¡Adiós Tony!

Hace unas horas me enteré de la muerte de James Gandolfini, ese formidable actor que le dio vida a Tony Soprano, personaje icónico de la cultura moderna. Sin embargo, la empatía o el “duelo” que me embargó me dejó perplejo. Esa tristeza por un “piazo de actor” que murió sin tener ni idea de mi existencia, desafiaba mi lógica. Hasta ridículo me sentí cuando empecé a explorar ese sentimiento. Incluso hice algún chiste idiota sobre el juego de fútbol entre Italia y Japón y la muerte de Gandolfini. Mecanismo de defensa.

No creo en ídolos y desde siempre he tenido gravísimos problemas con la autoridad. No me considero seguidor de nadie y hasta a los mas respetados seres humanos les busco por igual su luz y su sombra, para intentar, de hecho, humanizarlos en su justa medida.

Poco a poco fui entendiendo que mi relación con The Sopranos es mas fuerte de lo que había hecho consciente. Creo que no ha habido otra serie de TV, película ni personaje que me hayan brindado tanta compañía, camaradería y herramientas en diferentes etapas de mi vida.

Como adolescente que se respete, tuve serios problemas de comunicación con mi padre.  La relación llegó rápidamente a niveles insoportables y tuve que rápidamente buscar jamás volver a depender económicamente de él y bajarlo del pedestal de padre con una bazuca. Durante esos jodidos años de búsquedas, fracasos económicos, sentimentales y profesionales, siempre me refugié en la ficción. Y Tony Soprano y sus dos familias, desde 1999, fue una de las constantes en mi vida.

Ahora lo veo un poco mas claro. Tony, canalizado por Gandolfini, Chase y el escritor/director de turno por episodio, fue un modelo a seguir. Su seguridad y liderazgo aplastante siempre fue irresistible. Su misoginia natural, un elemento de entretenimiento. Su sociopatía latente, una herramienta. Sus buenas intenciones devenidas en crimenes violentos, el mecanismo de defensa perfecto. Y todo, por supuesto, una gigantesca alarma de lo que NO se debe hacer. Un desglose de los mitos de la masculinidad. Lo que realmente significa querer ser y proyectar ser el macho alfa. Los sacrificios y los riesgos de la mentira como atajo para tomar las riendas de la vida. La doble vida que te llevará irremediablemente a tener ataques de pánico y buscar desesperadamente ayuda con un psiquiatra. Creo pude tomar perfectamente lo que necesitaba de Tony Soprano, porque, al igual que él con la Doctora Melfi, tuve una práctica enorme de argumentación, actuación y estrategias sociales con un psiquiatra, mi padre.

Tony trascendía en el plano real. En una oportunidad Albinson Linares, hermano del alma y amigo incondicional, fue a visitarme justo en el momento en que HBO estaba estrenando un capítulo de The Sopranos que no tendría pronta repetición.  Recuerdo haberle informado tajantemente a Albinson que antes de salir a planificar la maravillosa ingesta de licor de turno, vería el capítulo. Primero Tony, luego mis amigos reales.

Paralelamente, The Sopranos entraba en mi configuración tambien como producto cultural. Yo apenas empezaba a avisorar lo que quería hacer con mi vida profesional y tuve la enorme suerte de haber tenido la mejor serie de TV de todos los tiempos como influencia técnica. Personajes bien escritos, dirigidos e interpretados que crecieron durante 8 años.

Pasaron los años y empecé a tener mayores libertades y problemas de adulto joven. Tony seguía allí, ya no siendo una figura paternal, sino lentamente convirtiéndose en un aliado lúdico. Mi escape de la realidad era realmente una terapia maravillosa. Durante una época solía salir del trabajo, comprar un sanduche italiano en subway (si, italiano), regresar a mi mini-habitación de recién llegado a la capital y cenar viendo par de episodios de The Sopranos en DVD. Y era la gloria. Quedaba repuesto y listo para salir nuevamente a la calle a entretenerme o a trabajar.

Cuando The Sopranos terminó con ese corte a negro abrupto en el 2007, tuve las repeticiones, mis DVDs y la esperanza lejana (que realmente no era prioridad) de que en algún futuro distante Tony Soprano/David Chase /James Gandolfini nos contarán un epilogo. La muerte de Gandolfini ha eliminado de raíz esa posibilidad. Y es ahora que entiendo que, de alguna manera, ya vi todo lo que podía ver de la vida de Tony Soprano. Entendí entonces el sentimiento.

Hay un verdadero duelo cultural por un amigo ficticio, un modelo a seguir y huir. Un adulto que envejeció y que quiso domar la vida a punta de pistola. Y que, ahora, con su contraparte real en otro plano existencial, ha trascendido a status de leyenda.

Así que, en agradecimiento por esta ficticia pero muy concreta y larga amistad, sólo me resta despedirte, con nostalgia y respeto.

¡Adiós Gandolfini! ¡Adiós Tony! que William S. Burroughs te reciba en el mas allá recitándote “Seven Souls”, esa maravillosa pieza que deja en evidencia la huella imborrable de tu presencia en la vida de otros.

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