MVP: Mi pana Kenneth.

You're fucking out!

You’re fucking out!

Yo no veo series de televisión.

Eso es una mentira. Si las veo, pero no religiosamente. Soy de los que aún tienen que reconocer (afortunadamente) que la televisión está dando cabida a experiencias narrativas más satisfactorias que aquellas que ocurren en el cine (lamentablemente).

Ese largo alcance que tiene el lenguaje televisivo terminó siendo una bendición para la experimentación dramática. Pero bueno todos vimos (o estamos por ver) LOST, Breaking Bad, Sons of Anarchy… ya saben a que me refiero. Todos, conscientes o no, estamos disfrutando más de la televisión que del cine.

Creo que esa intimidad de la televisión es, además, otro de sus fuertes. De hecho me hace recordar de una u otra manera esa relación que establece uno con un libro cuando lo lee. Mientras que la experiencia de ir al cine (no tanto ver películas en casa) está más en el apartado de experiencia social y colectiva, ver una serie de televisión es como tirar con alguien sabiendo que en algún momento ya no lo harás más.

Quizás pasa que en medio de esas jornadas de fornicio te das cuenta que esa compañera(o) es un mal polvo, así que sin más dices adiós y dejas la serie por la mitad. Te ha decepcionado. Hay otras que son básicamente una enfermedad, no puedes sino pensar en la próxima vez en que se empiernarán. Incluso cuando estás ante el último polvo (el capítulo final) no haces sino pensar en lo satisfactorio que ha sido todo ese tiempo al frente de la pantalla viendo que coño pasa con esos personajes a los que conoces tan bien como tus amigos, familiares o parejas.

No sé si se debe a mi romanticismo rancio, pero siempre, consciente o no, termino sublimando cosas que no deberían ser sublimadas (o mejor dicho que normalmente no se hace). Cuando aquí se escribió sobre James Gandolfini-Tony Soprano, más allá de ser un genial obituario para un actor que (hasta donde yo sé) Greg-whory no conoció, por momentos sentí que le hablaba a un amigo, de la ficción, pero un amigo al fin.

Bajando pantaletas desde 2009

Bajando pantaletas desde 2009

Es cierto, para muchos ver series es un pasatiempo, para otros, nosotros los intensos, es otra cosa. Comencé a escribir esto mientras espero que el capítulo final de Eastbound and Down esté en torrent para poder bajarlo y reirme como nunca. Ignoro si es una broma cruel del destino pero últimamente navego en aguas igual de turbias a las que recorría cuando comencé a ver la serie, hace ya cuatro años.

Quizás no parezca tanto tiempo pero la experiencia me ha confirmado que la vida cambia con cada respiro. A veces cambia tanto, tantas veces, que regresa a momentos que uno cree ya superados. Olvidados.

Pero bueno, esto en teoría es sobre Kenny y no sobre mí. Aunque creo que hay algo de mi en ese personaje. Ahí radica, creo yo, su atractivo. En su humanidad que lucha por salir en cada episodio. Y la crueldad de sus comentarios, el inmenso monstruo de ego con el que tiene que cargar, y el dolor de no lograr lo que quiere (o no poder mantenerlo) se magnifican tras la ingenuidad que parece enceguecerlo el 99% de sus días.

Capítulo tras capítulo, Kenny hace exactamente lo contrario a lo esperado o a lo lógicamente correcto para alcanzar lo que quiere. Es básicamente una gran y empinada cuesta desde el primer momento. Todo te indica que fracasará. ¿cómo no seguir a un carajo así? No importa lo horrible persona que sea, muy en el fondo, queremos verlo triunfar. Aunque todo no sea más que una distracción para la lucha real, que es, naturalmente, contra si mismo.

Recuerdo que estaba en Malasia, al otro lado del maldito mundo, en un país engañosamente amigable, recién separado y con un exámen interminable de las decisiones que me habían llevado hasta allá. Recuerdo que lo único que hacía era maldecir desde las elecciones más pequeñas hasta las más importantes. Todo indicaba que seguir mis instintos me había llevado a un lugar desagradable. Para cuando todo esto pasaba por mi cabeza no había ni siquiera llegado la hora del almuerzo.

Por lo menos no perdí el ímpetu de ver películas, el único mál hábito del que no me arrepentí ni me arrepentiré jamás. En jornadas interminables de mi trabajo de primate el youtube era mi mejor amigo.

Un día como cualquier otro esto se me cruzó:

Y reí.

Recordé como reir. Que intenso está esto, pero no hay otra manera de decirlo. No, mi vida no mejoró milagrosamente de la noche a la mañana porque vi un capítulo de Eastbound and Down. Pero negar que este bastardo puso su granito de arena sería una omisión sacrílega. El arte, después de todo, tiene el poder de transformar. That’s right, I just called Eastbound and Down art.

Díganme si esos 62 segundos no son sublimes. Apenas un minuto y ya pensaba: “¿Quién coño es este tipo? Quisiera invitarle una cerveza”. Y aunque las posibilidades físicas de tal encuentro son inexistentes, básicamente Kenny se convirtió en mi pana por el resto de mi estadía en la capital de la federación malaya.

Si, este es ese tipo de textos que buscan, inutilmente, rendir tributo a personaje ficticio. Y no es que no haya hecho algo como esto en otras ocasiones, ocurre todo el tiempo. Porque es imposible tener un pana como Kenny Powers y no presentárselo a tus otros amigos en este plano. En algunas ocasiones ya lo conocían, entonces no queda más que reirnos al unísono de las locuras, los excesos y el dolor de La Llama Blanca. En otras también es un descubrimiento para ellos, y como yo, también vino a alegrales la vida por unos segundos. Eso es lo mejor que no aspira a nada más. Se contenta con unos pocos segundos de nuestra atención.

Les reto a ignorar el pathos en esta mierda:

En unos minutos veré el último capítulo (espero que esta vez sea cierto y no como el coitus interruptus de la 3era. temporada) de Eastboud and Down. Es aquí donde le digo a todos los que leen esto que vayan y la vean, que es buena, que divierte, blah, blah, blah…

Tu desconocido (si hay alguien a parte de nosotros los autores leyendo este blog) hazte un favor y busca a Kenny.

Si no lo haces… you’ll be out. Fucking out.

pd. Prometo algún día escribir sobre el alter-ego de Kenny: el gran Danny McBride. Mientras los dejó con el genial Freddie King…(espero que alguno de mis amigos tenga la decencia de colocar esta canción en mi funeral)

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