De Sugar Ray a “Sugar Gay”

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Normalmente suelo irle a los “underdogs”. Aquellos que han sido excluidos y marginalizados que tras una demostración constante de tenacidad y talento logran imponer su propia voz y ganarse a pulso un lugar en la historia. Un repaso por mis artistas predilectos confirmarían la tendencia.

Sugar Ray fue la excepción.

Es evidente que Mark McGrath, Rodney Shepard, Murphy Karges y Stan Frazier fueron los douchebags populares de su colegio, haciendo bromas pesadas a todos por igual y disfrutando plenamente de las hormonas adolescentes calenturientas. El destino, cruel para sus víctimas y detractores, los terminó premiando además con fama y una banda de rock famosa.

Sugar Ray inició su banda en 1986 y el hecho de haber permanecido tanto tiempo en el under fue la razón por la que durante muchos años seguían siendo respetados por sus colegas. En esa época se llamaban Shrinky Dinx y hacían punk-rock divertido y sucio.

A mediados de los 90 se cambiaron el nombre (la compañía de juguetes Shrinky Dinks amenazó con demandarlos) y decidieron llamarse Sugar Ray. Y no, no en honor a Leonard sino a Robinson. Además, decidieron subirle un peldaño al “coolness” y metieron a la banda al token black man, Craig “Dj Homicide” Bullock.

Su primer disco, Lemonade and Brownies, fue una mezcla interesante de punk rock, funk metal y hasta algo de soul. Fue producido por Dj Lethal (Aún con House Of Pain y a meses de entrar a Limp Bizkit) y McG, ese que luego se terminaría convirtiendo en director de cine cotufero.

McG quiso ser frontman de una banda colegial con Mark McGrath pero fracasó estrepitosamente al darse cuenta de que tenía el carisma de un pepino. Tras convencer a McGrath de que fuese el líder de la banda, decidió dedicarse a la producción musical.

McG también les dirigió varios videos, como ésta maravillosa estupidez:

Lemonade and Brownies no tuvo ningún éxito en las carteleras, pero empezó a darle renombre a una banda que sin duda sabía hacer un rock divertido y que sin duda tenía buen gusto, al asociar la limonada y los brownies con una Nicole Eggert desnuda doggie-style sobre una superficie suave y cómoda.

Con Floored, eso sí, llegó el éxito masivo.

La primera vez que escuché “Fly” en la radio, llamó poderosamente mi intención como la batería sonaba idéntica a “Kick The PA” de Korn y los Dust Brothers. “Fly” me parecía una gran canción veraniega, pero no mucho más.

Eso, hasta que escuché “RPM” y no tuve mas opción que comprarme el CD. CD que fue de mis favoritos en mi último año del colegio y que logré contagiarle a muchos de mis compañeros de clases. Es que, por favor, miren que maravilla de contraportada.

“RPM” es uno de los mejores ejemplo del rock superficial, sexual y divertido. Es un riff tan salvaje, simplón y grotesco que es alternado con una moto acelerando. Maravilloso. McGrath además prácticamente nos deletrea el coro, que además de ser una historia sobre su inconstancia emocional, deja en claro cuales deben ser nuestras expectativas con la banda:  I will. Let you. I. WILL LET YOU DOWN. No me vengan a joder, no vinimos aquí a cumplir tus sueños.

Y aunque Floored tiene otros temazos en la misma onda como “American Pig”, “Invisible” o “Breathe”, fue “Fly” el que dio el batacazo. La canción mas rara, singular y diferente de todo el disco, fue número 1, canción del verano y significó la aparición de una futura decisión por tomar.

Porque si bien miles de personas amaron Floored, millones más amaron “Fly”.

Así nació 14:59, uno de los discos–hay que decirlo–mas improbables alguna vez creado.


Las posibilidades de que 14:59 fuese un éxito eran mínimas. Con el raro éxito de “Fly”, todo el mundo suponía que Sugar Ray estaba destinado a ser un one-hit wonder. Era evidente que “Fly” no identificaba realmente la personalidad de la banda y que seguir por esa senda playera pop significaba “venderse”, algo con lo que nadie podría empatizar. Por eso el album se llamó así, en relación con los 15 minutos de fama a punto de expirar.

Pero lo hicieron. Y no sólo eso, lo hicieron con contundencia. 14:59 se convirtió en su disco mas exitoso.

Particularmente, yo estaba decepcionado al enterarme que este nuevo disco iba a tener “un nuevo estilo” mas “pop friendly”. Pero vendría el doblete de “Every Morning” y “Someday” y todos nos rendimos ante su maravillosa y hermosa atmósfera acústica, playera y nostálgica. Personalmente, y contra todo pronóstico (mis preferencias por esos días lo que hicieron fue endurecerse con bandas como Pantera, Soulfly, SoundgardenRage Against The Machine, Slipknot, etc) “Someday” terminó siendo mi canción favorita de toda su discografía.

El disco iniciaba con un track sarcástico bien duro llamado “New Direction” que duraba apenas unos segundos y cuya letra, gritada con rugidos metal, decía cosas como “Be nice to your sister/Talk to your grandmother/Be nice to cops” antes de dar pie a “Every Morning”.  Fue una certera broma pesada acerca del cambio.

Sugar Ray se había vendido, pero lo había hecho en sus propios términos. Misma alineación, mismas carencias, misma simplicidad, misma actitud payasa y relajada de diversión y un par de tracks mas tradicionalmente “fuertes”.  El hecho de que en sus dos primeros discos hubiesen indicios claros de una vena mas pop y accesible en algunas de sus canciones, facilitó enormemente la transición.

Con el éxito masivo, Sugar Ray inevitablemente empezó a aparecer en otros mediums. No olvidemos sus participaciones realmente idiotas y memorables en “clásicos” como Scooby-Doo o Father’s Day, por ejemplo.

También hicieron cosas valiosas en esos crossovers. Su hermosa versión de “Spinning Away” de John Cale & Brian Eno (para el soundtrack de otra gema olvidada como lo es The Beach de Danny Boyle), fue un calco/modernización necesaria a un grandioso track olvidado.

Aún con su cambio drástico de dirección, Sugar Ray (y sobretodo Mark McGrath) seguían siendo queridos y aceptados por sus colegas (nu) metaleros. Tras la muerte de uno de sus mejores amigos, Lynn Strait de la banda Snot, McGrath apareció repetidas veces en los tributos que se le hicieron. No sólo apareció en esa reunión visual de toda una generación que es el video “Angel’s Son” sino que en Strait Up, quizás el disco que mejor englobó todo el movimiento (con participaciones de miembros de Korn, Sevendust, Limp Bizkit, System Of a Down, Soulfly, Coal Chamber, Incubus y Slipknot), McGrath colaboró en el tema “Reaching Out”.

Hay un chiste en alguna vieja revista MAD que sentencia que cuando una banda, tras haber sacado varios discos, llama a su nuevo LP homónimamente, significa el principio del fin de su creatividad y éxito.

Con Sugar Ray, Alfred E. Neuman confirmó su teoría.

Si bien 14:59 significó realmente un riesgo en la carrera de todos, el disco homónimo fue todo lo contrario: la repetición de la formula para mantenerse en la zona de comfort. Temas como “Under the Sun” y su forzadísima y flojísima nostalgia playera (la canción empieza literalmente diciendo “I’ll always remember Run DMC and all the good times that we had on the beach”) dieron sencillamente vergüenza.

Y aún así, en el ocaso evidente de su éxito, el disco logró llegar a vender un millón de copias, tener un mega éxito, dos éxitos pequeños y par de canciones mas que aceptables. “When It’s Over”, temazo con un título premonitorio, fue indiscutiblemente su última gran canción, acompañada además de un buen video.

Sugar Ray sacaría dos discos más (In the Pursuit of Leisure Music for Cougars) de los cuales sólo tendría un moderado éxito (Mr. Bartender (It’s So Easy)”.

Así que, por supuesto, llegó el odio desmedido y la hora de “patear al perro muerto”. MadTV los responsabilizó por la muerte de los videos musicales en MTV, sus singles desaparecieron de las listas y la banda original terminó desintegrándose.

McGrath se convirtió en una celebridad menor de varios reality shows y programas de concursos y empezó a sacar discos navideños con otras celebridades fracasadas como Lisa Loeb, Kevin Griffin de Better than Ezra o Nick Hexum de 311. Sugar Ray sigue existiendo con sólo dos de sus miembros originales, pero ahora solo toca en festivales mínimos o en cruceros nostálgicos cancelados.

Mark McGrath tocó fondo tras un incidente en el cual un puberto (ex?)fan le gritó el muy adolescente e inofensivo “insulto” de “Sugar GAY”, provocando en el frágil ego de McGrath una reacción de odio exagerada y homofóbica.

Y aunque años después McGrath se burlase de sí mismo y este incidente en el piloto del show de Netflix Lady Dinamite, la verdad es que ya ni siquiera tenía el status mínimo de celebridad como para que la gente le importase.

Ahora que lo pienso, Sugar Ray realmente pareciese reafirmar que siempre le he ido a los perdedores. Al menos, en este caso, a ese concepto de “perdedor” que incluye una vida de rockstar, la camaradería de de la comunidad punk-rock-metal de tu generación, emular cogerse analmente a Robin Williams en una película y, cuando abiertamente aceptas que te vendiste, burlarse de la etiqueta del one-hit wonder logrando por lo menos cuatro hits más.


Sugar Ray actualmente ocupa un lugar desprestigiado en el imaginario actual de la cultura pop, junto a bandas como Nickelback, Smash Mouth o Limp Bizkit. Pero a los que disfrutamos de su música, no nos engañarán jamás: Sugar Ray siempre será una gran banda y los argumentos contrarios son snobs y errados. Punto.

Sugar Ray decidió arriesgarse y jugar con el mainstream y terminó sacándole el  mayor provecho posible con lo limitado de sus aptitudes. Si de leyes de vida se trata, pocas cosas son tan rock como eso. El costo lo están pagando ahora, pero su legado sigue alegrando a millones de personas que de vez en cuando disfrutan sus canciones. Y eso es mucho mas importante.

Por aquí seguiremos rotando sus canciones (sobretodo de los cuatro primeros discos) cada vez que una parrilla/asado y cerveza/rones se nos atraviesen de por medio. Al menos hasta que @vemeko los acepte y terminé gustándole al menos UNA canción.

Deberían hacer eso ustedes alguna vez también.

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