Lollapalooza Chile 2013, Día 1. Otro título sería pretencioso.

Estuvimos en Chile una semana y los dos únicos días donde hubo un solazo inclemente y veraniego fueron los del Lollapalooza. Eso marcó el precedente de cuan buen organizado (y con cuanta suerte contaron los organizadores) estaría el festival.

Acostumbrados como estamos los venezolanos a las largas y desesperanzadoras colas, la entrada para el Lollapalooza fue un paseo hermoso. Justo al salir de la estación del metro, divisamos la característica entrada con el nombre del festival abombado.

El timing fue exacto. Casi justo en el momento en el que me pusieron el brazalete electrónico multicolor del festival, empezó su set la Banda Conmoción en el Coca-Cola Stage (uno de los dos escenarios principales). Estos carajos fueron elegidos para abrir el festival por una razón muy sencilla: saben armar una fiesta que suena a “Latinoamérica” por todos lados. No conocía nada de la banda pero quedé con ganas de bajarme su discografía. Aún no lo hago.

Lo primero que hice fue visitar el stand de Playstation. Pillé par de demos, nos tomamos unas fotos memorables con par de sackboys (encarnados, supongo, por enanos, porque si no eso sería abuso y crueldad infantil) y listo.

Mientras Conmoción seguía animando a un verguero de gente, vimos una cola que iba hacia una choza tiki y, como venezolanos, empezamos a hacerla. “Seguro están regalando algo” fue lo que golosamente pensamos. Y teníamos la mitad de la razón. La mitad que NO nos beneficia, por supuesto. Algo de un código en el teléfono celular (que no teníamos) bla bla, algo de Twistos, un sombrero espantoso. En fin, pagamos caro nuestra hambruna y deseos idiotas de cola. Sin embargo, no nos fuimos lisos. Al final de la cola, un juego de tiro al blanco con unas cosas de esas de Badminton nos daban una segunda oportunidad de salir triunfantes. Di en el blanco y me gané una manta gigante temática del Lollapalooza -que resultó ser de lo más útil para el resto del Festival- y una sonrisa y un beso de Nathaly. Con el puño en alto, todo un ganador, me enfilé a ver a Carla Morrison en el Playstation Stage. Viva yo.

El Parque O’Higgins es muy grande, pero su diseño y el del Lollapalooza lograron que se viese caminable y nunca eterno. La cuenta que saqué fue sencilla. Entre una tarima y otra, a pata, 5 minutos. Claro, si te tocaba caminar de un extremo al otro, es probable que se te fuesen dos canciones en ello. Igual, una gran distribución para un festival tan grande.

A Carla Morrison siempre la miré con condescendencia. Era la “cute” “nueva” Natalia Lafourcade. Empezó su set con “me encanta”, “compartir” y “Me puede” y ya a la cuarta canción (“Pajarito del amor”, cuya versión en estudio es de hecho con Natalia Lafourcade), se había ganado mi nada importante respeto. Sí, sin duda tiene ese elemento “cute”, pero el vozarrón infatigable de la mexicana es de admirar. Cayeron “Dejenme llorar”, “Eres tu”, “hasta la piel” y la voz de Morrison seguía dura e imponente. Fue un set breve que balanceó su cd laureado por el grammy y sus EP. Terminó con y “lágrimas” y “Yo sigo aquí”.

Pasamos por Gepe (Claro Stage, el otro escenario principal) y lamenté no haber visto el set desde el inicio. Otro rumbón folklórico y poderoso, que sobre todas las cosas, sonaba genuino y lleno de calidad. La característica guitarra invertida de 5 cuerdas de Daniel Riveros (nombre original de Gepe) llenó de personalidad una presentación rarísima y cautivante. Escuchamos “Libre”, “Un día ayer”, “Por la ventana” y “Bomba Chaya” . Gepe, sentado a la batería, rodeado de bailarinas con faldas pequeñas, sombreros típicos y grandes hombreras, cerró con la maravillosa “Alfabeto”, canción que se quedó por siempre tallada en mis recuerdos del Festival. Altiplano melancólico y dinámico. Buen tipo, Gepe.

El sol empezó a pegar duro con Chancho en Piedra. Fueron los primero rockstars del Festival, con una fanaticada grande y fiel que llenó el Coca-Cola Stage. Llegaron con diferentes disfraces, desde Lalo disfrazado de Spock hasta Toño ungido como el nuevo papa latinoamericano. Iniciaron su funk-rock con “Buenos días a todos” y de allí en adelante fue una fiesta chilena llena de chistes y estribillos privados. Si bien tocaron par de éxitos (como “Volantín” o “Discojapi”), el set dio la impresión de estar dirigido al fanático hardcore. “Ska del peral”, “Funky tu madre” y seguían apareciendo los cochinitos alcancías amarillas entre el público. Es un símbolo de la banda. Cerraron con “Chancho” y aunque me quedé sin escuchar “Almacén”, me fui feliz.

Llegó el momento de flojear un poco (el día se iba a poner duro en par de horas), por lo que decidimos lanzar la manta que me gané con mis increíbles talentos de tiro al blanco y nos tumbamos a escuchar a Hot Chip un rato y cumplir con la primera cuota electro del Festival. Sonaron “One Life Stand”, “Over and Over”, “Ready for the floor” y hasta un cover de “Irresistible Bitch” de Prince metido en “Night & Day”. Nos fuimos cuando empezaron su último tema, “I feel better”. No conecté con la fiesta brillante y muy blanca de Hot Chip, pero al menos pude probar la manta un rato.

Llegamos perfecto para el rock sureño de Alabama Shakes. Poca gente para una banda tan talentosa (probablemente poco conocida), mejor para nosotros. Sonaron de una vez “Hang Loose” y “Hold On” y Brittany Howard empezó a llevarnos a la iglesia. Tocaron entero su disco debut (y único hasta el momento) “Boys & Girls” y nuestras expresiones de “joder, que arrecha esta mujer” empezaron a repetirse. Empezaron su encore con “Gospel Song” (Brittany sabe perfectamente quien es y que transmite). Buen ensamble de guitarra electrica, bateria, teclados y Brittany, que con y sin guitarra lo es casi todo en Alabama Shakes. Cerraron con “Heat Lightning” y quedamos más que satisfechos. Sin embargo, paradójicamente, el hambre nos pegó.

Tras una cola (nuevamente, percibida no tan infernal gracias a nuestra cotidianidad venezolana donde se hace cola hasta 30 minutos antes para entrar a un avión, teniendo puestos apartados), par de completos (la versión chilena de los perrocalientes. Yo pedí uno con chimichurri y otro Atómico), más el Red Bull que no era Red Bull pero igual era igual de estimulante de turno, nos fuimos para el sector infantil de Lollapalooza (Kidzapalooza) para ver a los genios idiotas de Sinergia y su inédito “show familiar”.

Debo admitir que desconocía cuán querida era Sinergia para los chilenos. Pensábamos que seríamos unos infiltrados en ese público lleno de padres, madres, representantes y niños cuando la realidad fue que el lugar se quedó corto para la cantidad de… personas-sin-niños que fueron a ver la banda. En 10 minutos, el sitio se llenó de gente que se desvío para el sector infantil a ver a Sinergia. El set musical fue breve porque  alternaba con una narración oral de un cuento infantil que denominaron “Cantata de Alfonso y Marina”. Sin embargo, cuando empezaron con “Todos me deben plata”, la cosa se prendió y el coreo  y las risas fueron masivas. Siguieron “Mujer Robusta”, “Sopaipillas con mostaza”, “Día del Queso” (versión familiar de “dia del sexo”), “Amor Alternativo”, “Chacalín” y “Mi Señora”. Corrimos a ver a Kaiser Chiefs justo cuando se despedían con “Te Enojai por Todo” y “Marina”. Me quedaron debiendo mi favorita, “Hágalo Bien” que además pudo haberse insertado sin problema alguno en la cantata. Eso, no lo hicieron bien.

El setlist de Kaiser Chiefs fue perfecto. No dejaron ninguna de mis predilectas por fuera y el show fue frenético, enérgico y muy bien llevado. Empezaron con “Never miss a beat”, everything is average nowadays”, “Kinda girl you are”, “Na na na na naa” y “Little Shocks”, una tras otra, casi sin parar. Ricky Wilson, más raquítico, demacrado y payaso que nunca, se comió el escenario. Corrió por todos lados con “Living Underground”, “Everyday i love you less and less”, “Good Days and Bad Days” para recuperar algo de aire con “Modern Way”. Tras “Heat Dies Down” vino “The Angry Mob”, tema en el que Wilson experimentó largo rato con la cámara/grúa en mitad del público, concretando un momento memorable del show. Tras “You’ve got the nerve” vino la favorita del público “Ruby” (que si bien siempre me ha gustado, no puedo dejar de comparar musicalmente con ese techno-reggae-tropical de finales de los 80 criollo). Con “I Predict a Riot”, Wilson, la humanización de la cocaína (sea o no consumidor) hizo su característica escalada alta por los andamios de las luces. Cerraron con una versión extendida de “Oh My God”, perfectamente diseñada para que personas como yo gritaran el coro efusivamente hasta el cansancio.

Con The Hives (que estaban en la otra tarima principal) hicimos un pequeño sacrificio, en aras de tener buenos puestos para la siguiente banda. Sin embargo, eso no nos excluyó de disfrutar a la distancia de estos Kinks en esteroides, que dejaron de caer uno tras otro temazos como “Main Offender”, “Walk Idiot Walk”, “Die!, All right”, “Hate to say i told you so” para cerrar con “Tick Tick Boom”. Genios del riff, estos suecos.

Cuando Josh Homme salió a la tarima, nos vió con una expresión de cuidado y respeto, como quien mira a un dragón a punto de despertar. Los Queens of the Stone Age iniciaron su bestialidad de concierto con “(…)Millionaire” y la destrucción vino adelantada. De esos momentos en los que somos una masa de gente y no hay control sobre nuestra propia humanidad. Homme no comió coba y contraatacó inmediatamente con “No One Knows”, “First it Giveth”, “Sick Sick Sick” y “Monster of the Parasol”. En este punto ya varias personas de nuestro grupo sufrieron lesiones y agresiones (nuestro buen amigo Albinson nos aseguró que un chileno deliberadamente empezó a darle coñazos en su estómago, cosa que nunca le creeré) y otros sencillamente fueron devorados por la locura, para luego ser escupidos en alguna otra parte del Lollapalooza (a par de ellos no los volveríamos a ver sino hasta el día siguiente). En “Little Sister”, Homme nos presentó a una “humilde persona que probablemente no conocíamos, pero que era una gran persona y músico”. Con nuestra condescendencia, vino otra sorpresa: Eddie Vedder de Pearl Jam se unió a los coros y al cowbell (¡como le dio a ese cencerro!). Sonaron “Make it with chu”, la nueva “My God is the sun”, “hangin tree”, “Burn the witch” y “a song for the deaf” y las reinas sonaban más compactas y duras que nunca. En “The Lost Art of Keeping a Secret” volví a repasar la gran calidad de los músicos de esta alineación: en la segunda guitarra, el gran Troy Van Leeuwen (Orgy, A Perfect Circle, Eagles of Death Metal), en los teclados, Dean Fertita (The Raconteurs, The Dead Weather) quien vino a reemplazar a la recordada Natasha Shneider (murió de cancer en el 2008) ; Michael Shuman en el bajo y el gran Jon Theodore (The Mars Volta, One Day as a Lion, Giraffe Tonge Orchestra) en la batería. el cielo se puso naranja mientras llegaba la noche mientras sonaba “Better Living Through Chemistry” y “Do it Again” . Al fondo, ya con la noche en pleno, prendieron las luces de una rueda de parque de diversiones. Una bonita vista. Nos fuimos alejando de Homme y cia con la explosión de “Go with the Flow” para agarrar buenos lugares para el último toque del día. Cerraron su set con “A Song for the dead”, en un concierto memorable que nunca olvidaré.

Ya el cansancio empezaba a apoderarse de nosotros, cuando la voz legendaria de Eddie Vedder empezó a cantar “Release”, lo cual además sentenció lo que esperábamos: iba a ser un gran setlist y Pearl Jam no venía a ser condescendientes con nosotros. Con el motor emocional ya encendido, arrancaron el dinámico con “Go”, “Even Flow”, “Do the Evolution” y “Corduroy”. Ademas de ver una banda legendaria, yo tenía mi propia celebración extra personal: Estaba viendo a ¼ de Soundgarden en la figura de Matt Cameron. Mi fanatismo, encarnado en mi franela gris del “King Animal” así lo certificó. Siguieron “Amongst the Waves”, “Why Go”, “Severed Hand” (bestialidad de canción), “Not For You” (gran sorpresa), “Got Some” y “Just Breathe” y ya el viaje a Chile se había pagado. Empezó a correr un viento nocturno reconfortante y sabroso mientras sonaron “Once”, “Unthought Known”, “Daughter” y “Elderly Woman…”. Me impresionó como el fantasma de Roskilde (festival danés donde en el 2000, en pleno toque de la banda, una avalancha humana acabó con la vida de decenas de seguidores) sigue muy presente en Eddie. Algo asustado y nervioso, pidió al público dar tres pasos hacia atrás. Cumplimos la petición. Justo después, un Eddie Vedder mas aliviado enarbolaba una botella, brindaba por nosotros y exclamaba en español accidentado: “El vino aquí es más rico que la chucha”. Cerraron la tanda con “Porch” pero todos sabíamos que el encore vendría y sería extenso.

Pearl Jam regresó a la tarima con un anuncio: era el cumpleaños de Mike McCready y había que celebrarlo. Tras cantarle el cumpleaños y embadurnar de torta al gran guitarrista, siguieron con “Present Tense”, “Animal”, “Given to Fly”, “Jeremy” y “Black”. Luego procedieron a subir a la tarima a Juan Pablo, un fan chileno guitarrista, que tuvo el honor de elegir un tema y tocarlo con ellos. La opción fue “Sonic Reducer”, el cover de Dead Boys que está en el Ten Club Holiday single del 92 y en el “Live at the Garden” (Sí, que intenso y rebuscado el Juan Pablo).

La indispensable “Alive” y todos cantamos hasta volver a perder la voz, junto a la banda. Perry Farrell y Josh Homme se montaron para el clásico cover de Neil Young “Rockin’ in the Free World” para un final épico con fuegos artificiales. Sin embargo, Pearl Jam tendría, como siempre, una canción más: Con “Yellow Ledbetter” la despedida fue memorable e irreversible. Un chulito más a mi lista de vida de “cosas por hacer”.

Así culminaba un gran primer dia de festival e iniciaba la ligera pesadilla del retorno al apart-hotel. Una larguísima procesión de miles de personas saliendo por un embudo, confrontación con los carabineros (policías) que trancaron el metro antes de tiempo, la imposibilidad de agarrar autobus o taxi nos obligaron a, con los pies destruidos, empezar una caminata de 40 cuadras (no es exageración) en plena medianoche de Santiago. Fue doloroso y fatigante, pero parte de la experiencia. Llegar al sitio y pegarnos una buena ducha fue la gloria. Caímos como piedras, prestos a recuperar energías y lanzarnos al segundo y último día del festival.

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3 pensamientos en “Lollapalooza Chile 2013, Día 1. Otro título sería pretencioso.

  1. JAJJAJAJAAJ Albinson golpeado en la barriga por un chileno en medio de Queens of the Stone Age? classic. Todo parece indicar que debería haber ido a esa vaina, ¿no?

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