresó completa para “Little Black Submarines”, “Money Maker” y una de mis predilectas, “Strange Times”. Carney y Auerbach, esos atípicos rockstars, siguieron tocando sin parar un tema tras otro. Así sonaron “Sinister Kid”, “Nova Baby”, “Ten Cent Pistol”, “She’s Long Gone” y “Tighten Up”. Cuando tocaron la aclamadísima por todos “Lonely Boy” empezamos a despedirnos del festival. Nos enfilamos lentamente a la salida mientras sonaba “Everlasting Light”. Habíamos salido ilesos gracias al amor por la música, la camaradería y los Red Bull chilenos esos. Los créditos de la película fueron con “I Got Mine”. Cero lágrimas, mucha alegría.

Así terminó nuestro Lollapalooza Chile 2013. Nuestro. Con ese sentido de pertenencia que trasciende el costo del ticket y los pasajes. El sentido de pertenencia de una experiencia única que se adapta a múltiples gustos. Y es que haciendo el balance general, nuestro amigo Eugenio Scalise nos comentó como una amiga de él había vivido un Lollapalooza maravilloso completamente diferente al nuestro. Ella vio bandas que nosotros ignoramos, boicoteamos o sacrificamos como Of Monsters and Men, Franz Ferdinand, Puscifer, Russian Red, Crystal Castles y Protistas. Casi no coincidimos en nada, pero al final todos nos fuimos felices y con chulitos importantes nuevos en nuestras listas de vida.

García y Los Enfermeros

El canal argentino Encuentro es uno de los pocos en latinoamérica que promueve programación cultural y educativa de calidad. Durante abril y mayo de este año transmitieron “García y Los Enfermeros”, un documental de cuatro capítulos que abarca la actividad de la banda que acompañó a Charly García en el período 1989-1992.

A finales de 1991, cuando Charly García volvió a los escenarios luego de estar internado en una clínica psiquiátrica durante tres meses, bautizó a su agrupación como “Los Enfermeros”. Este retorno fue en el Estadio Ferrocarril Oeste (Ferro) y a manera de parodia, Charly García arribó al escenario en una ambulancia y los músicos salieron vestidos como enfermeros (ver recital completo). Los Enfermeros fueron: Carlos “El Negro” García López (guitarra), Fernando Samalea (batería), Fernando Lupano (bajo), Hilda Lizarazu (coros) y Fabián “Zorrito” Von Quintiero (teclados).

García y Los Enfermeros

El rockumental presenta en dos horas un resumen de diez horas de material inédito grabado por Daniel García Moreno -hermano de Charly- que incluye ensayos, grabación de discos, shows y el día a día de la banda. El mismo Daniel aclaró a Rolling Stone argentina el espíritu del documental: “[…] buscamos darle un sentido neutral, que no sonara ni a homenaje y a un documental tradicional. No hay intervenciones en off, apenas unas placas que van guiando la historia, aunque el poder de las imágenes ayuda a que se narre sola. El material resultante es hermoso”.

A continuación podrán encontrar cada capítulo junto con una lista de los momentos memorables -a mi juicio- de cada uno.

Capítulo 1: Cómo conseguir chicas

  • Grabación de “Cómo conseguir chicas” (1989) que inicialmente iba a ser en inglés y a sugerencia del productor Joe Blaney (Beastie Boys, Ramones, Prince) se grabó en castellano.
  • Presentación en el Teatro Gran Rex (1989, ver concierto completo)
  • Gira Latinoamericana, que incluye parte de la presentación en la Plaza de Toros de San Cristobal en febrero de 1990, Poliedro de Caracas, el Show de Fantástico y el polémico concierto en San Juan (Puerto Rico) durante el Festival de Rock en Español (golpes incluidos).
  • Presentación en el Teatro Ritz de Nueva York (casualmente el mismo año del showcase de Sentimiento Muerto en el CBGB).

Capítulo 2: El Artista

Este capítulo se centra en la grabación de “Filosofía Barata y Zapatos de Goma” en los estudios Panda durante 1990 y que incluye invitados como Fito Páez y Fabiana Cantilo. Se observa cómo es el proceso creativo de Charly García incluyendo la grabación y posterior presentación en vivo de la polémica versión del Himno Nacional Argentino.

Capítulo 3: Los Enfermeros

  • Rodaje de “Enfermeros Trabajando”, video proyectado antes de la presentación en el Estadio Ferro (1991).
  • Pasajes de la presentación en Ferro, incluyendo su llegada en ambulancia y otros conciertos de la gira.
  • Tour en Europa (1992)

Capítulo 4: Los Iluminados

En este último capítulo Los Enfermeros comparten experiencias y anécdotas de la época, sirviendo como resumen a lo presentado en los tres episodios anteriores. Resulta interesante una anécdota sobre la visita a Venezuela en 1990 contada por Hilda Lizarazu (véanlo, si pongo un spoiler pierde la gracia).

En total son dos horas indispensables para cualquiera que ha seguido la carrera del Saynomore.

The Prostitution y visita a Caracas

The Prostitution, la banda que actualmente acompaña a Charly García está conformada por tres enfermeros (“El Negro” García, Fabian Von Quintiero y Fernando Samalea -que ahora toca percusión, xilófono y bandoneón-) junto a Kiuge “El Keko” Hayashida (segunda guitarra), Rosario Ortega (hija de Palito Ortega, coros), Toño Silva (batería), Carlos González (bajo) y un trío de cuerdas encabezado por Alejandro Terán.

Esta alineación estará este sábado en Caracas para presentar el show de la Gira “La Dimensión Desconocida”, montaje basado -al menos en la cabeza de Charly- en el clásico Twilight Zone de Rod Sterling.

Básicamente, esta gira está basada en el repertorio 60×60 que incluye canciones tanto de la etapa solista de Charly como de Sui Géneris, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán. Será una gran oportunidad para volver a ver -o ver por primera vez- al Saynomore en Caracas, en un momento de “lucidez” luego de varios años difíciles.

A mi juicio, desde “La Hija de la Lágrima” (1994) Charly no ha grabado material trascendente, sin embargo el repertorio y músicos de esta gira justifica ver al músico probablemente por última vez.

Eugenio Scalise (@vemeko)

Lollapalooza Chile 2013, Día 1. Otro título sería pretencioso.

Estuvimos en Chile una semana y los dos únicos días donde hubo un solazo inclemente y veraniego fueron los del Lollapalooza. Eso marcó el precedente de cuan buen organizado (y con cuanta suerte contaron los organizadores) estaría el festival.

Acostumbrados como estamos los venezolanos a las largas y desesperanzadoras colas, la entrada para el Lollapalooza fue un paseo hermoso. Justo al salir de la estación del metro, divisamos la característica entrada con el nombre del festival abombado.

El timing fue exacto. Casi justo en el momento en el que me pusieron el brazalete electrónico multicolor del festival, empezó su set la Banda Conmoción en el Coca-Cola Stage (uno de los dos escenarios principales). Estos carajos fueron elegidos para abrir el festival por una razón muy sencilla: saben armar una fiesta que suena a “Latinoamérica” por todos lados. No conocía nada de la banda pero quedé con ganas de bajarme su discografía. Aún no lo hago.

Lo primero que hice fue visitar el stand de Playstation. Pillé par de demos, nos tomamos unas fotos memorables con par de sackboys (encarnados, supongo, por enanos, porque si no eso sería abuso y crueldad infantil) y listo.

Mientras Conmoción seguía animando a un verguero de gente, vimos una cola que iba hacia una choza tiki y, como venezolanos, empezamos a hacerla. “Seguro están regalando algo” fue lo que golosamente pensamos. Y teníamos la mitad de la razón. La mitad que NO nos beneficia, por supuesto. Algo de un código en el teléfono celular (que no teníamos) bla bla, algo de Twistos, un sombrero espantoso. En fin, pagamos caro nuestra hambruna y deseos idiotas de cola. Sin embargo, no nos fuimos lisos. Al final de la cola, un juego de tiro al blanco con unas cosas de esas de Badminton nos daban una segunda oportunidad de salir triunfantes. Di en el blanco y me gané una manta gigante temática del Lollapalooza -que resultó ser de lo más útil para el resto del Festival- y una sonrisa y un beso de Nathaly. Con el puño en alto, todo un ganador, me enfilé a ver a Carla Morrison en el Playstation Stage. Viva yo.

El Parque O’Higgins es muy grande, pero su diseño y el del Lollapalooza lograron que se viese caminable y nunca eterno. La cuenta que saqué fue sencilla. Entre una tarima y otra, a pata, 5 minutos. Claro, si te tocaba caminar de un extremo al otro, es probable que se te fuesen dos canciones en ello. Igual, una gran distribución para un festival tan grande.

A Carla Morrison siempre la miré con condescendencia. Era la “cute” “nueva” Natalia Lafourcade. Empezó su set con “me encanta”, “compartir” y “Me puede” y ya a la cuarta canción (“Pajarito del amor”, cuya versión en estudio es de hecho con Natalia Lafourcade), se había ganado mi nada importante respeto. Sí, sin duda tiene ese elemento “cute”, pero el vozarrón infatigable de la mexicana es de admirar. Cayeron “Dejenme llorar”, “Eres tu”, “hasta la piel” y la voz de Morrison seguía dura e imponente. Fue un set breve que balanceó su cd laureado por el grammy y sus EP. Terminó con y “lágrimas” y “Yo sigo aquí”.

Pasamos por Gepe (Claro Stage, el otro escenario principal) y lamenté no haber visto el set desde el inicio. Otro rumbón folklórico y poderoso, que sobre todas las cosas, sonaba genuino y lleno de calidad. La característica guitarra invertida de 5 cuerdas de Daniel Riveros (nombre original de Gepe) llenó de personalidad una presentación rarísima y cautivante. Escuchamos “Libre”, “Un día ayer”, “Por la ventana” y “Bomba Chaya” . Gepe, sentado a la batería, rodeado de bailarinas con faldas pequeñas, sombreros típicos y grandes hombreras, cerró con la maravillosa “Alfabeto”, canción que se quedó por siempre tallada en mis recuerdos del Festival. Altiplano melancólico y dinámico. Buen tipo, Gepe.

El sol empezó a pegar duro con Chancho en Piedra. Fueron los primero rockstars del Festival, con una fanaticada grande y fiel que llenó el Coca-Cola Stage. Llegaron con diferentes disfraces, desde Lalo disfrazado de Spock hasta Toño ungido como el nuevo papa latinoamericano. Iniciaron su funk-rock con “Buenos días a todos” y de allí en adelante fue una fiesta chilena llena de chistes y estribillos privados. Si bien tocaron par de éxitos (como “Volantín” o “Discojapi”), el set dio la impresión de estar dirigido al fanático hardcore. “Ska del peral”, “Funky tu madre” y seguían apareciendo los cochinitos alcancías amarillas entre el público. Es un símbolo de la banda. Cerraron con “Chancho” y aunque me quedé sin escuchar “Almacén”, me fui feliz.

Llegó el momento de flojear un poco (el día se iba a poner duro en par de horas), por lo que decidimos lanzar la manta que me gané con mis increíbles talentos de tiro al blanco y nos tumbamos a escuchar a Hot Chip un rato y cumplir con la primera cuota electro del Festival. Sonaron “One Life Stand”, “Over and Over”, “Ready for the floor” y hasta un cover de “Irresistible Bitch” de Prince metido en “Night & Day”. Nos fuimos cuando empezaron su último tema, “I feel better”. No conecté con la fiesta brillante y muy blanca de Hot Chip, pero al menos pude probar la manta un rato.

Llegamos perfecto para el rock sureño de Alabama Shakes. Poca gente para una banda tan talentosa (probablemente poco conocida), mejor para nosotros. Sonaron de una vez “Hang Loose” y “Hold On” y Brittany Howard empezó a llevarnos a la iglesia. Tocaron entero su disco debut (y único hasta el momento) “Boys & Girls” y nuestras expresiones de “joder, que arrecha esta mujer” empezaron a repetirse. Empezaron su encore con “Gospel Song” (Brittany sabe perfectamente quien es y que transmite). Buen ensamble de guitarra electrica, bateria, teclados y Brittany, que con y sin guitarra lo es casi todo en Alabama Shakes. Cerraron con “Heat Lightning” y quedamos más que satisfechos. Sin embargo, paradójicamente, el hambre nos pegó.

Tras una cola (nuevamente, percibida no tan infernal gracias a nuestra cotidianidad venezolana donde se hace cola hasta 30 minutos antes para entrar a un avión, teniendo puestos apartados), par de completos (la versión chilena de los perrocalientes. Yo pedí uno con chimichurri y otro Atómico), más el Red Bull que no era Red Bull pero igual era igual de estimulante de turno, nos fuimos para el sector infantil de Lollapalooza (Kidzapalooza) para ver a los genios idiotas de Sinergia y su inédito “show familiar”.

Debo admitir que desconocía cuán querida era Sinergia para los chilenos. Pensábamos que seríamos unos infiltrados en ese público lleno de padres, madres, representantes y niños cuando la realidad fue que el lugar se quedó corto para la cantidad de… personas-sin-niños que fueron a ver la banda. En 10 minutos, el sitio se llenó de gente que se desvío para el sector infantil a ver a Sinergia. El set musical fue breve porque  alternaba con una narración oral de un cuento infantil que denominaron “Cantata de Alfonso y Marina”. Sin embargo, cuando empezaron con “Todos me deben plata”, la cosa se prendió y el coreo  y las risas fueron masivas. Siguieron “Mujer Robusta”, “Sopaipillas con mostaza”, “Día del Queso” (versión familiar de “dia del sexo”), “Amor Alternativo”, “Chacalín” y “Mi Señora”. Corrimos a ver a Kaiser Chiefs justo cuando se despedían con “Te Enojai por Todo” y “Marina”. Me quedaron debiendo mi favorita, “Hágalo Bien” que además pudo haberse insertado sin problema alguno en la cantata. Eso, no lo hicieron bien.

El setlist de Kaiser Chiefs fue perfecto. No dejaron ninguna de mis predilectas por fuera y el show fue frenético, enérgico y muy bien llevado. Empezaron con “Never miss a beat”, everything is average nowadays”, “Kinda girl you are”, “Na na na na naa” y “Little Shocks”, una tras otra, casi sin parar. Ricky Wilson, más raquítico, demacrado y payaso que nunca, se comió el escenario. Corrió por todos lados con “Living Underground”, “Everyday i love you less and less”, “Good Days and Bad Days” para recuperar algo de aire con “Modern Way”. Tras “Heat Dies Down” vino “The Angry Mob”, tema en el que Wilson experimentó largo rato con la cámara/grúa en mitad del público, concretando un momento memorable del show. Tras “You’ve got the nerve” vino la favorita del público “Ruby” (que si bien siempre me ha gustado, no puedo dejar de comparar musicalmente con ese techno-reggae-tropical de finales de los 80 criollo). Con “I Predict a Riot”, Wilson, la humanización de la cocaína (sea o no consumidor) hizo su característica escalada alta por los andamios de las luces. Cerraron con una versión extendida de “Oh My God”, perfectamente diseñada para que personas como yo gritaran el coro efusivamente hasta el cansancio.

Con The Hives (que estaban en la otra tarima principal) hicimos un pequeño sacrificio, en aras de tener buenos puestos para la siguiente banda. Sin embargo, eso no nos excluyó de disfrutar a la distancia de estos Kinks en esteroides, que dejaron de caer uno tras otro temazos como “Main Offender”, “Walk Idiot Walk”, “Die!, All right”, “Hate to say i told you so” para cerrar con “Tick Tick Boom”. Genios del riff, estos suecos.

Cuando Josh Homme salió a la tarima, nos vió con una expresión de cuidado y respeto, como quien mira a un dragón a punto de despertar. Los Queens of the Stone Age iniciaron su bestialidad de concierto con “(…)Millionaire” y la destrucción vino adelantada. De esos momentos en los que somos una masa de gente y no hay control sobre nuestra propia humanidad. Homme no comió coba y contraatacó inmediatamente con “No One Knows”, “First it Giveth”, “Sick Sick Sick” y “Monster of the Parasol”. En este punto ya varias personas de nuestro grupo sufrieron lesiones y agresiones (nuestro buen amigo Albinson nos aseguró que un chileno deliberadamente empezó a darle coñazos en su estómago, cosa que nunca le creeré) y otros sencillamente fueron devorados por la locura, para luego ser escupidos en alguna otra parte del Lollapalooza (a par de ellos no los volveríamos a ver sino hasta el día siguiente). En “Little Sister”, Homme nos presentó a una “humilde persona que probablemente no conocíamos, pero que era una gran persona y músico”. Con nuestra condescendencia, vino otra sorpresa: Eddie Vedder de Pearl Jam se unió a los coros y al cowbell (¡como le dio a ese cencerro!). Sonaron “Make it with chu”, la nueva “My God is the sun”, “hangin tree”, “Burn the witch” y “a song for the deaf” y las reinas sonaban más compactas y duras que nunca. En “The Lost Art of Keeping a Secret” volví a repasar la gran calidad de los músicos de esta alineación: en la segunda guitarra, el gran Troy Van Leeuwen (Orgy, A Perfect Circle, Eagles of Death Metal), en los teclados, Dean Fertita (The Raconteurs, The Dead Weather) quien vino a reemplazar a la recordada Natasha Shneider (murió de cancer en el 2008) ; Michael Shuman en el bajo y el gran Jon Theodore (The Mars Volta, One Day as a Lion, Giraffe Tonge Orchestra) en la batería. el cielo se puso naranja mientras llegaba la noche mientras sonaba “Better Living Through Chemistry” y “Do it Again” . Al fondo, ya con la noche en pleno, prendieron las luces de una rueda de parque de diversiones. Una bonita vista. Nos fuimos alejando de Homme y cia con la explosión de “Go with the Flow” para agarrar buenos lugares para el último toque del día. Cerraron su set con “A Song for the dead”, en un concierto memorable que nunca olvidaré.

Ya el cansancio empezaba a apoderarse de nosotros, cuando la voz legendaria de Eddie Vedder empezó a cantar “Release”, lo cual además sentenció lo que esperábamos: iba a ser un gran setlist y Pearl Jam no venía a ser condescendientes con nosotros. Con el motor emocional ya encendido, arrancaron el dinámico con “Go”, “Even Flow”, “Do the Evolution” y “Corduroy”. Ademas de ver una banda legendaria, yo tenía mi propia celebración extra personal: Estaba viendo a ¼ de Soundgarden en la figura de Matt Cameron. Mi fanatismo, encarnado en mi franela gris del “King Animal” así lo certificó. Siguieron “Amongst the Waves”, “Why Go”, “Severed Hand” (bestialidad de canción), “Not For You” (gran sorpresa), “Got Some” y “Just Breathe” y ya el viaje a Chile se había pagado. Empezó a correr un viento nocturno reconfortante y sabroso mientras sonaron “Once”, “Unthought Known”, “Daughter” y “Elderly Woman…”. Me impresionó como el fantasma de Roskilde (festival danés donde en el 2000, en pleno toque de la banda, una avalancha humana acabó con la vida de decenas de seguidores) sigue muy presente en Eddie. Algo asustado y nervioso, pidió al público dar tres pasos hacia atrás. Cumplimos la petición. Justo después, un Eddie Vedder mas aliviado enarbolaba una botella, brindaba por nosotros y exclamaba en español accidentado: “El vino aquí es más rico que la chucha”. Cerraron la tanda con “Porch” pero todos sabíamos que el encore vendría y sería extenso.

Pearl Jam regresó a la tarima con un anuncio: era el cumpleaños de Mike McCready y había que celebrarlo. Tras cantarle el cumpleaños y embadurnar de torta al gran guitarrista, siguieron con “Present Tense”, “Animal”, “Given to Fly”, “Jeremy” y “Black”. Luego procedieron a subir a la tarima a Juan Pablo, un fan chileno guitarrista, que tuvo el honor de elegir un tema y tocarlo con ellos. La opción fue “Sonic Reducer”, el cover de Dead Boys que está en el Ten Club Holiday single del 92 y en el “Live at the Garden” (Sí, que intenso y rebuscado el Juan Pablo).

La indispensable “Alive” y todos cantamos hasta volver a perder la voz, junto a la banda. Perry Farrell y Josh Homme se montaron para el clásico cover de Neil Young “Rockin’ in the Free World” para un final épico con fuegos artificiales. Sin embargo, Pearl Jam tendría, como siempre, una canción más: Con “Yellow Ledbetter” la despedida fue memorable e irreversible. Un chulito más a mi lista de vida de “cosas por hacer”.

Así culminaba un gran primer dia de festival e iniciaba la ligera pesadilla del retorno al apart-hotel. Una larguísima procesión de miles de personas saliendo por un embudo, confrontación con los carabineros (policías) que trancaron el metro antes de tiempo, la imposibilidad de agarrar autobus o taxi nos obligaron a, con los pies destruidos, empezar una caminata de 40 cuadras (no es exageración) en plena medianoche de Santiago. Fue doloroso y fatigante, pero parte de la experiencia. Llegar al sitio y pegarnos una buena ducha fue la gloria. Caímos como piedras, prestos a recuperar energías y lanzarnos al segundo y último día del festival.