Los 70 años que James Douglas Morrison nunca cumplió

Jim_Morrison

“¿Sabes que existimos? /Has olvidado las llaves del reino/ ¿Has nacido y estás vivo?/ Reinventemos a los dioses, a los mitos seculares”. 

Jim Morrison, “An American Prayer”, 1970.

Era un mediodía abrasador el de ese sábado 03 de julio de 1971. En la calma chicha de una Caracas que recién se acostumbraba a la visión saudita del mundo, Iván Loscher escuchaba distraído alguna canción desde la cabina de Radio Capital. De pronto, el periodista de guardia entró presuroso con un trozo de papel en la mano: “El tipo me mira y dice que se murió un cantante en Francia. Cuando leo el cable me doy cuenta de que acababa de encontrarse el cadáver de Jim Morrison. Por supuesto que a todos nos tomó por sorpresa. “The End” acá la pusimos de noche por aquello de quererse coger a la madre. No los recuerdo como influencia en bandas venezolanas”, recuerda el locutor.

De haber sobrevivido a una existencia marcada por la explosiva mezcla de drogas, sexo, música y poesía James Douglas Morrison cumpliría 70 años de edad el próximo 08 de diciembre. Él nunca quiso que fuese así.

jim-morrison1“En su caso la leyenda opaca al poeta y al músico. Como Roland Barthes decía de los héroes griegos que cobran vida merced a que los poetas los enuncian en sus versos, Morrison funge como héroe como proposición existencial de irreverencia y un buen exponente de la mitología de la rebeldía. El se opuso al orden de las cosas, por desgracia, todo el mito de Jim se ha devorado a la riqueza del personaje quien resalta más por los escándalos que por sus composiciones”, lamenta Loscher.

Mejor conocido como Jim Morrison, el hombre que fue la cara y voz de The Doors, siempre se sintió predestinado y cerca de la muerte. Nacido en 1943, su padre fue un militar vinculado a labores de espionaje que pocas veces estaba en casa y siempre llegaba con la noticia de un nuevo destino que los obligó a mudarse múltiples veces. Esto hizo que el joven se refugiara en los libros y, sobre todo, en la poesía. A los 19 años de edad se largó de casa para nunca más volver, enrumbándose a estudiar cine en Los Angeles (California).

Estudiando con destacados compañeros como Francis Ford Coppola, el joven Morrison destacaba por el genio de sus juicios y un total desinterés por los fines comerciales del séptimo arte. Nietzsche, Huxley, Kerouac, Baudelaire, Rimbaud, el Conde de Lautréamont, Gérard de Nerval y William Blake, eran algunas de las lecturas con las que sazonaba el hastío que le provocaban las clases y los ratos muertos luego de sus primeras experiencias con drogas.

En una reunión casual poco después de graduarse, se encuentra a Ray Manzarek excompañero de clases. Bromeando Jim vocalizó Moonlight Drive, uno de sus poemas revelando el talento enorme que poseía como cantante. Era el verano de 1965, época inicial de The Doors, el cuarteto californiano más célebre de esos años, conformado por Manzarek (teclados), Robby Krieger (guitarra) y John Densmore (batería).

Desde el mismo nombre, robado por el cantante a los versos de William Blake que rezan: “Si las puertas de la percepción se depurasen,/ todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito”, toda la propuesta de la banda estaba signada por los arranques pseudomísticos de Jim quien se hacía llamar el Rey Lagarto (The Lizard King, otro de sus seudónimos era Mr. Mojo Risin).

Convencido desde niño de haber sido poseído por el espíritu de un chamán, los discos  The Doors (1966), Strange Days (1967), Waiting for the Sun (1968), The Soft Parade (1969), Morrison Hotel (1970) y L.A. Woman (1971) son el principal legado de sus composiciones que versan sobre motivos clásicos como la soledad, el hastío y la muerte.

“En muchas partes del mundo la imagen y legado de Morrison orbita sobre bandas, locales y personajes ligados al rock. El famoso antro Doors de Las Mercedes estuvo inspirado en ese legado de la banda californiana, con festivales periódicos en los que participaban una serie de bandas que homenajeaban a sus héroes. La validez de este tipo de iniciativas de idolatría puede ser discutible, pero lo que queda claro es la permanencia en el tiempo de su música e imagen. En el set de cualquier selector siempre hay alguna canción de The Doors”, acota Juan Carlos Ballesta, editor de la revista Ladosis.

La crónica de sus últimos años se centra en los excesos y escándalos públicos, que provocaron que sus actuaciones en vivo fuesen prohibidas. Una posterior medida judicial hizo que partiera a París donde se entregaría de lleno a su sueño de ser poeta viviendo en un pequeño apartamento del barrio del Marais junto a Pamela Courson.

De esa época datan versos como: “Deseo que llegue una tormenta/ y arrastre lejos/ esta mierda. O que una bomba/ queme la Ciudad y depure/ el mar. Deseo que la limpia muerte/ me llegue”.

“Morrison era seductor, irreal, vigente. Él lo sabía y su lucha se debatió entre potenciar y sabotear su naturaleza. Al igual que hacen algunas caras bonitas del cine, Jim optó por los papeles de degradación y mueca como desafío artístico. Mostró su miembro exhausto de tanta droga, insultó, recibió bofetadas y fue obeso, barbudo y maloliente al final de su vida”, asevera el escritor Daniel Centeno.

Clamando por su fin, Morrison decía en octubre de 1970: “Están bebiendo con el número tres”, en alusión directa a la muerte de Janis Joplin y Jimi Hendrix. Fiel a su palabra, el 03 de julio siguiente fue encontrado muerto en una bañera a los 27 años de edad. Era el inicio de una leyenda acrisolada por discos y fanáticos del mundo entero. Su imagen es un icono tan reconocible como la del Che pero, en su caso, hay múltiples versiones que niegan el fallecimiento.

“De extraordinaria voz y fraseo, buscó la música como cortina de sus versos. Una legión de seguidores no tardaron en aparecer, siendo David Gahan y Michael Hutchence dos de sus aventajados pupilos”, opina Centeno.

La figura de Morrison es niebla, moiré donde mito, leyenda y realidad se funden. Desde la sospechosa ausencia de una autopsia legal, pasando por la versión difundida hace unos años por Manzarek quien cree que Morrison vive en algún islote de Madagascar: “Si existe un tipo capaz de escenificar su propia muerte – creando un certificado de muerte ridículo y pagando a un doctor francés – y poniendo un saco de ciento cincuenta libras dentro del ataúd y desaparecer a alguna parte de este planeta – África, quien sabe – ese tipo es Jim Morrison. Él sí sería capaz de llevar todo esto a buen puerto”.

Hasta el día de hoy sus cuentas y tarjetas de crédito siguen vigentes. “En una oscura radio en el medio oeste, Jim supuestamente se mostró en la muerte de la noche y realizó una larga entrevista en la que explico todo…. Después de la entrevista desapareció en la oscuridad otra vez. Como pueden imaginar, ninguna grabación de la entrevista fue hecha y ninguna fuente creíble se acuerda de haber escuchado la entrevista” aseguran Prochniky y Riordan en Break on Through: The Life and Death of Jim Morrison.

La conseja de los fieles del culto de The Doors reza que quizá en algún lugar ignoto, un hombre barbudo y barrigón recita poemas oscuros ante oyentes alelados que lo miran como un raro profeta gringo. Permanezcan atentos y sonrían al ser parte del secreto. Busquen sus ojos hambrientos y paladeen el aire cuando escuchen a un viejo recitar estos versos:

“Puedo hacer que la tierra se detenga

en su curso, hice

las cosas más remotas, puedo cambiar

el curso de la naturaleza.

Puedo ubicarme en cualquier lugar del

espacio y el tiempo.

Puedo convocar a los muertos.

Puedo percibir sucesos de otros mundos,

en lo más profundo y oculto de mi mente,

y en la mente de los demás.

Yo puedo.

Yo soy”.

Albinson Linares (@albinsonl)

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