Andanzas de LosDiosMíoMen: Recoge tu gallo muerto

Pocos planes urbanos se han basado en tanta crueldad animal simpática.

“Epa, te buscan dos mechúos” le informaron a Juanito a muy tempranas horas de esa mañana. Era lo primero que había que hacer: violar la intimidad de Juanito, entrando en su habitación y obligándolo a despertarse y asear su sucia humanidad. Mientras lo hacía a regañadientes, Albinson y yo revisamos sus cosas buscando secretos asquerosos y fotos de mujeres desnudas prometedoras. Nos topamos en cambio con buenos libros y mejores películas. Decepción.

Nos enfilamos a buscar a Eugenio, quizás el mas descontextualizado del asunto. Con los cuatro a bordo, y con Eagles of Death Metal de fondo musical, empezamos la búsqueda de “la gallera de El Silencio”.

Albinson empezó a desplegar su magistral técnica periodística basada en gritar hacia indigentes trasnochados y escandilados, por direcciones. Todo esto desde la comodidad del carro y anteponiendo siempre el título de “maestro”.

“Maestro, ¿la gallera?”

“¿Gallera?” – respondió uno.

“Maestro, ¿la gallera?”

 “¿Ah?” – respondió otro, mientras doblaba su cartón-cama y olía su mano, la cual segundos antes había rascado sus nalgas.

Cuando le dijimos a Albinson que quizás ese no era el mejor “target” para buscar información, replicó con “seguro ellos saben”SEGURO ELLOS SABEN. Un indigente promedio lo que ha hecho es tomar decisiones equivocadas en su vida reciente, pero según Albinson, SEGURO ELLOS SABEN.

Albinson decidió entonces llamar a alguna persona con nombre extranjero (¿”Hans”?), para verificar la existencia de una gallera en pleno centro de Caracas. Por supuesto, no recibió respuesta alguna.

Lancé entonces una idea revolucionaria: ¿Que tal si nos bajamos del carro, caminamos hacia alguna taguara y preguntamos?. Mi estrategia seguía el mismo patrón pseudo-clasista de Albinson, pero de seguro tendría mejores resultados. Primera taguara, primer balbuceador alcohólico. Dimos con el sitio.

Es 24 de julio, fecha patria. Simbólicamente, hay peleas de gallos ese día. Mucho envite y azar. Cartas amarillentas, mezcladas con billetes. Pocillo e locos moviendo dados, mezcladas con billetes. Botellas de cerveza, mezcladas con billetes. Diversión. Entiendo el alcoholismo y la drogadicción, una vez mas.

En el minicoliseo la regla es simple: 20 minutos, dos gallos y cientos de gritos, buches de cerveza y dinero apostado.

La primera pelea es entre un gallo blanco llamado “Gallino” y un gallo negro llamado “Santa Ciara”. Gallino dominó fácilmente la acción. Fue doblegando a Santa Ciara en cada picotazo. Ya al minuto 10, sabíamos que había ganado la pelea. El gallo negro, derrotado, con la cabeza ensangrentada y abierta, pasaba mas tiempo en el piso que picoteando. Gallino incluso pisoteó varias veces el cuerpo de Santa Ciara, claramente superado y humillado.

Sin embargo, los gritos apostadores no cesaban: “Ese no LO pierde” “la mitad a que no LO pierde” “Si LO pierde”. No entiendo. Era obvio que el gallo negro ya había perdido. ¿Que mas querían? Infiero entonces lo mas macabro: La pelea es a muerte y si un gallo NO LOGRA MATAR AL OTRO, NO GANA.

La realidad, sin embargo, es ligeramente diferente y me sorprende gratamente. Los 20 minutos han pasado y el gallo triunfador es sacado del ring. En el piso, yace inmóvil el gallo negro, derrotado. ¿Está muerto? No creo. Pero ciertamente, se mueve muy poco. Uno de los hombres agarra entonces otro gallo marrón y se lo acerca al casi-cadáver de Santa Ciara. Silencio. Suspenso. El gallo marrón pica. El gallo negro reacciona violentamente, poniéndose en pie y atacando por un segundo, antes de desplomarse nuevamente. El público estalla en celebración. Yo mismo grito un visceral “¡nojoda!” mientras agito el puño. El gallo negro, aún después de haber recibido una soberana paliza casi mortal, no ha perdido “el valor”. Y ese es el climax de la pelea. Es lo mas celebrado. El corazón. El valor del vapuleado. Todo tiene mas sentido ahora. No exagero.

A Santa Ciara se lo llevan. Necesito saber su destino. “no chico, ese gallo se va a recuperar rapidito. Se recupera y lo ponemos como semental, a poner crías. Es un buen animal, con valor”.

Como buen andino del demonio, Albinson logra con una facilidad envidiable que nos brinden cervezas a todos. Saboreando el gratis licor, me alegro por el destino sexual del gallo Santa Ciara. Lo imagino con lentes oscuros y rodeado de muchas pollitas. Un Clint Eastwood feliz, en el ocaso de su vida. Creo que hasta eructé y me rasqué la barriga con esa imagen mental.

La siguiente pelea me aburre. Uno de los gallos huye al conflicto y trata desesperadamente de escapar. Algo alcoholizado y frustrado por la poca violencia de ese combate, grito algo como “saquen a esa gallina de allí, píntenla de rosado, najada”, logrando que la gente se ría y celebre mi chiste machista. Entiendo entonces que ya cumplí mi misión aquí y es hora de irme.

Me voy pensando un poco en el derecho de esos animales a una vida digna y eso. Interrumpo mis cavilaciones junto en el momento en que me da hambre. Nos ponemos de acuerdo y par de horas después, engullimos con fruición chorizo, morcilla, vacío y una colita de cuadril. Todo con chimichurri y sazón uruguaya.

Sí, tengo sangre en mi mente y ahora en mis manos y en mis dientes. Pero no me ladillen, Santa Ciara vive feliz, con sus pollitas, sus lentes oscuros y sus cicatrices de guerra.

Y sí, si hay lentes oscuros para gallos.

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